En Morovis No

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. A algunos, las redes sociales nos han mantenido en contacto. De esta manera hemos podido presenciar bodas, divorcios, noviazgos, decepciones, frustraciones, nacimientos, éxitos, triunfos, alegrías, mudanzas, anécdotas, ocurrencias, en fin, todo lo que una persona comparte en sus redes sociales. Y aunque la tecnología nos mantiene unidos, necesitábamos de ese calor que proporciona un abrazo, un saludo, una charla, un rato ameno, como si el tiempo no hubiese pasado.

¿Que nos mueve a asistir a un reencuentro con nuestros ex compañeros de escuela superior? Hay una etapa en la que queremos ir a ver quién se puso gordo, a quien le va bien, a quien le va mal, quien ha hecho algo con su vida, quien se ha quedado estancado. Algunos van a presumir su trabajo, su pareja (aunque dentro de sí sepa que no es feliz), su familia, su casa, su carro, lo cómodo que vive sin preocupaciones y sin ninguna responsabilidad en su vida y en ocasiones hasta inventan una vida totalmente distinta a la realidad. Llegada la fecha, hora y lugar acordados, encontramos grupitos regados por varias esquinas del lugar. Compartimos con las mismas personas con las que ocasionalmente o a menudo nos encontramos, porque en el otro grupo hay alguien que nos cae mal. No recordamos por qué o quizá hasta lo recordemos, pero forma parte del pasado. O en otro grupo está presente la persona con la que tuvimos una relación ya sea de pareja o de amistad y por razones que no vienen al caso, terminó y se quedaron heridas abiertas y no terminaron bien. Podemos ver una infinidad de panoramas bajo un mismo techo. Aunque todos disfrutan, se saludan o cruzan palabras, no hay una confraternización real. La noche transcurre entre miradas de un lado a otro, una que otra sonrisa por cortesía, incluso una que otra mirada de esas que matan. El exceso de alcohol, música, bromas de mal gusto y altercados entre algunos, quedan grabados en nuestra memoria y poco a poco nos vamos retirando, sintiéndonos superiores o inferiores a los demás.

Conforme pasa el tiempo, vamos adquiriendo madurez (esto no necesariamente ocurre con todo el mundo) y nuestra mentalidad cambia. Soltamos poco a poco las viejas heridas, las rencillas, le comenzamos a dar prioridad a otras cosas, nuestros intereses cambian, la forma de ver la vida cambia. La vida nos va colocando en el lugar al que vamos destinados a estar. Un día, nos topamos de frente con alguien, a quien en otro momento le esquivaríamos la mirada, pero esta vez se escapa un “hola” de nuestros labios, una sonrisa y una extraña alegría por encontrarte a esa persona. Vamos acercándonos a más personas porque entramos en una etapa donde lo importante es sumar, no restar. Esto crea en nuestro ser una llamita de nostalgia que nos inunda de deseos de compartir un ratito con aquellos que nos conocieron cuando no teníamos nada propio, cuando usábamos todos los días la misma ropa, cuando nuestro almuerzo era el del comedor, de ‘La Cárcel’, de ‘La Donera’, de la guagüita de pizzas o de ‘los chinos’. Queremos sentarnos un rato a hablar como cuando nos sentábamos en ‘la glorieta’, en ‘la esquina de cuarto año’ y a lo mejor algunos quieren recordar cuando se iban a “la media luna’. Queremos recordar las anécdotas bonitas, y las no tan bonitas, pero que forman parte de nuestra historia. Queremos recordar lo que éramos, o que alguien nos recuerde lo que hemos olvidado o lo que hemos querido olvidar, eso que nos hace ser quien somos ahora. Incluso queremos que nos pregunten: “¿te acuerdas cuando te gustaba fulan@? O hasta queremos recordar los carros que rondaban la escuela con la música sonando a todo volumen, tan alto que la vibración se sentía en el piso del ‘Planetario’ y las ventanas de los salones de química vibraban. El repertorio de canciones incluía canciones como “En La Disco Bailoteo” de Wisin y Yandel, “Cógela que Va sin Jockey” de Yankee. Alguno que otro maleante frustrado pasaba con “Mami Yo Quisiera Quedarme” y otro despechado escuchaba “A Ella Quien la Vio Llorar Fui Yo” o “Aunque Te Fuiste” de Don Omar y “Ya Me Cansé” de Yandel. Otros grupos escuchaban “Bring Me to Live”, “Going Under”, “My Immortal” de Evanescence, “Somewhere I Belong” de Linkin Park. Los fanáticos del rock en español “Mariposa Traicionera” de Mana y “El último Polvo” de Caramelos de Cianuro. Los enamorados o con sus corazones rotos escuchaban “Mientes Tan Bien” de Sin Bandera, “EL Problema” de Ricardo Arjona o “Fotografía” de Juanes y Nelly Furtado, Recordar el talento de nuestros compañeros “Chayanne”, “Britney”, “Thalía”, “Olga Tañón” y aunque la Muchas de las personas con las que estudiamos aún viven en el país, otras se han ido a otros países a echar pa’ lante a su familia o en busca de una mejor calidad de vida, y otros lamentablemente no forman parte de este mundo terrenal. Volver a reencontrarnos se vuelve casi imposible. ¡Nuestra clase era enorme! De la misma manera que algunos sí deseamos mantener contacto o volver a vernos al menos un día, hay personas a las que eso no les interesa, y también se les respeta porque es su manera de ser. Las agendas y compromisos de cada uno son distintos, pero finalmente se acordó día y lugar. Rápidamente me puse en contacto con mis amigas más ‘close’ para confirmar que iban y cuadrar un “girls night out” de una vez (dos pájaros de un tiro). Llegado el día, los mensajes de texto de “¿a qué hora bajas?”,”¿qué te vas a poner?” fueron recibidos desde temprano. Algunos no pudieron llegar, otros dijeron presente. Al llegar al lugar se sentía un ambiente de alegría. Contrario a otros años, hubo mayor confraternización y las vibras eran las mejores. El lugar era perfecto para los compañeros que, de haber sido en otro lugar, no habrían asistido. Fue un grupo pequeño, pero a decir verdad, se pasó muy bien. Como siempre, hubo quien se quedó distante a los demás. Al cabo de algún tiempo, poco a poco fueron retirándose del lugar y otros llegando. Terminó la banda de tocar, con la que hasta uno de los más calladitos, armado de valor (de ese que nos entra luego de par de tragos), canto a dúo con otra de las chicas. El intento en buscar música de nuestra época entro en discusión, porque habíamos unas que no queríamos reguetón. “Que no sea reguetón, ni Romeo, ni trap, aparte de eso, cualquier música.” A lo que alguien contestó: ¿De cuándo acá no te gusta esa música? Me imagino que si estas por San Juan hasta la bailas.” La contestación inmediata fue: “Sí, pero en Morovis NO”. Las risas no se hicieron esperar. Y alguien dijo: “No sé por qué pero creo que ella va a escribir algo de esto.”

Ya era hora de irse y contrario a otras veces, todos estaban aptos para guiar. No hubo planes de afterparty y a donde estaba abierto a esa hora, sino un “Vamos a cuadrar para llevar los nenes al circo”. O un “suave por ahí, que llegues bien.” Cada quien se marchó del lugar, algunos a su casa, algunos a su trabajo y otras, como yo, a mis compromisos con Netflix. Camino a casa di gracias, por esa noche. Sentí una alegría inmensa al ver el cambio de muchas personas, de esos cambios que sabes que son genuinos. Me dio tristeza no haber podido compartir con algunos de los que no pudieron asistir y hubiese querido que estuvieran ahí. Me dio tristeza ver, como algunas personas viven aferradas a un pasado y eso les impide seguir a delante y soltar esa carga que se produce cuando tienes un malestar con alguien. Y sentí una infinita alegría de ver que un pueblito donde durante algún tiempo se ha destacado aspectos negativos como los robos, asesinatos problemas de luz, de agua, de hoyos en las carreteras, poco a poco se vaya levantando y que los que estamos haciendo algo positivo y aportando al país somos más. ¡Goostreshmy, que se repita!

La Niña de los Dos Moñitos y Medias con Puntilla

¡Se acabaron las vacaciones! Hay que hacer todo temprano porque mañana se regresa al ajetreo diario. Hay que dejar todo preparado para el primer día de clases, para que en la mañana todo sea más fácil. Todos deben bañarse temprano e irse temprano a la cama. El bulto ya está preparado con las libretas “Jean Book”, libro de pintar de “Precious Moments”, cartuchera, lápices (con suerte mecánicos de “Hello Kitty”), goma de borrar y crayones. La lonchera ya tiene adentro las galletas de guineo con el ‘marshmallow’ en el medio para la primera merienda y las “Bimbo” para la de la tarde. El termo con el jugo ‘del rojo’ está en la nevera enfriándose y el “Frutsi” para la merienda de la tarde está en el ‘freezer’. En la lonchera con la cara de “Mickey Mouse” no cabe casi nada, así que el termo debe ir en el bulto.

“Lávate el pelo para ‘espulgarte’ bien, no vaya a ser que la partidura de los dos moñitos parezca una autopista de piojos y liendres.” Al salir de la ducha, la ‘t-shirt’ blanca estirada encima de la cama y la peinilla me anunciaban el dolor de cuello que tendría por varios minutos, aunque no tuviera nada en la cabeza. Creo que era un desquite de mi mamá y en ocasiones una de mis tías por lo incordia que yo era (hay personas que aseguran que aún lo soy), porque me cepillaban el pelo tan duro como si mi cabeza fuera la de una minga, era una excusa para desquitarse. A veces pensaba que en vez de algún piojito o liendres buscaban un dinosaurio, oro o algo que tuviese escondido en mi pelo. Era un trauma, al mínimo picor en la cabeza ya me imaginaba que estaba “cundía” de piojos. En ocasiones si me picaba, escondida iba y me hacia el ritual yo misma, pero no decía nada. Pero ese ritual era parte de la preparación de la noche antes de empezar las clases. ¡Ay de que llegara a caer algo! Porque la mezcla de vinagre con aceite de oliva y no sé cuántas cosas más era una cosa terrible, pasaban los meses y el olor aun lo sentías en la nariz.

Cuando estaba mas grandecita, era bien independiente así que buscaba mi uniforme estilo ‘jumper’ hecho por una diseñadora (una excompañera de trabajo de mi mamá que nos cosía los uniformes y trajes de actividades), mi polo “Wrangler” o “American Project’, mis zapatos escolares de “Pimpolín” (de la mesa con mantel rojo de los especiales), mis medias escolares con una puntilla alrededor y los dos lazos para cada moño, si iba con el pelo recogido o la diadema forrada en rosas artificiales color rosa pálido y ‘baby breath’. Olvidaba una pieza de ropa muy importante, el ‘panty’, con el día de la semana escrito al frente. Un detalle curioso de esta prenda de ropa era que si “Kmart” había puesto el cajón de paquetes abiertos de ropa interior y medias de los que las personas rompían, probablemente tenía 5 ‘panties’ de “Domingo”. ¡Porque estaban a peseta y había que aprovechar el especial! “Mami no me lo quiero poner, es jueves.” “Pues te lo pones porque eso nadie te lo va a ver, cuando usted se compre sus cosas, exige.”.

El momento de peinarme era un momento hermoso entre pelear con mi mamá porque quería cierto peinado y pedirle que no me halara el pelo. Pero quedaba hermosa y mi mamá orgullosa: una ola en la pollina que ni un tornado tumbaba y dos moñitos con unos lazos del tamaño de moña de árbol de navidad en cada uno, hecho por alguna de las madres de mis amiguitas. Antes de salir había que capturar el momento y yo posaba feliz y picoreta con una sonrisa. Veia a mi papa rogando que cuando revelara el rollo, la foto quedara bien, pues esa sería la foto que guardarían de recuerdo, por eso para asegurarse tiraba al menos una con su cámara instantanea. Iba contenta camino a la escuela, “como puerco robao’ porque mi mamá salía tarde de la casa, y en el carro sucedían muchas cosas camino a la escuela. Algo que nunca faltaba era la oración de la mañana. Llegaba a la escuela contenta porque me gustaba. Ahora me llamarían ‘nerd’, pero en aquel entonces era estofona. Era la oportunidad de conocer nuevos amigos, de volver a compartir con los viejos amigos, de aprender nuevas cosas, pero sobre todo: de tomar libros prestados en la biblioteca, envolverme en cuanta actividad extracurricular hubiese y ofrecerme de voluntaria para lo que fuera, asi fuera para disfrazarme de bolsa de papel.

Las compras para el ‘back to school’ se hacían en familia teniendo bien claro que podíamos pedir algunas cosas, pero nuestros padres nos comprarían lo que ellos decidieran. Se iba al casco urbano de los pueblos a comprar las cosas, si no se encontraba todo en el pueblo, se iba en carro público hasta otro pueblo para terminar las compras. La competencia por quien llevaba mejores cosas no existía. Yo nunca lo note, no me criaron con esa mentalidad. Al menos esa fue mi experiencia y por eso vivo agradecida de ser producto del sistema público del país. Podía ver compañeros que tenían cosas en exceso y que sus padres contaban con los recursos suficientes para que tuvieran artículos carísimos, pero veía otros que el primer día de clases iban con los zapatos rotos o doblando la parte de atrás porque ya no le servian, las camisas manchadas, despeinados y sin meriendas. Mientras la noche anterior a mí me habían tenido bajo la tortura de la peinilla y la ‘t-shirt’ blanca, tenía compañeras que no conocían esa tortura y probablemente a sus madres ni les importaba.

El primer día de clases era para conocernos, para contarnos las experiencias del verano, para dar las normas del salón, para asignarnos un pupitre para todo el año escolar (nunca tuve uno por mucho tiempo, por alguna extraña razón rotaba por varios pupitres) y para prepararnos para el semestre. Tomábamos las pruebas diagnósticas para medir nuestros conocimientos, y al menos yo las tomaba como una prueba super importante, de vida o muerte. Si la maestra tenía que salir un momento, dejaba a alguien a cargo, usualmente al más disciplinado del salón, y ese se encargaba de anotar en la pizarra el nombre de quien no siguiera las normas. Al terminar los trabajos había que colorear en algún libro, hacer palabra gramas o ponernos a leer algún cuento. Yo terminaba todas mis cosas rápido y me aburría y como era platicadora, molestaba a los demás. Hoy día, hubiesen llamado a mis padres todos los días, me hubiesen enviado a hacer evaluaciones y probablemente me hubiesen diagnositcado alguna modalidad de problemas de aprendizaje. En aquellos días la maestra me daba tareas adicionales, me pedía que le ayudara a otro compañero, o cualquier otra cosa que me mantuviera ocupada y si había que disciplinar un reglazo podía solucionarlo.

Todas estas memorias llegaron a mí mientras miraba con detenimiento el larguísimo listado de materiales y libros de mis hijos y analizaba cual tienda era la mejor opción para realizar las compras sin tener que dar miles de vueltas. Al final decidi comprar unas cosas en el pueblo y otras en el centro comercial. “Yo no voy a ser el único con un ‘Totto’ si todos los demás tienen el ‘Zuca’ de las bolas de soccer, me compras ese”, escuché a un niño de algunos 9 años decirle a su mamá. La historia se repetía en distintas tiendas. El consumismo y la competencia nos han llevado a criar niños superficiales. Porque lo importante no es iniciar el semestre si no ir a lucir las cosas. Estamos pendientes a lo que la vecina le compra a su hijo o al nieto, para correr a la tienda y comprarle algo mejor y jactarse con los demás. Las redes sociales promueven una imagen de felicidad asociada a cargar encima con logos y marcas, y les da un mensaje a ellos de que para ser aceptados y queridos, todo eso es necesario. Mi chico ya está creciendo, y con él llevo un balance entre lo que puedo y lo que debo darle. Gracias a Dios y a mis padres nunca me falto nada, así que no llevo ese complejo de que “quiero darle a mis hijos lo que mis padres no me pudieron dar”. Analizo las cosas que le compro y primero evalua si realmente es necesario, si vale la pena y primordialmente si es capaz y responsable como para que yo haga la inversión que sea. NO se trata de la cantidad de dinero, aunque en ocasiones si es la razón primordial, se trata de lo que es apropiado para la edad y para su formación como persona. Este año quería un par de tenis para el uniforme de educación física cuyo precio estaba fuera del límite que estoy dispuesta a pagar. Como sé que tiene dinero guardado, negocié con él, que si no quería transar por otros, tendría que comprárselos con su dinero. “Pero me voy a quedar sin nada guardado”. A lo que le respondí: “lo mismo pasa en mi cuenta de banco”. Y así lo hizo, los compro, se quedo sin nada y ahora anda botando la basura todas las veces que pueda para obtener mesada semanal si cumple con ciertas tareas. Quizá un poco exagerado de mi parte, pero yo lo veo como una enseñanza. Sé que cada vez que corra o juegue baloncesto en la escuela, y vea como terminan sus zapatos va a recordar que el los compro con su dinero y los va a valorar más.

La niña de la ola, los dos moñitos y las medias de colores con puntilla salió corriendo, sin escuchar que la maestra les dijo: “No corran como caballitos que esto no es el hipódromo”, hacia su mamá (la meta era llegar a su destino antes que el timbre dejara de sonar, de repente se detuvo porque la lonchera de la cara de Mickey se le abrió y se le callo todo lo que quedaba adentro, le dio un beso a su mamá pidiéndole la bendición y le dijo: “Mami no me tomé el jugo del termo porque estaba caliente y se me viró en el bulto.” Y así pasaba el año escolar, con las libretas, pintadas de jugo “del rojo” para que aprendiera a cuidar las cosas. No conocemos el valor de las cosas hasta que las compramos nosotros. No sabemos el sacrificio que hacen los padres hasta que nos toca ir de compras escolares. No sabemos lo bendecidos que somos hasta que estamos de compras escolares para nuestros hijos y ves el balance en tu cuanta de bancos bajar cada momento. Y de repente recibes un mensaje con unas fotos que te rompen el corazón de unos niños que no tienen nada para su regreso a clases, viviendo en unas condiciones infrahumanas y que aun así quieren ir a la escuela. Eso se vive en nuestro país, eso lo vivían algunos de mis compañeros y yo me siento bendecida infinitamente porque ni mis hijos, ni yo, hemos pasado por eso. Dejemos de competir por qué hijo se ve más vistoso en este ‘back to school’, durante el semestre o al finalizar. Enseñémosle mejor a ser empáticos y que si a algún compañero le falta un lápiz o le falta merienda, deben compartir. Porque para que un niño aprenda, se destaque y sobresalga, no va a necesitar el premio del mejor vestido, si no lo que su intelecto e inteligencia lo llevan a alcanzar. Porque para ser realmente grandes hay que estar con los demás, no por encima de nadie.

Las Luces en las Ventanas

De un tiempo para acá, me he sorprendido, en varias ocasiones, observando las ventanas de las casas al pasar frente a ellas. Las luces encendidas detrás de cada una me cuentan miles de historias, más bien me hacen imaginar. Donde veo una luz apagada, siento oscuridad, desasosiego o un impulso a ignorar esa ventana.

En la primera ventana, alguien sufre por alguna enfermedad terminal y quiere entregarle a la vida todas sus riquezas y bienes materiales a cambio de una oportunidad de vida.

En la próxima, alguien observa todo lo que ha obtenido y logrado. Riquezas, bienes, lujos. Y repasa el sacrificio que le ha costado obtener todo eso y el precio que paga a diario es la soledad y el vacío del alma.

En otra, un niño se cubre sus orejas con las manos para encontrar el silencio que su papa y su mama interrumpieron con una fuerte discusión e insultos.

Al lado, una pareja se mira a los ojos fijamente intentando recordar donde dejaron perdido el amor que los había unido, pero saben muy bien que jamás lo van a encontrar.

Arriba, una madre llora y respira con dificultad al sentir cada vez más pesada la carga de liderar un hogar.

Abajo, un chico sufre en silencio por su cobardía de ocultar quien es realmente por miedo al rechazo, a la burla y a las críticas.

Al frente, una chica desea ponerle fin a una relación que sabe que no da para más, pero el miedo a la soledad, a la crítica y a lo desconocido la frenan, y prefiere sufrir y perder cada segundo de su vida antes que abandonar la costumbre y las comodidades.

Detrás, un joven observa su cuerpo en el espejo con apatía y no se le parece en nada a los modelos en las revistas. Maldice y se odia a si mismo, pero ignora la triste historia que esconden e la mirada cada uno de esos modelos a los que idolatra. También ignora que la chica del bar al que frecuenta lo encuentra hermoso y suspira al verle llegar pidiéndole a la vida que alguna vez el la note y se le acerque.

En el centro, una pareja discute el camino que deben seguir, pero ambos tienen prioridades diferentes y hace mucho que sus caminos no convergen.

En la siguiente, una muchacha, cansada de la costumbre, del encierro, de sentirse vacía y de la falta de libertad, decide recoger sus cosas en busca de su libertad y de un lugar donde sienta paz, donde pueda respirar aire puro y llenar cada espacio de su vida con ilusiones nuevas, deseos reales y experiencias genuinas.

Al fondo, un muchacho se lamenta por haber sido sincero al dejar salir sus sentimientos. Luego de tanto tiempo callando lo que sus ojos decían, reunió valor y coraje y le dijo al amor de su vida todo lo que sentía y fue rechazado.

A una cuadra de allí, alguien fuma y se desvela noche tras noche caminando en su habitación recorriendo el pasado en cada paso que da y añorando tener a su lado una vez más a quien ya no quiso estar.

A lo lejos, una chica intenta vivir su vida y llenarla de momentos maravillosos, pero tiene un vacío que solo la presencia del amor de su vida puede llenar y cada noche da gracias por lo vivido y lo que tiene, pero pide con fe al universo despertar a su lado para sentir que en su vida no hace falta nada más.

A la derecha, unos padres sienten su hogar vacío y se sumergen en la soledad que le proporcionan las paredes que están llenas de recuerdos y los rincones en los que solo se escucha el sonido ensordecedor del silencio.

En otra, una chica llora desconsoladamente al ver que, una vez más, su sueño de ser madre se viste de rojo.

Mas abajo, un chico se pregunta si vale la pena esperar a que llegue a su vida alguien especial o si debe salir a buscarlo.

Al lado una chica mira fijamente a su teléfono mientras espera una llamada o un mensaje que acabe con su espera y le saque una sonrisa.

En otra, un chico se encuentra en el dilema de hacer justicia y robarle un beso a la chica que le roba sus sueños cada noche.

Una de ellas, esconde a una chica que esconde detrás del maquillaje los garabatos morados que deja la violencia en su cara y en su cuerpo, pero sabe que ni el maquillaje con más cobertura lograra tapar las heridas del alma.

En la calle del lado, un chico intenta reparar y enmendar sus errores y cada intento lo lleva a la misma conclusión: jamás va a borrar las huellas de sus actos y las heridas que causaron sus palabras. Y cada noche llora hasta el cansancio porque no se perdona su error.

En otra ciudad, una chica se enamora por cuarta vez en tres meses y jura que es el amor de su vida, aunque al cerrar los ojos sabe bien que prefiere un amor pasajero a probar el sabor amargo de la soledad.

Mientras que su amiga, en su casa, cuenta los minutos para reencontrarse con su amor por tan solo unos días que saben a gloria.

En otra, una adolescente ve a sus padres discutir una vez mas y lleva en su mente una imagen oscura de las relaciones. Es por eso que se jura que jamas tendrá una pareja porque no quiere terminar igual que ellos.

Su hermano, cuenta los minutos para regresar a la escuela y poder ver a la chica que lo tiene suspirando, esa primera ilusion que llena el corazon por toda una eternidad.

Y en una de ellas está la de una chica que en su libreta dibuja palabras que describen lo que su alma siente. Entonces imagino que esta noche escribe lo siguiente:

“Observaba las luces salir por las ventanas

Tantas historias detrás de cada una

Historias de amor o desamor

Pero una es mi favorita…

Esa que es tenue y acogedora

Esa que espera y la mayoría de las veces no llega la hora

Esa que se apaga, pero en un instante se enciende

Esa que quiere llenar cada rincón con su esplendor

Esa que es resistente, pero en ocasiones se rinde

Esa que es tan simple y a la misma vez compleja

Esa que es de amor, de un gran amor que espera.”

¿Cuál ventana es la tuya?

Receta: Papel y Lápiz

Cuando comencé a compartir mis escritos, lo hice siguiendo una corazonada. Un impulso y una lluvia de ideas me llevaron a escribir “Esos Amores la Infancia”. Al escribirlo, pude vivir esos momentos una vez más. Hacía mucho tiempo que había guardado en el cajón de los recuerdos este pasatiempo que algunos llaman talento. ¡Cuánto daría por haber conservado alguno de mis escritos de cuando era niña o algún diario de mi adolescencia! Encontré en la escritura esa terapia que buscaba. En varios talleres he aprendido varias técnicas para utilizar la escritura como una medicina para el alma, un elixir para soltar y una oportunidad de llegar al corazón de muchas personas que podrían necesitar alguna palabra o mensaje de aliento.

En ocasiones, las palabras no salen de nuestros labios con fluidez, porque nuestro cerebro está programado para establecer juicio sobre lo que vamos a decir y cómo lo vamos a decir, pero si las escribimos, tal y como van saliendo de nuestro corazón, sin censura, sin mesura, tal y como nos hablaríamos a nosotros mismos frente al espejo, las palabras salen perfectas y poco a poco vamos aliviando la carga tan pesada que llevamos dentro. Hay días en los que me siento abrumada y agobiada, entonces busco una hoja de papel. Cuando leo lo que he escrito, puedo darme cuenta de que muchas cosas no tienen sentido, que no hay cronología, que voy de la melancolía por algún recuerdo, a la ansiedad por el futuro, al sobresalto por algún ruido, olor o sensación en el presente, y todo eso queda registrado en un papel. Al final, siento una especie de descarga y un desbloqueo en mí mente que me ayuda a relajarme, a descansar o a organizar mis ideas.

No recuerdo haberlo mencionado antes, pero hace un tiempo me diagnosticaron ansiedad. Pareciera que es el diagnóstico de moda para las personas que que estamos muy expuestas al stress. Por si lo desconocen, la ansiedad es un tipo de trastorno que no tiene cura y para el que no hay un tratamiento específico. Es la consecuencia de mi alter ego de creer que puedo con todo, algo así como una Mujer Maravilla. Las noches son una cajita de sorpresas porque puedo estar rendida del cansancio y a punto de irme al valle de los sueños, pero de repente recuerdo que olvidé contestar un email a las 8 de la mañana y era importante, o vienen a mi mente las mejores palabras que jamás se me habrían ocurrido para contestarle a alguien en alguna conversación. O bien puedo estar durmiendo y de madrugada algún ruido me levanta y a esa hora quiero saber la hora, verificar si hay agua fría, si apague el calentador, recuerdo que no coloqué jugos en la nevera para la merienda de mis hijos, ect. Sé que muchos entenderán la creatividad de la mente a esas horas. Hay días en los que una broma pesada, un tono molestoso, un gesto o cualquier frase la tomo personal, porque estoy alerta e incómoda con miles de mimes en la mente. Hay días en los que mis expectativas de la vida y de los demás son surreales e imagino un mundo perfecto que se va desvaneciendo segundo a segundo porque no ocurren las cosas como mi mente las imaginó desde que abrí los ojos por la mañana. En esos días, mis mejores amigos son el lápiz o bolígrafo y el papel o alguna de mis libretas para descargar mi ira, mi frustración, lo que me agobia, y cada letra que escribo va ejerciendo su efecto calmante en mi estado de ánimo.

Los días en los que sigo la siguiente rutina, me siento realizada, aliviada y plena:

  • Al sonar la alarma en la mañana (luego de las veces que le doy ‘snooze’) doy gracias por un nuevo día y establezco al menos una intención.
  • Si estoy trabajando, al llegar a la oficina hago una lista de tareas y priorizo mis actividades. Al finalizar, escribo las tareas para el próximo día, o anoto la que no haya podido completar. Les parecerá insignificante, pero, en ocasiones, anoto en la lista de tareas responder a algún email.
  • En días de mucho stress, cojo una hoja en blanco, pongo el cronometro para 20 minutos y comienzo a escribir sin parar. Durante ese tiempo solo observo mi mente y escribo. Cuando mi mente se queda en blanco sigo haciendo puntos o trazando una línea horizontal hasta que surjan más pensamientos o se acabe el tiempo. Hay días en los que necesito más tiempo y continúo hasta quedarme en blanco. Lo tomo como un tipo de estado meditativo del cual se sale cuando mi mente y mi cuerpo estén listos. Luego leo y analizo lo que acabo de escribir y destruyo el papel.
  • En ocasiones escribo alguna carta donde le digo a alguna persona todo lo que, por no ofender, por tener prudencia o por distintas razones no digo. Es una forma de desahogarme y soltar.
  • Al terminar en mi diario de gratitud escribo al menos 3 cosas por las que me siento bendecida. Intento dar gracias cada día por algo distinto a los días anteriores. En mi diario pueden ver cosas que parecerían tan insignificantes como: “Haber aumentado 3 libras” (ya en otro escrito les hable sobre mi lucha con mi peso). Esta práctica es una manera de recordarme que incluso en días grises hay más de un motivo para dar las gracias.

Cuando la mente colapsa, el cuerpo colapsa, el ánimo colapsa, y poco a poco, nuestra vida colapsa. No es difícil ni imposible hacer una pausa y derramar nuestros pensamientos sobre un papel para poder leer lo que nuestra mente quiere decirnos. Cada letra, cada palabra que escribamos, nos está dando un mensaje importante, hay que leer con atención. Yo aprendí que está bien sentirme mal, que debo abrazar la oscuridad como mismo abrazo y disfruto la luz. Tenía las herramientas correctas al alcance de mi mano, en todo momento. No puedo decirles que mis días son maravillosos y perfectos, pero en la medida en que puedo y me lo propongo, son más llevaderos. Creo firmemente en el poder de la escritura como terapia alternativa para sanar, para aliviar y para recargar, y quiero que otros lo crean también. ¡A ejercitar la mano y soltar nuestra mente!

Las Personas Difíciles


Damos Gracias por las bendiciones, gracias por los días hermosos, gracias por las personas maravillosas que tenemos en la vida, pero ¿damos gracias por los infortunios? Hay personas a las que no les caemos bien e intentan ponernos el pie para que tropecemos ya sea directa o indirectamente. Hay días en los que nos sale todo mal. Hay días que no tenemos ganas de salir de la cama. Hay días que nos cuesta sonreír. Hay días que estamos sensibles. En esos días en los que las bendiciones no se ven a simple vista, la gratitud brilla por su ausencia. ¡Seamos honestos! No se puede ser agradecido justo en el momento en que nos dan una mala noticia, en que tenemos un accidente, en que nos desilusionamos, cuando tenemos un problema con alguna persona, cuando en el trabajo todo parece conspirar para que no cumplas con tu labor. Es una actitud que se moldea. Es una conducta que se aprende poco a poco. Se aprende a asimilar las situaciones y a encontrar una enseñanza. Aprendemos a observar con ecuanimidad la situación, la ponemos en perspectiva y encontramos el mensaje que nos quiere dar. Cada reacción de nuestro cuerpo o de nuestra mente, tienen un mensaje poderoso que darnos, hay que observar con curiosidad.

 Nuestra mente está acostumbrada a estar juzgando y creando situaciones que no existen, formando historias, pero hay que entrenarla. En ocasiones recibimos un correo electrónico o un mensaje y con solo ver el nombre de alguna persona, creamos una historia, nos cambia el estado de ánimo, levantamos la defensa y si haber abierto el mensaje ya estamos listos para combatir. Los que somos más explosivos maldecimos a la persona o la insultamos en nuestra mente, porque ya nuestra mente identifica a la persona como enemiga de nuestra paz. A veces nos levantamos con poco humor y se nos derraman las cosas en la cocina, se nos quedan cosas al salir, nos tropezamos caminando, todos los semáforos nos tocan en luz roja, no conseguimos estacionamiento, llegamos tarde a algún lugar así pasamos todo un día porque sin darnos cuenta fuimos creando el ambiente y comportándonos de manera tal que nos vamos hundiendo.

No es sencillo ver “lo positivo de lo negativo”, pero tampoco es imposible. Basta con parar de juzgarnos, basta con entender que puedes trabajar con tu ser, pero no con el de los demás. En la medida en que sigamos combatiendo, las situaciones nos van a controlar y nos van a definir. Yo no soy un problema, yo no soy odio, yo no soy enemistad, yo no soy envidia, yo no soy negatividad. Doy gracias por cada persona difícil en mi camino porque me sacan de mi zona de confort y me hacen ver que yo no soy tan difícil na. Doy gracias por cada día oscuro porque me hacen recordar que no puedo controlarlo todo en mi vida porque la vida fluye. Doy gracias por los dolores y sufrimientos porque me hacen recordar que soy humana y que siempre puedo dar un poquito más por mí y para mí. Doy gracias porque soy perfectamente imperfecta y en ocasiones, sin darme cuenta, puedo ser la piedra en el camino para otra persona.

Comprende y acepta

Las últimas semanas han sido una montaña rusa de emociones. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación. Me costó mucho trabajo y tiempo aprender a manejar esas emociones que mantenían mi mente fluctuando (dejo aparte los corajes porque esos me surgen espontáneos). Creo que me enfoqué y me cubrí con una coraza para poder trabajar conmigo y me olvidé de otras cosas que son más importantes. Cuando comencé a compartirle mis escritos y mis pensamientos, lo hice siguiendo una corazonada que me decía que compartiera mis palabras con el mundo y a la misma vez era lo que yo necesitaba aplicar en mi vida en ese momento. Confió demasiado en el poder de la escritura y de unas palabras certeras en el momento preciso. Y sé que he servido de ayuda para muchos. Creo que me enfoque en salvar a los demás, en ayudarlos a sentirse bien, en cargar a los demás con sus situaciones y ponerles las palabras correctas en su camino. Y en ese camino me fui olvidando de mí.

Me fui sugestionando con pensamientos, con ideas, con proyectos profesionales y personales, con miles de cosas para mantener mi mente ocupada. Repitiéndome una y mil veces: “confía en los procesos”, como si me tomara una pastilla de fe diaria. Confiando en que todo lo que pida con fe y en oración se me va a conceder, vi pasar los días, semanas, meses, y ni rastros de algunas cosas. Sentándome en el patio a mirar al cielo y a cuestionar el por que y el para que, de muchas cosas, pidiendo señales para mantenerme firme en mis propósitos. Y cada vez recibía el mismo mensaje: “abraza tu oscuridad”. ¡Y cuando carajo va a haber luz! Porque es humano y normal cansarse, y que la mente se agobie.

Así comprendí que a veces nos alejamos de nosotros mismos porque no queremos enfrentar nuestros matices oscuros. No queremos mirar a los ojos a nuestros miedos y a nuestros desaciertos. No queremos ser humildes y dejar el ego a un lado y decirnos: “¿Sabes que? Por más vueltas que le des, y pidas y pidas, lo que vas a tener es lo que Él quiera.” Si hay alguien a quien le huyo y le viro la cara es a enfrentarme a mí misma. Porque cuando escribo que nos perdonemos y que no nos juzguemos y nos tratemos con amabilidad, lo escribo para mí, porque soy mi peor critica. A veces pienso que no necesito ningún enemigo, ¡si con mi juicio falto de ecuanimidad y acusador es más que suficiente!

Así que di cara y me enfrenté. En mi afán y aventura de ayudar, de escuchar, de compartir, olvide que si algo me levantó de muchas situaciones, fue abrazar mi espiritualidad, y de eso me había alejado. Empecé a recordar las veces que Dios ha tocado en mi puerta últimamente y lo he ignorado. Ha empujado la puerta y he medido fuerzas cuando solo quiere ocupar el lugar que le corresponde en mi vida. En su lugar he colocado series de televisión hasta quedarme dormida, audios que me hagan desconectarme del mundo y solo me lleven a ensimismarme, actividades sociales, interacción con otras personas, en fin, hice todo lo posible por ir sacándole de mi vida y darle solo unas buenas noches o unos buenos días. Recordé todas las veces que Él me ha levantado y que he visto su misericordia y su poder. Entonces pude entender que mi alejamiento fue porque me enoje con El porque las cosas me las da a su tiempo y no al que yo quiero, porque me da lo que necesito y lo que es lo mejor y no me da lo que yo anhelo.

Sentí la necesidad de ir a la iglesia y recibí el bofetón que necesitaba:

  • Necesitas humildad y hacer silencio para que el corazón hable en oración.
  • Aprovecha cada mañana que el Señor te brinda para mejorar tu espiritualidad.
  • Ninguna victoria se logra si no es conforme a su voluntad
  • La única fortaleza que necesitas no es contra el mundo si no para mejorar la vida espiritual
  • Si te dejas sostener, enderezar y guiar, El obra para bien.
  • De nada te sirve orar y arrodillarte con lágrimas en los ojos, si eres hipócrita en tu fe y pides solo lo que te conviene.
  • Aprende a aceptar la voluntad ya sea en forma de bendiciones, pero también en forma de cruces.
  • No te dan cruces que no puedas cargar, y todas tienen un propósito de crecimiento de vida
  • Si tu oración no es frecuente, confiada y dentro de ella no hay gratitud, de nada sirve.

Entonces supe que el día que comprenda y acepte que no es lo que yo quiera, ese día encontrare paz…

El Traje Rojo

traje rojo

 

Cuando niña, mi juguete favorito eran las muñecas Barbies. Recuerdo que iba con ellas a casi todos los lugares, incluso al salón de clases. Mi maestra de primer grado no ha olvidado la bolsa de Barbies que llevaba conmigo todos los días. Tenía una con el cabello larguísimo y un día decidí que su cabello necesitaba otro estilo, busque unas tijeras y se lo corte. Había visto a las chicas en los salones de belleza recortar a otras personas y parecía sencillo, pero cuando termine el recorte, me di cuenta de que, al igual que para recortar papel, no tenía talento para recortar pelo (hace unos años intente lo mismo en mi pollina, imaginen el resultado). Aun así, con todo y el pelo horrible, no me deshice de ella porque formaba parte de mi colección de muñecas. ¡Sufría tanto cuando mi primita, a la que de cariño apodo ‘Pelusa’, entraba por la puerta de mi casa con sus rizos alborotados! Mi reacción era la misma que los peces de la película de “Finding Nemo” al ver entrar a “Darla”, ¡pánico! Porque las sacaba de su lugar, las despeinaba, les cambiaba las ropas, etc. Cuando me casé, adivinen que hizo mi mama: regaló mis Barbies (aún no se lo puedo perdonar), solo se salvaron las dos que me había llevado conmigo porque las tenía con su stand como decoración en mi cuarto. Cuando me mudé de la primera casa en la que viví, la nieta del dueño quedó maravillada con las muñecas. Fue ahí cuando, con dolor en el alma, me deshice de las últimas dos que conservaba. La cara de la niña y su ilusión y deseo por tenerlas me dijeron que era momento de soltar.  Me costó mucho trabajo deshacerme de ellas, porque desprendiéndome de ellas me desprendía de los recuerdos y de los momentos mágicos cuando inventaba e imaginaba mundos con ellas en mis manos.

A demás de las Barbies, tenía un traje rojo al que amaba con locura. Era de esos bien hermosos de nuestra época (la de los 80’s), con volantes, la tela picaba, lentejuelas, y voladito (no se de diseño de modas para especificar el estilo, pero la modelo en la foto luce la pieza fiel y exacta de la que les hablo).  En ocasiones mi mama me combinaba ese tipo de trajes con medias ‘pantyhose’ y yo las odiaba, así que no me duraban mucho tiempo. En medio de la misa, me paraba, metía las manos bajo el traje y me las quitaba. Tiempo después le cogía las que ella utilizaba para el trabajo, me las ponía y les hacía rotos (para imitar a Gloria Trevi). ¡Pa’ que aprendiera a no obligarme a usar esas medias!  Yo era muy voluntariosa (la verdad es que aún lo soy) y recuerdo que tenía la necesidad de ponerme ese traje a menudo, para cualquier lugar, incluso cuando apenas me servía. ¡Era mi traje favorito! ¿Por qué tenía que renunciar a el?

Así somos con los recuerdos, con las posesiones, con las personas, con las ideas. Sabemos que ha llegado el momento de desprendernos de ellos pero postergamos y tememos dar ese paso. El desapego y el desprendimiento son procesos complejos en los que nuestra mente siempre va a encontrar excusas razonables para conservar eso de lo que debemos deshacernos. Es una respuesta innata de nuestra mente que desarrollamos desde que estamos en el vientre de muestra madre. Aprendemos a apegarnos a lo que amamos. Es por eso que los bebes lloran al despegarse de su madre y se calman al tenerla cerca o a alguna persona cercana a su entorno.   A veces estamos en una relación, de cualquier tipo, carente de emociones, sentimientos y de compromiso, vacía, por costumbre, por obligación, en la que no hay plenitud, pero hay abundancia de dudas. Permanecemos en ella por miedo a la soledad, por miedo al que dirán, porque queremos evitar el proceso de una separación, porque estamos tan acostumbrados a vivir de una manera que dar ese paso nos causa temor, porque no quieres herir a otros, porque no quieres causar un disgusto a tu familia, por los hijos, por una estabilidad, por miles de razones. Y ahí nos quedamos, sabiendo lo que debemos hacer, pero convenciéndonos de no hacerlo.

Nuestro estilo de vida y las costumbres que tenemos también cuesta trabajo cambiarlas. Aunque sepamos que debemos hacer algunos cambios en nuestro comportamiento, en nuestros hábitos alimenticios, lugares que frecuentamos, personas con las que compartimos. Sabemos que hay muchos factores internos y externos que debemos sacar de nuestra vida pero no tomamos cartas en el asunto. La zona de confort siempre es mejor que correr riesgos y tomar decisiones firmes, difíciles, pero gratificantes luego de algún tiempo.

En ocasiones la vida nos obliga a soltar y dejar ir. El destino nos arranca de repente a un ser querido, a una mascota, a una posesión con un valor sentimental, o hasta un proyecto, y se nos derrumba la vida en un instante. Nos aferramos al recuerdo y nos rehusamos a desprendernos de la presencia física de “eso” que tanto amamos. Cuando el corazón es quien se rehúsa a desprenderse, no hay tregua. Es difícil dejar ir eso que tienes guardado en lo profundo de tu alma. Sufrimos en silencio y nos enterramos en la tristeza. Sabemos que debemos soltar y eso nos consume.

En el transcurso de la vida vamos a desarrollar y cultivar sentimientos hacia diversas personas o hacia cosas. Vamos a establecer vínculos muy cercanos y las llegaremos a hacer parte fundamental en nuestros días. El placer, la alegría, la plenitud, la comodidad, la seguridad, la energía, la paz, o la sensación que “eso” nos proporciona la idealizamos como algo eterno. El paso de las personas, de las cosas y de todo lo que sucede en nuestra vida es efímero. Me encanta esa frase de Frida Kahlo: “A veces hay que seguir como si nada, como si nadie, como si nunca.” Porque lo único a lo que debemos aferrarnos es a atesorar y vivir a plenitud cada momento presente. ¡Cojámosle apego al presente, y que eso que ya no tenemos sea una motivación que nos llene de determinación para cumplir nuestros deseos de una manera más profunda!

A Destiempo

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Estando en el trabajo, recibo un mensaje de texto ‘random’ con una invitación para vernos. Al ver el mensaje, dudé. Sabía que reencontrarnos significaba recordar y revivir muchas cosas que había guardado  en el cajón del olvido ‘Anyway’, me armé de valor y acepté la invitación. No tenía nada que perder, era aceptar o tirarme en el mueble de mi casa a cambiar de canal en canal el televisor. En varias ocasiones pensé en cancelarle, pero no encontraba la excusa perfecta. En el camino me relajé y me mentalicé para llegar al lugar, pedir un trago y relajarme durante la espera, porque sabía que la impuntualidad era su mejor cualidad. Varios minutos antes de lo acordado suena el teléfono: “Ya estoy en el lugar. Voy pidiendo una mesa. ¿Qué vas a tomar?” Contesto: “Lo mismo de siempre.” Llegué al lugar, me retoqué el maquillaje y me puse ‘lipstick color afterwork’. Entré, identifiqué la mesa y allí estaba. Después de un corto, pero emotivo abrazo, nos sentamos. Sus primeras palabras fueron: “¡Estás hermosa, como siempre.” Le contesto: íGracias, sí, muchas cosas han cambiado, otras nunca cambian.” Y sonreí porque sé muy bien que mi sonrisa es una de mis mejores armas de escape cuando necesito ocultar lo que en realidad siento y  me moría de ansiedad por el reencuentro.

Lo próximo fue preguntarme que había estado haciendo todo este tiempo. A lo que conteste: “no me quejo, pero cuéntame, ¿cómo te va a ti?”. Sus ojos me decían que muchas cosas habían cambiado y eso me alegraba inmensamente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, incluso traté de recordar cuando fue esa última vez. La mesera se acercó con los tragos y nos dijo: “Hacía tiempo que no venían por aquí, que bueno atenderles.” Nuevamente, sonreí. Finalmente comenzó a contarme que había sido de su vida. “Para hablarte con sinceridad y honestidad, como sé que te gusta que te hablen, debo empezar por decirte que la razón por la cual me aleje de ti fue otra persona, una de la que nunca te hablé. Cruzamos miradas hace varios años atrás y desde ese momento esa mirada se grabó en mí. En ese entonces, estaba recuperándome de una mala experiencia y lo menos que quería era complicar las cosas aún más. Varios días en la semana nos cruzábamos y muchas veces estuvimos tan cerca el uno del otro que entablar conversación hubiese sido facilísimo. Mil veces imaginé ese momento, ya sabes que la timidez no es una de mis cualidades, pero algo no me permitía tan siquiera mirarle cuando estábamos cerca. El tiempo siguió pasando, y me conforme con verle a lo lejos y nada más, aunque por dentro el corazón me decía que buscara la manera de acercarme, sin embargo, nunca lo hice. De repente la vida me colocó más cerca que nunca de esta persona. Tan solo verle y saludarle me llenaba de felicidad y de emoción. Poco a poco nos volvimos más cercanos. Finalmente lo supe: me había enamorado, como jamás lo había hecho en mi vida, como le llamas tú en tus escritos, con toda la simpleza del amor. Día tras día, olvidé las reglas, olvidé los frenos, olvidé los miedos y me entregué sin medidas. Basto solo un primer beso para confirmar que desde esa primera vez que me vi en sus ojos, ‘he was the one’. Nunca imagine llegar a sentir todo eso por nadie, jamás, pero lo sentí y ha sido lo más hermoso que me ha sucedido en la vida. Con el paso del tiempo, las cosas se complicaron, en un instante todo se volvió distinto y las risas fueron desplazadas por lágrimas. Mil veces intente que todo volviera a ser como había sido, más nunca lo logre. Comprendí que para querer hacen falta dos y que mi error fue idealizar lo que es un amor real. Me costó trabajo y aun me sigue costando trabajo soltar, porque eso significa dejar ir todo lo que quiero retener. Cuando sentí que mi alma se había hecho pedazos te aleje de mi vida para darle paso a la soledad y a las lágrimas. En ocasiones tuve la necesidad de acercarme a ti, porque sabía que tú ibas a estar ahí, porque quizá tu podías ayudarme a recoger los pedazos. A fin de cuentas, nadie me conoce más que tú. Un día, alguien me pregunto por ti, que donde estabas, que a donde te había dejado, fue ahí que supe que debía buscarte, que mi  corazón estaba roto, pero aún seguía con vida, que en el suelo no me iba a remendar las heridas, así que me levanté, te busqué, te invité a salir y me llené de esperanza de que aceptaras.”

Mientras decía todo esto, no articule una sola palabra, utilice todas las servilletas de la mesa y las que siempre cargo en la cartera, pues no pude contener las lágrimas. Sabía que encontrarme con ella tocaría muchas fibras dentro de mí, y no me equivoque. Luego de un breve silencio fue mi turno para hablar. “No sabes cuánto me alegra que hayas decidido volver a buscarme. Tuve dudas en aceptar la invitación, porque no sabía si en este momento de mi vida en el que intento buscar mi paz por todos los medios habidos y por haber, estaba preparada para reencontrarme contigo y todas las emociones que esto implicaría, pero ya era tiempo de un reencuentro. Ustedes, a veces, me hacen perder la paciencia con sus cosas, aun así las quiero. Luego de todo lo que me dijiste no sabes cuánto te comprendo. Prefiero creer que todas las historias de amor pueden tener un final feliz, que el amor siempre vence, pero no siempre pasa así. Ahora sabes que eres capaz de amar intensamente. Lo amaste y sé que aún lo amas. Lo sé porque sonríes cuando le nombras, muy a pesar de que haya sido la causa de tu tristeza.  Quizá el también sienta lo mismo por ti, pero no era su momento. Así que ese será tu gran amor. El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Los corazones rotos se curan, pero los protegidos terminan hecho piedra. Ahora te toca empezar a soltar. La vida los unió una vez, quizá los vuelva a unir de nuevo, o quizás no. No culpes al tiempo, culpa al destiempo. Culpa al miedo y culpa a tu  mente que te impidieron que siguieras a tu corazón. A fin de cuentas, en la vida tendremos muchísimas malditas despedidas y así sabemos que los ‘para siempre’ a veces no duran tanto. Y mientras nos quede cerveza, podremos olvidar las penas, ahogarlas o compartirlas”

“Gracias por tus palabras, era lo que necesitaba escuchar después de tanto tiempo.” Comenzamos a recordar anécdotas. Como la vida nos fue cambiando y que destinos fuimos tomando. Y apareció la pregunta que temía: “¿Y tú? Cuéntame de ti” A lo que respondí con la picardía que me caracteriza. “¿Yo? ¡Enamorada de la vida! Luego de hoy, mirare bien a mi alrededor no vaya a ser que se me cruce el amor de mi vida y lo deje pasar y entonces tu historia se repita. Así que me llevare como lema: si el corazón te impulsa a hacerlo, lánzate. No hay nada que perder, perdemos más por miedo a perder. La vida no se puede seguir llenado de preguntas que comiencen con what if?  ¿Qué sentido tiene? Vivimos esperando a que reaccione primero el otro y nos quedamos con mil cosas por decir, por hacer, por sentir y por disfrutar. Estas historias siempre me dan tela para cortar. Entonces me siento a escribir, de ustedes, de mí y de mi mundo ideal. Aún sigo en la busca de mi razón existencial en la vida.” Y le sonreí. “No has cambiado, en nada, solo has madurado y eso te hace aún más encantadora, por eso esa mirada diferente,” me dijo.

Nos despedimos con un largo abrazo, no sin antes prometernos que no íbamos a alejarnos nuevamente. En el camino de regreso a casa repase las veces que he ignorado lo que dicta mi corazón. ¡MUCHAS! Vivimos la vida, censurándonos, reprimiéndonos y evitando decir o sentir. Tenemos miedo a ser juzgados mal, a que las cosas no salgan como las esperamos, pero el único miedo que debemos tener es a no vivir.  Así que procura escuchar lo que dice tu corazón y lo que dice tu conciencia y aunque sea una vez en la vida:

  • Da el primer paso y envía un mensaje, háblale, sonríele o acércate a alguien
  • Hazle un halago a alguien a quien desees hacerlo
  • Háblale a un extraño, si te llama la atención
  • Si ti gusta alguien, díselo, no sabes si el otro siente igual
  • Invita a alguien a salir
  • Envía esa dichosa solicitud de amistad

¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que piensen que estás loca o loco? Pero y si de ahí surge algo distinto, algo que te cambie la vida, algo que llene tus días de alegrías, algo que te lleve a vivir lo que nunca has vivido. Que traiga una magia que no sabías que existía. Mientras respiremos y nos queden segundos de vida, debemos vivir. No quiero tener que volver a escribir una historia de amor triste. Quiero escribir muchas historias que comiencen con: “l@ vi y supe que tenía que acercarme, Aunque lo dude, me lance porque el resultado no me importaba.” O algo así, ¡qué sé yo! Creo firmemente que aunque no podemos controlar lo que está escrito para nuestra vida, si podemos ser capaces de crear oportunidades y atraer lo que queremos. Aprendamos de los niños, llegan a un parque y no dudan ni un instante en acercarse al niño que más le llame la atención, y cuantas historias no crean en tan poco tiempo, historias que imaginan o que desean. Ellos se lanzan sin importar el resultado, porque lo que importa es el momento, para ellos un minuto perdido, es un minuto que no vuelve.  Viven por unos minutos un mundo de fantasía, porque la mentira siempre dice más que la verdad. Cada día es una nueva oportunidad de construir nuevos recuerdos y desde hace un tiempo solo quiero guardar los mejores. Luego de esta conversación, si el corazón lo dice, hay que hacerle caso al que manda, después de todo, cuando el deja de latir, acaba nuestra vida.

“Solo aquellos que intenten desafiar los límites de lo imposible, descubrirán que los limites una vez vencidos siempre entregan sueños ilimitados.” (Nahuel Furrer).

 

Hija Fuiste…

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¡Alerta! El verano está a la vuelta de la esquina, las clases están por terminar y, las que somos madres, sabemos que eso significa que los niños están haciendo la misma pregunta todos los días: ¿qué vamos a hacer en verano? Las que trabajamos, nos vemos inclinadas a buscarles opciones, pues ellos necesitan divertirse las 24 horas del día, porque incluso el descanso (dormir las horas necesarias) les parece aburrido. Soy del tipo de mamá que decide que es lo que se va  hacer esos días, sólo muy pocas veces consulto con ellos las actividades a realizar. Así las cosas, cuando mi hijo mayor protesta por lo que harán en sus días libres, le doy la opción de comprarle una caja de botellas de agua y que salga a venderlas para que trabaje, y se gane el dinero para hacer lo que desee, si es que eso le parece más divertido. En esta semana un compañero de trabajo me sugirió decirles que los voy a llevar a una granja a limpiar y trabajar con esos animalitos tan limpios llamados cerdos (ya estoy haciendo ‘search’ de granjas cercas a mi casa por si comienzan las protestas, hay unas que están de lo más chéveres y tienen vacantes. Si les interesa, me escriben y les paso la información).

Soy una mama “peculiar”, pues no encajo en el modelo tradicional de mamá perfecta, ni mamá abnegada. Tampoco lo aspiro. ¡Olvídense de eso!  Admiro enormemente a esas mujeres que han decidido ser madres a tiempo completo, son mis heroínas y si yo fuera San Pedro, las esperaría con pulsera VIP en las puertas del cielo. A mí, un día completo con mis hijos me deja exhausta y necesitando al menos dos semanas de vacaciones urgentes.

Antes de que sigan leyendo quiero darle un mensaje para ciertos tipos de madres:

  • Madres perfectas: Al leer esto no se me escandalicen, me encantan sus imágenes y sus historias hermosas, pero NO ME LAS CREO (y yo sé que dentro de ustedes, tampoco se lo creen). Sé que muchas piensan exactamente igual que yo, pero ante los demás fingen una falsa imagen de madre perfecta porque temen ser juzgadas o mal vistas por la sociedad.
  • Madres que ya criaron: Hagan memoria de aquellos días en donde tus hijos tenían la misma actitud de los encapuchados del Paro Nacional (desobedecer). ¿Lograste tener bonitos recuerdos?
  • Madres de niños modelos: Si tus hijos fueron o son niños modelos, da gracias infinitas y si deseas puedes dejar de leer en estos momentos. ¡A ustedes las envidio y no saben cuánto!

De los mensajes anteriores, ¿sentiste que alguno fue para ti? Si no es así, te voy a ayudar a que encuentres tu clasificación. A continuación te voy a mencionar varios escenarios típicos de cualquier madre:

  • Despiertas un fin de semana y consideras una bendición que aun estén durmiendo
  • Mientras ellos duermen te tomas una taza de café con extrema devoción agradeciéndole a la Vida poder tomarte ese café en armonía
  • Viste la imagen que corría en las redes sociales de unos niños pegados en la pared con tape, y te preguntaste donde se consigue ese tape tan resistente y si resistirá un tiempo razonable como para que te dé tiempo a mapear el piso y esperar a que se seque.
  • Tus hijos practican deportes y al pasar varias semanas corridas de juegos y prácticas  deseas con todas tus fuerzas que su equipo pierda para descansar de los deportes.
  • Te encierras en el baño con audífonos a escuchar música, para ignorar lo que ocurre en la casa.
  • En ocasiones la adrenalina es tanta que los mandas a dormir a las 7:00pm
  • La entrada a tu cuarto está prohibida por ley
  • El baño de tu cuarto es para tu uso exclusivo (y de tu pareja si es que la tienes). Ese es tu escondite. Aunque sabes bien que ni ahí te escapas de esas criaturas, pues cuando estas encerrada, hasta papelitos te pasan bajo de la puerta si no les contestas. Se de algunas que leen mis ‘posts’ de La Simpleza del Amor en esos momentos (no sé si eso me deba hacer sentir halagada)
  • Amas el sonido del silencio que se produce en el día que el momento en que se duermen y sientes que no hay momento más hermoso en el día que ese.
  • Cuando se acercan tus vacaciones, te preparas mentalmente para esos días. A veces consideras tomar vacaciones mientras están en la escuela.
  • En un viaje largo en auto (más de 30 minutos), subes el volumen de la radio porque uno de tus hijos te salió muy platicador. O si la historia te la ha contado más de veinte veces, le interrumpes para completarle su historia. O propones una competencia: el que mayor tiempo dure en silencio, ES EL CAMPEON.
  • Para llevarlos a divertirse, tus lugares favoritos son los que los agotan tanto que llegan a la casa a darse una ducha y dormir (playa, un bosque en el que estén todo el día caminando, un parque de trampolines)
  • Decides apuntarlos en tutorías con la excusa de que no tienes tiempo para estudiar con ellos (dentro de ti sabes que lo que pasa es que hay déficit de paciencia aguda)
  • Cuando te reúnes con tus confidentes pasas una hora quejándote de lo caóticamente hermoso que es ser madre y en ocasiones te desahogas llamándolas o enviándoles algún mensaje.
  • Deseas, aunque sea una vez, tomarte unas vacaciones de al menos una semana, SOLA
  • Escondes dulces, bebidas o cualquier cosa solo para ti (o les haces fiero por desquitarte)
  • Al pedir en algún lugar de comer, preguntas que desean y dicen que nada, pero cuando te traen tu orden te piden que les des un pedazo y no compartes. (Nadie los mandó a decir que no querían nada)
  • En algún lugar público ves a una madre a la que su hijo le da órdenes y ella obedece, y tu reacción es de indignación (Por ejemplo, estas en una tienda y escuchas a un nene a gritos diciendo ME LO TIENES QUE COMPRAR PORQUE SI NO GRITO, y la mama le contesta: (“Nombre de novela que le puso al pobre muchacho), te lo voy a comprar, pero por favor, te pido con mucho amor que te pongas de pie para poder continuar las compras”)
  • Cada vez que barres tu casa o pasas la aspiradora, son muchas las piezas de lego y juguetes que desaparecen.
  • Cuando te preguntan que le pueden regalar a tus hijos les dices que ropa porque ya la que tienen se le está quedando, y sabes que es mentira, la verdad es que no quieres más regueros en tu casa.

 

Si te identificaste con al menos uno de estos puntos, permíteme infórmate, querida amiga, que eres igual que yo. Eso no significa que no amemos con toda nuestra alma a nuestros hijos. Significa que somos madres y somos mujeres. Si eres madre, ¿significa que debes abandonarte? ¿Significa que debes colocarte en último plano? Amo a mis hijos con locura, pero también tengo una vida. Mis hijos son mi responsabilidad y son mi prioridad. Sin embargo, no soy menos importante que ellos. Los hijos son un preciado regalo que la vida nos ha dado. Les dimos la vida, o luchamos por tenerlos en nuestra vida aun cuando no los lleváramos en nuestro vientre y somos capaces de hacer lo que sea por ellos. Los defendemos y luchamos día a día por cubrir sus necesidades. Cuando se enferman, el corazón se nos hace un pasita y deseamos que seamos nosotras las que estemos enfermas. Los que practican deportes, cuando sufren una lesión u otro jugador les hace una lesión, queremos correr a preguntarles si todo está bien. Las que al igual que yo, compartimos fines de semana alternos con sus padres, extrañamos a nuestros hijos inmensamente y a veces entramos a sus cuartos solo para sentir su olor. Celebramos con orgullo cada uno de sus triunfos y sufrimos más que ellos sus fracasos. Hay madres que sufren ese nido vacío todos los días de su vida porque ya sus hijos no viven en el hogar. Hay madres que soportan y permanecen en un matrimonio sólo por sus hijos, hay madres que asumen la crianza de sus hijos solas, hay madres que se prostituyen por sus hijos, hay madres que se dedican en cuerpo y alma a sus hijos, así que no hay una modelo específico de madre. Siéntete orgullosa del papel que juegas. La sociedad tiene una percepción errónea de la maternidad. A fin de cuentas no hay palabras o mirada más hermosa que una que diga “Mami te amo”. Que aunque te lo digan en momentos en que quieres salir corriendo, te derriten de amor y te recuerdan aquel dicho que de niña escuchaste infinidad de veces: “Hija fuiste, madre serás. Según lo hiciste, así te harán”. Mami: ¡Carajo, cuánta razón tenías!

Huimos de Tí

Dicen por ahí, que en la viña del Señor hay de todo. En cuestiones del corazón y de atracciones físicas, las cosas tienden a complicarse. Cabe destacar que, en ocasiones, el destino está escrito. Hay una queja global relacionada a que las mujeres somos unas criaturas complejas y difíciles de entender. Yo creo que eso proviene de hombres que no han conocido a una mujer realmente y crean una imagen irreal de quien que es ella y, basándose en esa imagen, intentan interaccionar con ella. Otros, no se han evaluado en sus áreas de oportunidad y fracasan en sus miles de intentos de acercamiento. Antes de pasar juicio sobre los demás, es importantísimo, evaluarnos nosotros mismos y reconocer las áreas de oportunidad que tenemos para trabajar con ellas y mejorarlas. De eso se trata la vida, de un mejoramiento continuo de nuestro ser y de la manera en cómo nos desenvolvemos con los demás.

Esa falta de interés de algunos hombres por mejorar los convierte en unos NO rotundo. Por eso, me di a la tarea de preguntar a otras chicas, qué cosas que detestan en un hombre. Las opiniones vertidas a continuación no necesariamente expresan mi sentir… (Escribo este ‘disclaimer’ aunque muchos sepan que estoy mintiendo) Y estas fueron algunas de las respuestas:

1. Harrisito – Las chicas los reconocemos porque el tema principal de cada conversación con este tipo de hombre es sobre el dinero que gasta o invierte en sus cosas o lo que invirtió en relaciones pasadas. Tiene una necesidad constante de alardear de cosas materiales. ¡Sabemos lo tuyo! No tienes más ningún encanto que no sea ese, mientras no incluyas otro tema de conversación, aspira a mujeres que solo se interesen en ti por el beneficio monetario que puedan obtener, mejor conocidas como ‘chapiadoras’ o ‘gold diggers’. Las mujeres preparadas, inteligentes y con aspiraciones reales en la vida, no los queremos de pretendientes. ¡Trabaje por lo suyo, siéntase orgulloso, pero no alardee! ¡No sea come eme!

2. Joito – Se acerca a ti con la seguridad que le dan las 12 mujeres que están babeadas por él. Y sí, la realidad es que puedes estar de lo más lindo y todo, pero cuando entablas conversación, ¡Puf! esa lindura se te esfuma. ¡No, nene, no! No le creas al espejo, ni a tu mamá, ni a tus tías, ni a tu abuela, ni a tus primas que eres irresistible. No nos interesa que en todas tus fotos estés sin camisa ni cuantas horas le metes al ‘gym’. Ser lindo no te hace buen partido, aunque es un ‘plus’ no es un ‘must’. ¿Sabías que nos incomoda que nos mires con hambre? No necesitamos saber que tan fuerte estas, ni que tanto ‘cardio’ haces. No seas tan evidente en tus intenciones. Piensa que, a veces, el que más nos gusta y el que nos enamora, no tiene sus abdominales cortados ni se cree el papito chulo del momento, sino que es alguien con quien se puede tener una conversación inteligente. ¡Lleva tu media neurona al ‘gym’!

3. Javito – A primera vista, suele ser todo un caballero, galante, atento, encantador. La realidad es que impresiona y nos deslumbra. Llega un momento en el que esos “pero que bella tu eres”, “Ave María nena pero que linda tu eres”, “muahh” (de la nada, conversando y no es un beso que te dan, sino un beso que te dicen) nos agobian y nos espantan. Y no es que a las mujeres no nos guste que nos digan cosas lindas, PERO NO CADA DOS MINUTOS, eso es  ‘too much’. ¡No sea empalagoso!

4. Junito – Este caballerito es una joya. Puede ser un ‘ex’, o simplemente alguien con quien tuviste ‘alguito’ en el pasado. Terminaron de manera cordial, sin ninguna complicación, todo ‘peace and love’, y luego de un tiempo reaparece. Empieza a buscarte la vuelta con la certeza de que como ya en el pasado tuvieron algo, pues tú te quedaste con ganas de algo más. Tu sabes, por ese dicho que dice: “donde hubo fuego, cenizas quedan”. ¡Mire señor, ya eso pasó, supérelo! Le rechazan un acercamiento, no siga intentándolo. Nunca más lo buscaron, ¿qué le hace pensar que uno lo extraña? Si una mujer está interesada en usted, se dará cuenta cuando se le acerque. No creas que porque te saluden por cortesía significa algo más, no te confundas. ¡Bendito sea Dios, está molestando más que un mosquito en la oscuridad! 

5. Manolito– Este ser abunda en las redes sociales. Te escribe por ‘inbox’, ‘DM’ o ‘Messenger’: “Hey, todo bien?”. Lo dejamos en visto. Al rato: “¿Te acuerdas de mí?”. Lo dejamos en visto. Al otro día: “Que tengas un lindo día.” Y lo volvemos a dejar en visto. ¡Mire ser viviente! Si no le contestan a la primera, ¿qué le hace pensar que le van a contestar a la segunda o a la tercera? La que quiere hablarle o a la que le agrada que le escriban, le contesta a la primera. ¡No sea hostiguín!

6. Joselito – Ok, aquí incluiremos a manganzones que tienen más de 25 años y aún viven con sus padres. Señorito, si sabemos que vives con tus padres, nos entra una intranquilidad preguntándonos si usted pidió permiso o no para llegar temprano. Y mire, no sea charlatán, no quiera tener “nada” con nadie, si no tiene ni para donde llevarla. ¿O acaso va a llevarse a una jeva para su camita ‘twin’ en el cuarto del lado de sus padres? Independícese, demuestre que ya es un adulto con responsabilidades, y luego aspire a que alguien lo tome en cuenta. ¡No sea charlatán!

7. Juanito– A este lo conocemos, nos cae bien, y al cabo de un tiempo, nos damos cuenta de que todo ‘cool’, pero hasta ahí. Tenemos bien claro que jamás en la vida tendríamos algo contigo, es más hasta preferiríamos una vida en castidad antes de estar con usted. Las mujeres somos directas, y las cosas se las decimos en su cara, para que no haya malos entendidos y así evitarnos el malhumor que nos provoca fingir emoción hacia algún gesto de interés de su parte. Si ya le dijimos: “Encantada, mucho gusto, pero gracias, no, gracias”, dése la vuelta y siga caminando. No insista, con eso solo logra disgustarnos. ¿Sabe qué? Cuando usted sigue insistiendo, aunque le digan que no varias veces, las mujeres compartimos los ‘screenshots’ del ridículo que usted hace. ¿No me cree? Pregúntele a alguna amiga si en sus chat no corren ‘screenshots’ de conversaciones, se sorprenderá y se abochornará. Algunos son más extremos, hasta se convertirse en ‘psychos”, y mientras no corramos peligro, ni causen otros problemas, ¡que mucho nos burlamos de ustedes! ¡Retírese con dignidad!

8. Miguelito– Estamos en otra época, a las mujeres nos gusta invitar la cuenta al igual que a usted. ¿Cuál es el problema con eso? Pero nos topamos con este ser, que se niega a aceptar que una mujer pague la cuenta. Revisa ese recibo por largos minutos y al par de minutos expresa varios comentarios sobre lo caro que estaba esto o aquello. Sabemos que el país está en un mal momento, y que debemos siempre revisar nuestras finanzas, pero si usted quiso hacerse el machista, aguántese y no diga nada. Es de mal gusto. Y si va a tener algún detalle, por favor, no compre una rosa con peluche del semáforo más cercano, por si no lo sabía, no huelen ricas, y aunque les decimos: “¡Aww, gracias que detalle tan lindo! Por dentro estamos esperando que dé la vuelta, para tirarlas en el zafacón de fuera de la casa, no vaya a ser que luego la casa apeste a camión estacionado con el motor encendido. ¡Deje de caminar con los codos!

9. Cheito – La mayoría de las mujeres tenemos un instinto maternal oculto. Eso no significa que todas quieran ser madres, pero tendemos a cuidar a nuestros amigos. Nos preocupamos mucho por ellos y cada vez que nos piden ayuda ahí estamos incondicionales. Esto lo hacemos porque es lo que sentimos hacer. Pero viene este hijo de su buena madre, y utiliza esa debilidad tuya, para acercarse y buscarte solo cuando necesita de ti. A pedirte un favor, un consejo, dinero, o hasta otras ‘cositas’. El problema no es el favor, porque la amistad es para ayudarse en buenas y malas, pero no es para aparecer sólo cuando necesitan. Mire no sea charlatán e interesado, diga las cosas de frente y no ande con rodeo. Si lo que busca es algo específico, dígalo. Agradezca que le tenemos cariño y que no lo tiramos al medio para que se abochorne. ¡Carifresco!

Podría mencionar muchos más, como los que alardean de buen sexo, los que no saben dar ni un beso, los que huelen mal, los que en ciertos actos respiran mas profundo que en las películas, los que dicen que leen y lo mas culto que han leído es una columna de Jay Fonseca, los cafres que te dicen piropos que dan ganas de vomitar y miles más; pero estos son los tipos de hombres más comunes que detestamos las mujeres. Bastante tenemos con lidiar en un mundo tan superficial como lo es la moda, el maquillaje, las revistas, las modelos, para encima tener que bregar con hombres superficiales. Tómese el tiempo de conocernos, de dialogar (si es que tiene algo en el 

cerebro). La realidad es que cuando nos enamoramos, a veces, es de alguien como cualquiera de los que mencioné, o tiene algo de cada uno de ellos, pero así lo queremos. Le dedicamos el coro de una canción de Raquel Sofía que dice: “Yo te amo Idiota, te amo aunque no debería. Yo te amo idiota, te amo todavía.” Porque a fin de cuentas, cuando escogemos a alguno de ustedes, lo hacemos convencidas de que usted es el indicado aunque sea un idiota, pero la simpleza del amor que hay dentro de nuestro corazón nos hizo escogerlo. 

PD. Chicos, no se pongan changuitos y cooperen. La bola está en su cancha, aún tienen break de cautivarnos (menos los que escuchan ‘trap’, esos no tienen break).