La Relación Mas Estable Del Mundo

soltera

Para algunos, el amor es un sentimiento universal que es eterno y dura para toda la vida, contra viento y marea. Mientras que para otros, el amor dura lo que dura un estornudo. Para mí, el amor tal y como está definido en el diccionario, no existe. Existen las historias amor. Hace unos días tuve una conversación que inició con un: “es que como tú no crees en el amor…” y esta conversación me llevo a analizar muchas cosas y a exponer mi punto de vista sobre este tema que tanto se romantiza.

Sé que más de una debe estar agobiada, porque se acercan las festividades especiales y ahí están ustedes, solos, sin pareja y expuestas a las preguntas de familiares con particular interés en la vida ajena. O bien está sin interés alguno de tenerla o prendiéndole una vela a cada santo para que el amor de su vida les caiga encima como una caca de paloma. Para mí el amor no es más que una idea, concepto, teoría y generalización que nos han ensenado y cuando no lo encontramos o es diferente a lo que idealizábamos que era, nos frustramos.

¿Acaso a los 30 queremos lo mismo que queríamos a los 15? ¡NO! El psicólogo Robert Sternberg, quien ha estudiado el amor en varias de sus facetas, una vez dijo que las personas con las que nos relacionamos en determinado momento representan nuestras necesidades, prioridades, valores o intereses en ese momento o etapa específica. Hay historias de amor que se basan en compromiso porque elegimos y decidimos estar aun en los momentos en los que no nos resulta placentero, pero nos brindan estabilidad en algunos aspectos. Resulta muy típico de estas relaciones que uno o ambos busquen satisfacer la necesidad de cubrir otros aspectos de igual o mayor importancia como los que mencionarè a continuación. Hay historias que se basan en intimidad y dentro de estas existe una gran complicidad, respeto, solidaridad, y hay disfrute pleno de estar en compañía de esta persona. Este tipo de relación suele durar bastante, tanto que pudiesen rehacer su vida nuevamente con alguien y aún ese sentimiento pudiera seguir vivo. Cuando he dicho que solo me he enamorado una vez en la vida, a esto es a lo que me refiero. Es mi modelo estándar, pero ese no es el tema de este blog. Hay relaciones que se basan puramente en la pasión y en estas hay deseo, erotismo, sensualidad. Y hay brazos a los que volveremos una y otra vez. Así que hay muchos tipos de amor, no hay necesidad de generalizar el amor o de asignarle un nombre. Más claro no lo pudo haber escrito Kany Garcia en su canción Bailemos un Blues cuando dice “Pendejas etiquetas para el amor y el sexo”.

La sociedad está diseñada para que las personas vivan y mueran en pareja. Así que resulta normal que nos veamos ensimismadas en relaciones que no necesariamente nos llenan, o queremos estar, que nos destruyen, que nos rompen, que nos matan lentamente solo porque alguna vez hicimos un compromiso en un tribunal o en un altar. El peso de los valores y creencias que fueron inculcados o impuestos desde que aun empezábamos a formarnos actúa como esa voz en el subconsciente que nos dicta que hacer. Las creencias religiosas nos han llevado a tener un estándar del amor demasiado elevado y, o los cumplimos por temor a ser juzgados por Dios, o por la sociedad, no necesariamente porque seamos plenamente felices cumpliendo a cabalidad con ese ‘contrato’. Un compromiso no se puede basar en el miedo. Las bodas siempre me han emocionado, pero cuando en la ceremonia religiosa escucho lo siguiente, no dejo de incomodarme y no dudo que vire los ojos hacia atrás inevitablemente: “El que ama es capaz de aguantarlo todo, de creerlo todo, de esperarlo todo, de soportarlo todo.” (Corintios 13:7) O sea que debemos soportar y dejar pasar por alto cualquier situación que surja dentro de una relación porque así lo dice la biblia. Nos inculcan el perdón y nos hacen dar el beneficio de la rehabilitación aun para los abusadores. ¿Cuándo van a entender que esos no merecen ni una oportunidad? El que es abusador lo será siempre, y dentro de una relación cuando el respeto y la dignidad se pierden, ¿alguien me puede decir que queda? Esos que te dicen que hay que saber perdonar, que todos merecemos una segunda oportunidad, que el matrimonio es para toda la vida ¿van a vivir contigo respirando el mismo aire del abusador, tienen en su mente las veces que te golpeó, que te insultó, que te humilló? El perdón es sanador y es un paso importante para seguir en la vida y no sentirnos atascados en rencores. Pero perdonar no significa tener que aceptar. No todos los casos son de maltrato, pero donde no hay compromiso, no hay complicidad, ni comunicación, ¿vale la pena esperar? La vida es solo una y se nos va esperando. Las relaciones son un bien adquirido: ¿cuánto estamos dispuestas a pagar? Con esto no quiero decir que hay que salir corriendo de todas las relaciones y andar brincando de relación en relación, porque hay situaciones que requieren diálogo, comunicación y COMPROMISO de ambas partes para seguir manteniendo vivas y vigentes esas cláusulas que estipularon al momento de aceptar estar juntos. Pero la palabra clave aquí es AMBAS. Fuimos criadas con la idea de que somos responsables de moldear, cambiar y transformar a nuestras parejas y eso NO ES CORRECTO. ¿Queremos una pareja o una carga?

Muchos lo verán como egoísmo, yo lo veo como amor propio. Tenemos que comprender que hacer las paces con las creencias inculcadas por nuestra cultura es un paso sumamente importante para definirnos como personas estables emocionalmente. Cuando decidimos terminar una relación es bien importante reconocer y entender el proceso en el que estas en ese momento, porque esa persona representó tu proceso en ese momento o tú fuiste el proceso de esa persona. Ya lo dijo el maestro Sabina: “Todos, alguna vez, fuimos amores pasajeros de trenes que no iban a ningún lado.” Debes aprender a enamorarte de ti misma primero y desarrollar el cuero duro para enfrentarte a este nuevo concepto de soltería que es tan mal visto por la sociedad. Pareciera que estar soltera es como una enfermedad terminal que te han diagnosticado. Te miran con pena o desaprobación porque creen que es sinónimo de fracaso. Los más osados se atreverán a decirte “hay bendito, pero tan jovencita, y ¿no te da tristeza estar sola? Otros te enumeran o te señalan las razones por las cuales tus relaciones no funcionan o porque llevas tanto tiempo soltera:

    • ególatra
    • exigente
    • no sabes lo que quieres
    • no estas lista
    • tienes miedo
    • demasiado independiente
    • proyectas demasiada seguridad
    • mandona
    • muy fuerte
    • hablas de sexo libremente
    • exitosa
    • malhablada
    • no eres femenina
    • inteligente
    • intensa
    • edad

Es una decisión de valientes y no todos están dispuestos a dar ese paso y enfrentarse a esa nueva vida, con sus ventajas y sus desventajas. Pero puedo decir que ES LO MEJOR DE LA VIDA. Es el momento idóneo para aprovechar el tiempo para ti, hacer las paces con la soledad, aprender cosas nuevas, dedicarte tiempo, mimarte. Tu meta ahora debe ser evitar tomar la mala decisión de escoger una pareja por las razones incorrectas. Cuando encuentras ese espacio en el que te sientes a gusto con tu propia compañía, te vuelves sumamente selectiva a la hora de compartir tu tiempo, tu espacio o respirar el mismo aire que otra persona. Mis amigas saben muy bien que tan seria es esta parte de compartir el mismo aire que respiro. Hace un tiempo, alguien que lleva un matrimonio del que se pasa quejándose la mayor parte del tiempo me dijo que ya había pasado tiempo suficiente como para que buscara una estabilidad en mi vida. Por un momento pensé reírme y no contestar, pero como sabía que me quedaría con esa carga de lo que pude haber dicho y no lo dije, pues le conteste mirándole fijamente: “la relación que tengo conmigo en este momento me brinda estabilidad económica y sentimental, el amor, la independencia, la seguridad, la plenitud y muchas cosas. Las manifestaciones de amor, afecto e incluso el sexo, las recibo y prefiero las que son genuinas y espontáneas y no las que son por cumplir con la cuota del mes (o del trimestre). Ahora dime tu, si todo esto se encontrara solamente dentro de un matrimonio, ¿vivirías quejándote de tu marido?

Todas las mujeres estamos bien, las solteras, las casadas y las que van de un lado al otro sin mayor preocupación. No es una guerra de estados civiles, pues la felicidad no es absoluta. A fin de cuentas, las que somos madres tenemos una responsabilidad inmensa en nuestras manos y es enseñarles a nuestros hijos que a veces está bien decir que no, basta y adiós. Que el amor propio va primero, porque si no eres capaz de amarte a ti mismo vas a dar un amor defectuoso a los demás. Que la confianza, el respeto, el entendimiento y la armonía son claves en un hogar. Que las responsabilidades de crianza, tareas domésticas y demás, son compartidas. Y que donde las lágrimas son más que las risas, no hay que demorar tanto, porque de esta vida nadie va a salir vivo y solo nos queda vivir a plenitud lo que ahora tenemos. El reto está en encontrar la persona que cambie tu vida, no tu estado civil. Que sea esa persona con la que no puedes evitar ser cursi en ocasiones y que no te canses de decirle: “Hoy te elijo a ti para estar en mi vida. Te elijo cada día consciente y libremente” (Enrique Bunbury). Ya sea que lo elijas para toda la vida, por corto tiempo o de a ratitos…

Cuando una puerta se abre… ¡Entran insectos!

No recuerdo la última vez que vi una esperanza o saltamontes verde. ¡Verla me confirmó tantas cosas! Aunque les tengo un poco de miedito, porque las veo tan tranquilas, no le veo los ojos, no sé para dónde está mirando y pienso que me puede brincar encima como hacen las cucarachas voladoras, siempre me quedo observándolas en su quietud y transmiten una sensación de bienestar que te hace pensar: “Ok, Pancha, quédate ahí. Mientras no hagas gesto de moverte, podemos convivir todo el tiempo que quieras.”

En el campo se aprende que cuando una esperanza entra a tu hogar es significado de cosas buenas (también de que dejaste la puerta o una ventana abierta). Pepe El Grillo era la conciencia de las cosas positivas, o sea, es algo bueno. De todas maneras, busqué información sobre el significado de la presencia de insectos en el hogar y esto fue lo que encontré:

“Cuando el saltamontes se nos presenta se nos pide dar un salto de fe y saltar hacia adelante en un área específica de la vida sin temor. Por lo general, esa área específica es la que hemos evitado y, a menudo es un cambio a escala mayor. Esto puede representar un cambio de residencia, de ciudad, de relaciones, carrera o simplemente en la forma en que nos percibimos a nosotros mismos.

El saltamontes sólo puede ir hacia delante no hacia atrás o hacia los costados. Así que, cuando el saltamontes aparece podría estar reafirmándote que estás tomando los pasos correctos en tu situación actual. O podría ser que él te está diciendo que sigas adelante y avances más allá de lo que te lo está impidiendo.

Esta es la razón por la que el saltamontes es el símbolo de la buena suerte en todo el mundo.

La capacidad del saltamontes para conectar y entender las vibraciones del sonido es por lo que también es un símbolo de tu voz interior. Él podría estar diciéndote que confíes en la tuya.”

Los últimos meses fueron intensos, y cargados de emociones, altibajos, lágrimas y algunas risas. De decirme a misma que las personas que una vez me dijeron que no podría lograr unas metas porque decidí ser jefa de familia y ser la única proveedora del hogar, tenían razón. No hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista asi que poco a poco todo va engranando y más cuando te rodeas de personas que te agarran la mano a tu lado, o en la distancia y te ayudan a brincar de piedra en piedra. Con esperanza, fe y mucha paciencia uno ve materializados los sueños que están destinados a ser transformados en hechos. ¿Qué otra manifestación necesito para confirmar que mis pasos son certeros? ¡Ya está, pa eso vino a visitarme Pancha La Esperanza!

Una de mis intenciones para este nuevo año era intentar algo nuevo al menos una vez al mes y aquí voy, aprendiendo a armar cosas de la casa, a coger medidas certeras, a sembrar plantitas con la esperanza de que la madre naturaleza se apiade de ellas y les envíe agua, y cada día algo nuevo. Cuando se tranca el bolo, hay que pedir ayuda y llamar a los que saben. Montando las cerraduras al revés, inundando un baño en el intento de cambiarle la bomba de agua al tanque del inodoro, asumiendo que algo no sirve y aun no lo has conectado a la electricidad y metiendo las dos patas como Dios manda también se aprende. O sea, ya estuvo bueno de andar quemando pizzas en el horno, intentemos cosas nuevas.

“La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida interesante.” – Paulo Coelho

Post Data: Cuando alguien te diga que no puedes hacer algo, úsalo como tu mayor motivación. Vas a lograrlo. Cuando lo logres celébralo y disfruta ver tu sueño materializado. Luego dedícale el emoji del dedo del medio desde lo más profundo de tu corazón. Nada mas satisfactorio que respirar el aroma de las metas cumplidas.

Cuando las rodillas se pelan

El fin de semana estuve compartiendo con unos vecinos mientras vigilábamos los niños en la piscina. Hablábamos sobre los crear hábitos para ejercitarse regularmente y a uno de ellos les surgió la idea de que comprásemos bicicletas, hacer un grupo e irnos un día a la semana a correr. Como mis tiempos de complacer a medio mundo y dejarme para la último pasaron de inmediato contesté: “Conmigo no cuenten, porque le tengo miedo a correr bicicleta.” Me miraron con cara de WHAT? Por no parece mal educada, les conté que cuando fui adolescente, sufrí una caída de una bicicleta y termine con las dos rodillas y los dos codos con heridas.

No sé qué dolió más, si la ‘pelá’ que me di o el alcohol para curar las heridas. Porque te dicen: “Va a arder un poquito, pero yo te soplo y no te arderá.” ¡Mierda es! ¡Qué mucho nos engañaban con eso! Nos decían que era agua oxigenada para limpiarnos y que si no nos curaban podíamos perder la pierna y habría que ir al hospital a que nos picaran alguna extremidad. Ahora que soy madre sé que aunque es importante desinfectar las heridas también es una manera de cumplir la palabra de que “encima del golpe…”

No fue nada grave, pero aun lo recuerdo y las veces que me he subido a la bicicleta de mis hijos, las uso como si fuera la primera vez que corro sin las rueditas pequeñas para aprender a correr. NO es necesario aclarar que mis hijos y sus amiguitos se mueren de la risa al verme correr bicicleta hacer el intento de correr bicicleta. Siendo sincera, debo confesarles que la distancia que he corrido ha llegado a ser tan larga como cien metros, no más. Sin embargo, tengo claro que todo está en mi mente y que es un miedo que se vence bien fácil: subiéndome a una bicicleta y dando una larga corrida hasta que logre olvidar que alguna vez le tuve miedo, o hasta que me reviente y acepte que no soy una mujer que está hecha para correr bicicleta y que corriendo sobre mis dos piernas me va mejor.

Por años he perseguido estrategias para vencer mis miedos, mis inseguridades y superar los traumas que algunas situaciones me han causado. Lo he hecho consciente de que el ser humano evoluciona superándose y que es necesario vencer obstáculos que nos impiden crecer. David Fischman lo expresó bien claro cuando escribió: “El miedo es la emoción más difícil de manejar. El dolor lo lloras, la rabia la gritas, pero el miedo te atrapa silenciosamente en tu corazón.” Nos crían y aprendemos a reprimir nuestras emociones. Desde pequeños nos inculcan a que no debemos decir todo lo que pensamos. ¿Su mamá nunca le dijo: “Si te atreves pedir agua aunque sea agua, ya vas a ver.”? Esas enseñanzas generacionales que buscaban moldear seres educados y juiciosos, nos llevaron a ser seres capaces de juzgarnos a nosotros mismos y a reprimir los sentimientos, las emociones y los deseos.

En la búsqueda por superar mis miedos, he utilizado muchas herramientas y he escuchado consejos de expertos (también de algunos que se creen expertos) y todos me han llevado al mismo lugar. La definición de buscar ayuda y buscar herramientas para nuestra mente es buscar una cura o un antídoto que nos quite la enfermedad del miedo o la tristeza, o la emoción que queramos combatir. Encontrar la fuente del olvido, la fuente que repara heridas,, la fuente que borra los miedos, la fuente de la felicidad. Me sumergí en ese mundo y me aparté de la realidad. Traté de comprometer todo mi tiempo y ocupar mi mente todas las horas necesarias para así evitar pensar, “despejarme” y poco a poco aprender a manejar mejor las emociones, pero sin exponerme mucho a las situaciones. Estaba en ese punto de la vida a donde a pesar de sentir plenitud en muchos aspectos, en otras se siente un gran vacío.

El positivismo y existencialismo barato me acompañaron en muchas ocasiones. Cuando me sentía vulnerable, ansiosa y con ganas de llorar me envolvía en talleres, libros, películas, amistades, familiares, yoga, caminatas, carreras, meditación, en lo que fuera, con tal de no derrumbarme y me funcionó por mucho tiempo y aún me funciona (en ocasiones). Lo importante era sugestionar a la mente ‘sí o sí’ para que apreciara más las personas a mi alrededor, con ver lo hermoso de cada día, con vivir la vida, con ser bendecida porque tengo muchísimas cosas que otros no tienen, con que hay un ser Supremo que todo lo puede y pone todas las cosas en su lugar . Todo ese positivismo que queremos creer y tomárnoslo en sobredosis. Entonces, un buen día me vi sin ganas de levantarme de la cama, sin ánimos de nada, solo de llorar. Me permití llorar y quedarme en la cama viendo las películas más deprimentes que existen, una que nunca me falla es My Girl, esa parte en la que Vada se para frente al ataúd de Thomas a pedirle que se levante me rompe el corazón y desde el 1991 lloro como el primer día en que la vi. Ese día agarre una botella de vino y  escuché las canciones más ‘corta venas’ del mundo y busqué los ‘quotes’ más tristes que habían, y los escribí en ‘post-it’. (Quizá exageré un poco para añadirle dramatismo a un día de mierda en la vida de alguien que ya no puede seguir jugando a ser ‘Wonder Woman’). Necesitaba sentirme así, dejar salir todas las emociones que contra las que había intentado luchar y aliviar de miles de maneras. ¡Mandé al positivismo al carajo por un día! Me permití sentir todas las emociones que temía sentir y aun con el corazón en mil pedazos y los ojos hinchados, me sentí aliviada y en paz.

¿Por qué huía de eso? Porque me sentía capaz de poder manejar mis emociones, porque levante muros y cree una coraza para protegerme de las personas y así evitar que me lastimen o alteren mi paz. Porque quería vivir una vida adornada de signos positivos, de personas positivas y cariñosas, nada fuera de mi zona de confort. Nada que me hiciera encontrarme con mi verdadero problema: el miedo y el terror a sentirme vulnerable ante los demás. Demostrar mi vulnerabilidad nunca fue una opción, pues los errores del pasado me enseñaron que la soledad y la tristeza no nos pueden llevar a elegir personas que curen nuestras heridas.

Ese día marco mi vida y descubrí el significado de “deja que las emociones fluyan”. Comprendí que, a fin de cuentas, en los talleres y clases siempre me dieron la clave, pero como de costumbre, quise hacer las cosas a mi manera e interpretarlo como mejor me convenía. Aunque los muros y el caparazón no se han ido del todo, he aprendido a acercarme y dejar que se acerquen. Ahora puedo comprender que mi fortaleza no está en decir ¡que se joda!, si no enfrentar las situaciones o a las personas y decirles: “¿Sabes algo? Me lastimaste”, o tratar de entender el porqué de una actitud o manera de ser de alguna persona. Al principio sentía que perdía mi dignidad o mi fortaleza al hacer esto, ahora lo veo como una oportunidad para mí y para las personas a mí alrededor, y establece los límites. Siempre tengo en mente que fingir que no duele, duele el doble. Si extraño a alguien (aunque me cuesta bastante aceptarlo), lo digo, aun sabiendo que mis sentimientos no necesariamente van a ser correspondidos. Si no puedo utilizar las palabras porque soy terca, me enojo, o por la razón que sea, siempre encuentro una manera de dar un poquito de mí de cualquier manera. Las personas no van a ser como esperamos, así que no debemos crear expectativas sobre nadie. Y aunque he aprendido a aceptar más a las personas si hay que mandarlos a buen sitio, también se hace sin miedo y sin pensarlo mucho, se trata de aceptación, no se sumisión. He aprendido a querer más a los demás, pero también tengo definidos mis límites. Cuando necesito gritar grito, lloro, peleo, y trato de no guardarme nada (aunque sigue habiendo muchas cosas que me cuesta decir). Hay un poema corto del libro Bocanadas y Besos del autor Lucas H. Guerra que siempre llevo en mi memoria:

” Somos eso que nunca dijimos. Eso que llevamos a cuestas. Eso que nos duele en el cuerpo y nos carcome el alma. Somos eso, y un nudo mudo que sonríe al mundo.”

En la medida en que continúe aceptando y reconociendo que mis aciertos y mis errores han sido pasos que he dado, sin importar la dirección, para crear la ruta de mi vida. Nadie va a hacerla con mis pies, ni yo con los de nadie. Ahora lo hago paso a paso, caminando y a veces corriendo. ¡Quizá algún día la haga en bicicleta! Y si me caigo, me voy a “mondar” las rodillas, pero me echo alcohol (o me lo tomo) y buscaré consuelo.

Posdata: Una vez aprendes a aceptar a los demás tal y como son y sobre todo a ti mismo, vas a sorprenderte de lo capaz que eres de soportar y sonreír ante personas que se merecen una patada en la cara con toda la fuerza que nos da la simpleza del amor a los demás.

La Nueva Vuelta

El fin de semana pasado, mientras estaba de compras con una de mis mejores amigas, llego a la caja registradora y las cajeras, que rondaban los veinte años, hablaban entre ellas. Una decía “Loca, la semana que viene cumplo veintitrés, me siento vieja.” La otra le contestaba: “¿De qué tu hablas loca? ¡Vieja soy yo que tengo veinticuatro!”. Yo solo me reía mientras esperaba. Y, como es normal en mi, comencé a recordar como pensaba cuando tenía esa edad. No sin antes decirles: “ay bendito, ya mismo les van a empezar los achaques.” Mientras me retiraba con una sonrisa y pensando en todas esas cosas negativas y aterradoras cuando tenemos esa edad.

Hace un tiempo, solía aterrarme con la idea de cumplir veinticinco años. Pensaba que al pasar de esa edad, la vida me llevaría cuesta abajo y me pondría patas arriba. Las decisiones que había tomado, buenas o malas, me habían permitido experimentar diferentes experiencias que tal vez el promedio de personas a mi edad aún no habían experimentado, pues fui madre y me casé a los veinte años. Para mi, cada vuelta al sol es importante, no solo porque tengo la oportunidad de celebrar mi vida una vez mas, sino porque completo un nuevo ciclo de vida, hago un recuento de las cosas que he hecho y declaro que las que me faltan por completar las veré realizadas.

Esa vuelta número veinticinco fue una crucial y decisiva en esa etapa de mi vida. A esta edad asumí el rol de madre soltera, por elección y porque me sentía preparada para afrontar las responsabilidades sola y fuera de la estructura de un matrimonio que no podía seguir subsistiendo sólo por mantener la estampa de una familia tradicional. Respecto a esto nunca me he sentido ni mas ni menos madre. Estoy trabajando en un blog post donde hablo sobre esto). Envalentonarme y tomar las riendas de un hogar requirió de muchas lágrimas, mucho sacrificio, pero demasiada satisfacción. Satisfacción que aun al día de hoy disfruto cada minuto de mi vida. Cuando miro hacia atrás y recuerdo los miedos y dudas que me paralizaban, les saco el dedo del medio y les digo muchas palabras feas. Definitivamente dar ese paso, me quitó la venda de los ojos y me expuso a un mundo de oportunidades.

Tiempo después, estaba experimentando en mi vida una estabilidad y una manera de pensar distinta, pero, porque siempre hay un pero, la conformidad y los vacíos llenaban gran parte de esa vida. Miraba a mi alrededor y me sentía encerrada en pensamientos, deseos e ilusiones que veía lejos de verlas materializadas. Cada sueño y aspecto de mi vida y personalidad al que poco a poco fui renunciando, formaba una especie de barrote en mi mente. Pasado el tiempo, esos barrotes imaginarios formaron una jaula de la que me negaba a salir aferrándome a la idea de que no siempre tenemos lo que queremos, que los niños necesitan una estabilidad de una familia, que a veces tenemos que sacrificar nuestros sueños y toda clase de bazofia filosofal que nos van diciendo las personas conformistas y tradicionales que nos rodean. Estaba en este dilema cuando llegó mi vuelta numero treinta. ¿Cómo es posible que llegaran los TA tan rápido?

Llegar a la tercera década significaba afrontar una edad a la que le temía. Esa edad en la que nos dicen que luego de ahí nos convertimos en doñas o señoras. Para mi sorpresa, al llegar ese y al día no me sentí señora, me sentí mujer y descubrí que ya no le tenía miedo a sumarle un número mas al puntaje de mi vida. Mi rutina para ese día comienza justo al despertar y, de manera introspectiva, comienzo a evaluar mi realidad de vida en ese momento. La mañana del 5 de febrero del 2015 me vi encerrada y alejada de mi verdadera esencia y supe que eso tenía que cambiar en esa vuelta, no había reversa. ¡El tiempo de comodidad, conformidad y de ser una persona que nunca fui se había acabado! Esa noche, al soplar la velita de mis 30 años, cerré mis ojos y desee ser valiente, capaz, libre y decidida para crear una vida que me hiciera feliz. Pocos meses después, así lo hice. Liberarte de tus propias ataduras y de las de los demás a tu alrededor te provee una paz y una especie de trance indescriptible. ¿Por qué esperé tanto para hacerlo?

Sin duda la tercera década es en la que alcanzamos la plenitud de nuestra vida. Hemos cometido los suficientes errores como para mondarnos las rodillas en la brea varias veces, aprendimos que si nos limpiamos bien el área, aunque duela al principio, eventualmente esa herida va a sanar. (Eso no significa que no vamos a volver a cometer los mismos errores). A pesar de los errores, esta tercera década nos enseña cosas como:

  • Que un “yo te aviso” es la mejor manera de salir de situaciones incomodas, sin ser muy arrogante.
  • Que el cuerpo es el que manda y hay que darle lo que pida (descanso, atención, amor)
  • Que no somos egoístas por pensar en nosotros solamente en algunas ocasiones y si es a menudo mejor
  • Que la mente es capaz de convencernos de permanecer donde no queremos estar, pero que podemos aprender a controlarla
  • Que hay que quitarse el maquillaje y que las cremitas para la noche y los humectantes son un must (luego les escribiré sobre mis productos de belleza favoritos)
  • Que no podemos vivir la vida como si fuéramos veleros que se mueven para donde el viento los lleve y que aunque tenemos que aprender a flui, también tenemos que planificar.
  • Que estamos hechos y nos clasifican de acuerdo a lo que nos rodea.
  • Que estamos rodeados de amor y de personas que nos aman, pero que no nos van a amar como queremos que nos amen, porque cada persona ama de una manera distinta.
  • Que debemos sumar personas a nuestra vida y no cosas
  • Que para que los demás crean en nosotros, tenemos que empezar a creernos lo que somos
  • Que no necesitamos aceptación ni comprensión de los demás, si estamos seguros de nuestras decisiones. Al fin y al cabo les vamos a demostrar de lo que estamos hechos
  • Que no podemos sacar de nuestra vida lo que no quiere salir ni tampoco hacer que lo que no quiere entrar, entre.
  • Que la vulnerabilidad no nos hace menos fuertes
  • Que nadie aprende por las experiencias ajenas
  • Que en ocasiones tenemos que usar el factor edad y la inventiva para salir de algunas situaciones incómodas. Como le dije a una amiga que no supo cómo decir de manera efectiva que no a invitación a bailar: “Le decías que te dolían los espuelones y ya, se iba a ir corriendo.”
  • Que la compañía de alguien a nuestro lado, no define nuestra vida. Hay parejas que sienten mayor soledad e inconformidad, que una persona que ha vivido toda su vida sola.
  • Que nadie puede decirte cuáles son tus limites, los limites los definimos cada uno de nosotros
  • Que el miedo lo puedes romper tirandole la puerta en la cara y diciéndole
  • Que una cara linda y una apariencia no dice nada si la actitud no respalda esas otras dos cualidades.
  • Que el peso de mis decisiones no debe recaer en el que dirán
  • Que vivir una vida donde no quieres estar siempre te va a producir infelicidad
  • Que el verdadero amor no siempre va a estar a tu lado, pero siempre va a existir a pesar de las circunstancias, de la distancia o las razones que sean y que cuando llega necesitas solo una mirada para saber que es Mr o Ms Perfect.
  • Que siempre va a ser mejor estar con alguien que quiera estar contigo, que estar con alguien que entienda que lo correcto es estar contigo
  • Que es cierto eso que dicen que cuando uno sale de beauty, la barbería o de pintarte los labios de rojo te da un shot de “chulampieria” que hasta te tiras guiñadas en el espejo.
  • Que podemos decidir quien si, quien no, quien siempre, quien tal vez y quien nunca. (Y quien el 30 de febrero)

Hoy, recibo mi mes, es mas corto del año, pero el mas importante en. Le pido al Universo y a la energía de la luna que ilumine mi vida, mis proyectos y mi alma. Que su protección e intensidad no me abandonen nunca. Esta vuelta la voy a recibir llena de amor y receptiva a todas las bendiciones del universo. A todas mis amigas (y amigos) que se acercan a los treinta, cuarenta, cincuenta, no importa la edad que sea, enamórense de ustedes mismas y enfrentaran cada añito que se les sume con mayor emoción que una fan histérica al ver a su artista favorito. Háganse una promesa este mes de febrero y en vez de andar regalando por compromiso el día de San Valentín, regálense un poco de amor propio. Regálense las mismas oportunidades, mimos y halagos que le regalan a los demás. ¡Amate tanto que no necesites convencer a los demás para quedarse!

PD. A mi me van a decir señora el día en que yo les de permisO. ¡Antes no!

Objetivo: Ser

La mayoría ya estableció sus propósitos, otros aun no lo han hecho, y a otros no les interesa. Yo prefiero llamarle objetivos. Porque se trata de estar dispuesto a hacer algo para cambiar de alguna manera u otra y encaminarnos hacia algo que queremos alcanzar. El ser humano tiene un llamado a evolucionar, a moverse y a cambiar. Nuestro propósito en la vida debe ser trabajar día a día para SER ESO que queremos ser. Para triunfar en la vida no podemos ser conformistas, debemos ser ambiciosos, en el buen sentido de la palabra. Vinimos al mundo con unos talentos, y debemos explotarlos al máximo.

Hace un tiempo no creía en esta cuestión de hacer una lista de objetivos, resoluciones, propósitos, intenciones, o como prefieran llamarle. Pensaba que era una moda y que no tenia sentido. Una vez descubrí el poder que tiene en nuestro subconsciente algo que escribimos y que tenemos visible la mayor parte del tiempo, trato de hacerlo en cada asunto que lo amerite. Escribir nuestros objetivos nos permite organizar nuestro año y nos da estructura.

Al inicio de cada año, me siento tranquilamente y me detengo a pensar que cosas quiero lograr, que necesito y que debo hacer. Hago una meditación escrita, donde dejo plasmado en el papel todas las ideas que vienen a mi mente: proyectos, actividades, cambios, compras, personas, todo, el más mínimo detalle. Hago esto por 15 o 20 minutos. Luego voy sobre cada una de ellas y me hago 4 preguntas que son las que determinan si cada una de las cosas que escribí finalmente formara parte de mis objetivos para este nuevo año.

  1. ¿Realmente quiero hacerlo?

Las metas no deben ser idealistas, sino realistas. Cosas tangibles y que podamos lograr sin dejar nuestro ser y nuestra vida en el intento. Muchas personas se proponen rebajar y se llevan al extremo. Quieren llevar un hábito de comer hamburguesas con papas fritas y refresco, a pura lechuga y agua, con el objetivo de rebajar. Es evidente que abandonaremos nuestro objetivo en cualquier momento, porque nos estamos obligando a hacer algo que realmente no queremos hacer. Cuando queremos algo, realmente trabajamos para hacerlo y lo hacemos, no importan las circunstancias, lo hacemos.

  1. ¿Me va a conducir a algún lado?

Es importante que las cosas que queramos hacer produzcan resultados tangibles o medibles. Si una de nuestras metas es ahorrar hay que establecer una cantidad determinada por periodo de tiempo. Por ejemplo, semanalmente voy a ahorrar 50 dólares. Eso significa que mensualmente estarás ahorrando 200 dólares y que al finalizar diciembre tendrás ahorrados 2400 dólares. Mas importante aún es tener establecido en que vas a utilizar ese dinero ahorrado. Es decir, si la meta es tangible, no basta con que la podamos medir o calcular, si no tener claro cual es la meta real: ¿qué vamos a lograr con eso?

  1. ¿Debo pensar en los demás?

Cuando trazamos nuestras metas, las tenemos de manera egoísta. Estamos estableciendo nuestras necesidades, nuestras metas, nuestros sueños, no los de nadie. Disfrutar más, dedicarnos tiempo, invertir en nosotros, educarnos, mimarnos, prepararnos, etc. Si nuestras acciones no lastiman a nadie, no hieren, no pisotean ni humillan a nadie, no debe importarnos la opinión de los demás. Probablemente debamos enfrentar criticas y resistencia de parte de las personas mas cercanas a nosotros, pero eventualmente, verán que alcanzaste lo que te propusiste y se sentirán orgullosos de ti y lo que es mas importante, tu te sentirás realizada o realizado. Así que solo TU opinión es la que cuenta. ¡Que tu conciencia siempre tenga mas peso que la opinión de los demás! No le temas al cambio ni a ser diferente, que eso es lo que nos distingue del resto, nuestra singularidad.

“La misma rutina no te abrirá nuevas puertas” – Christian Dior

  1. ¿Qué tengo que hacer?

Es aquí donde debemos organizarnos y utilizar nuestra agenda. Yo utilizo la agenda y hago apuntes en las notas del celular. Son herramientas que utilizamos muy poco pero que son sumamente útiles. Debemos anotar todas nuestras actividades, por mínimas que sean. De esta manera sabremos el tiempo que tenemos disponible para trabajar con nuestras metas y objetivos y podemos establecer un plan. Una meta sin un plan es solo un deseo. Hay que poner manos a la obra y ponernos a trabajar.

“Si ya sabes lo que tienes que hacer y no lo haces, entonces estas peor que antes.” – Confucio

Estas cuatro preguntas a mi me funcionan y estoy segura de que a ustedes les funcionaran. Lo que se necesita es la disposición y las ganas de empoderarnos para ser mejores. Las quejas, las excusas, los lamentos y las frustraciones ya no nos sirven. Hagamos una afirmación diaria, funcionan y se los aseguro. Las afirmaciones pueden ser de pensamientos que nos motiven o nos guíen, pasajes bíblicos, 0 estrofas de una canción (¡Chambea Jala no aplica!). Tengámosla visible en todo momento para recordarnos hacia donde vamos. Si en algún momento nos faltan fuerzas, dirección o determinación, esa afirmación nos traerá de vuelta al camino. Podemos escoger un modelo a seguir, alguien que nos inspire. O podemos utilizar fotos o imágenes y crear un “visual board” (estoy preparando el mío y más adelante les compartiré mi experiencia). Lo importante es que cuando llegue diciembre veamos nuestras metas materializadas y si son a largo plazo, que estén encaminadas y estructuradas. La energía fluye hacia donde se dirige la intención porque no hay simpleza del amor mas grande que la demostración de la energía el Universo.

“Se firme en tus actitudes y perseverante en tu ideal. Pero se paciente, no pretendiendo que todo te llegue de inmediato. Haz tiempo para todo, y todo lo que es tuyo vendrá a tus manos en el momento oportuno.” – Gandhi

La Persona del Año

Cuando cursaba el tercer o cuarto grado de escuela elemental ocurrió un suceso que nunca olvido. Mientras todos jugábamos en el patio, un compañero metió su mano bajo mi falda y me agarró las nalgas. La rabia que sentí en ese momento me hizo reaccionar violentamente y tuvieron que quitarme al nene de las manos. Terminamos en la oficina con el Trabajador Social de la escuela. Recuerdo como si fuera ahora, que aun sentada en la oficina, al lado del nene, mantenía mis puños cerrados del coraje y respiraba de manera agitada. El Trabajador Social insistía en que debíamos arreglar y hacer las paces, pedirnos perdón mutuamente por lo ocurrido, que éramos niños y debíamos ser amigos. Me mantuve firme en que no tenía que pedir disculpas, no tenia que se su amiga y que si tenía que “darle como pandereta” de nuevo, lo volvía a hacer. El Trabajador Social utilizó la estrategia de amedrentar con llamar a los padres, lo que no me intimidó en lo absoluto y me mantuve firme. Tenía bien claro que me defendí de un acto de acoso y una falta de respeto. Desde muy pequeña en mi casa me enseñaron a que debía respetar mi cuerpo y que no debía permitir que nadie me hiciera daño. A mi corta edad, ese día, comprendí que a eso se referían mis padres. A medida que fui creciendo, y viviendo en una sociedad como la que vivimos, donde las mujeres somos objetos ante los ojos de los hombres e incluso de otras mujeres también he sabido trazar la línea, levantar la voz y defender mis límites.

Tuve la bendición de tener los padres que tuve, y que ellos entendieran que desde niña ya mi carácter y personalidad estaban formados. Que había cosas que podían moldear y que había otras que no. Para mí siempre fue bien claro distinguir los ‘red flags’ en el approach de las personas. Cuando recibí el primer papelito de un nene pidiéndome el sí y que marcara con una x, le pregunte a mi mama que significaba eso. Luego de explicarme le dije: “ya le dije que sí, y ahora no sé qué hacer”. ¡Es que el nene era lindo y por poner una x en un papel no me estaba poniendo en peligro!

Hoy sentí una emoción tan grande luego de que acabara la controversia por las posibles figuras políticas que eran candidatos a ser la portada de la revista Time. Ellos decidieron que la persona del año son las que se han atrevido a levantar su voz, a las que se cansaron, a las que se ajustaron los pantalones ante el machismo el abuso, la opresión y la represión y alzaron su voz. Porque ya basta de que se justifique el acoso o la violencia. La decisión sobre quien cruza tus límites y quien no la tenemos nosotras mismas. Nadie debe tener el poder de cruzarlos y aun accediendo a que nuestros límites sean cruzados, el día que digamos no, es NO. Porque el caminar sola en la calle, usar escotes, reírse, beber alcohol, el tipo de música, los lugares que frecuentes o la personalidad que tengas no son invitaciones a dejar aflorar las mas bajas pasiones que puedan tener.

Y hoy sentí emoción por la niña que fue violada, por la mujer que fue violada, por la niña que fue manoseada, por la mujer que fue manoseada, por la mujer que recibió un comentario ofensivo, por la mujer que tuvo una propuesta indecente, por todas ellas, por mi sobrina, por las hijas de mis amigas y mis primas, por todas y cada una de las niñas que pueden ser víctimas potenciales del acoso y de la violencia. Porque hoy sé que si ellas tienen acceso a esas historias y si las empoderamos a agarrar al toro por las bolas, las historias que cuenten serán poderosas.

Rompiendo el Silencio

 

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Cuando cursaba el tercer o cuarto grado de escuela elemental ocurrió un suceso que nunca olvido. Mientras todos jugábamos en el patio, un compañero metió su mano bajo mi falda y me agarró las nalgas. La rabia que sentí en ese momento me hizo reaccionar violentamente abalanzándome sobre el a golpes. Terminamos en la oficina con el Trabajador Social de la escuela. Recuerdo como si fuera ahora, que aun sentada en la oficina, al lado del nene, mantenía mis puños del coraje y respiraba de manera agitada. El Trabajador Social insistía en que debíamos arreglar y hacer las paces, pedirnos perdón mutuamente por lo ocurrido, que éramos niños y debíamos ser amigos. Me mantuve firme en que no tenía que pedir disculpas, no tenia que ser su amiga y que si tenía que “darle como pandereta” de nuevo, lo volvía a hacer. El Trabajador Social utilizó la estrategia de amedrentar con llamar a los padres, y no me intimidó en lo absoluto. Tenía bien claro que me defendí de un acto de acoso y una falta de respeto. Desde muy pequeña en mi casa me enseñaron a que debía respetar mi cuerpo y de la misma manera, otros tenían que respetarme. A mi corta edad, comprendí que a eso se referían mis padres.

Desde niña ya mi carácter y personalidad estaban formados, y en gran parte se la debo a la crianza que me dieron mis padres. Ellos sabían que habían cosas que podían moldear y que había otras que no. Para mí siempre fue bien claro distinguir los ‘red flags’ en el approach de las personas. Cuando recibí el primer papelito de un nene pidiéndome el sí y que marcara con una x, le pregunté a mi mama que significaba eso. Luego de explicarme le dije: “ya le dije que sí, y ahora no sé qué hacer”. ¡Es que el nene era lindo y por poner una x en un papel no me estaba poniendo en peligro!

La decisión sobre quien cruza tus límites y quien no la tenemos nosotras mismas. La decisión de acostarse con alguien la tenemos cada una de nosotras. Y si un día decimos que no, es NO. Porque el caminar sola en la calle, usar escotes, reírse, beber alcohol, el tipo de música, los lugares que frecuentes o la personalidad que tengas no son invitaciones a dejar aflorar las más bajas pasiones que puedan tener. El disfrute de nuestro cuerpo no debe ser el boleto para obtener empleos, mejores oportunidades laborales, salvarnos de multas de tránsito, ni para ningún otro acto que no sea el pleno disfrute de dos personas. Ningún poder político, económico o laboral da el derecho a acosar o violentar los derechos de nadie.

Finalizada la controversia por quien sería seleccionado como “2017 Person of The Year” en la revista Time, recibimos una noticia poderosa. Decidieron que las personas del año sean esas que se han atrevido a decir basta, las que se cansaron, las que se ajustaron los pantalones ante el machismo el abuso, la opresión y la represión y alzaron su voz. Porque ya basta de que se justifique el acoso y la violencia. Y hoy sentí emoción por la niña que fue violada, por la mujer que fue violada, por la niña que fue manoseada, por la mujer que fue manoseada, por la mujer que recibió un comentario ofensivo, por la humillación por la mujer que tuvo una propuesta indecente, por todas ellas, por mi sobrina, por las hijas de mis amigas y mis primas, por todas y cada una de las niñas que pueden ser víctimas potenciales del acoso y de la violencia. No todas tenemos la valentía, no todas fuimos creadas iguales. Pero hoy sé y confío en que si nos empoderamos y agarráramos al toro por las bolas, las historias que contaremos serán poderosas y acabaremos con el falso poder del patriarcado. ¡Hay que quitarle el poder al depredador y empoderar a la presa!

 

Maquillaje para el alma

maquillaje

¡Bendito maquillaje que ocultas las imperfecciones aún en nuestros peores días! Hay días en los que despertamos ojerosas, con la piel opaca, con manchas de sol, o con impurezas y si los planes son quedarnos en casa, podemos estar tranquilas. Pero, ¿qué sucede cuando tenemos una reunión importante, un “date” con ese chico al que estamos conociendo o una fiesta? De inmediato corremos a nuestro estuche de maquillajes y utilizamos todos nuestros trucos de magia para quedar regias.

Hay otros días en los que abrimos los ojos y tenemos que hacer un esfuerzo sobrehumano para levantarnos de la cama. Tenemos heridas que aún no han cerrado. La ansiedad, la depresión, el coraje, la frustración y todos esos sentimientos negativos que crecen dentro de nosotras cuando las cosas no resultan como esperamos resaltan al mirarnos frente al espejo. No queremos salir por no exponer esa parte que no podemos tapar con maquillaje. El terror por mostrarnos vulnerables nos invade y en ocasiones hasta nos impide levantarnos de la cama.

No hay nadie que golpee más fuerte que la vida, ni el mejor boxeador del mundo. Los golpes causados por las embestidas de la vida nos dejan cicatrices que difícilmente se pueden borrar. Tememos mostrarlas porque hemos crecido pensando que las marcas de las cicatrices son feas, que debemos taparlas, ocultarlas y jamás enseñarlas al mundo. Eso es fácil con aquellas cicatrices visibles, las del cuerpo o la cara, pero que hacemos con las del alma. Ocultarlas no es opción, lo que callas te atormenta y poco a poco te consume.

Hace un tiempo leí en el libro “Little Bee” de Chris Cleave lo siguiente:

“Aquí mismo les pido, por favor, estar de acuerdo conmigo en que una cicatriz nunca es fea. Eso es lo que los fabricantes de cicatrices quieren que pensemos. Pero tú y yo tenemos que hacer un arreglo para desafiarlos. Debemos ver todas las cicatrices como belleza. ¿Bueno? Este será nuestro secreto. Porque no se forma una cicatriz en una persona moribunda. Una cicatriz significa que sobreviví. Unas pocas respiraciones y les hablaré algunas palabras tristes. Pero debes escucharlas de la misma manera que hemos acordado ver las cicatrices ahora. Las palabras tristes son sólo otra belleza. Una historia triste significa que este narrador está vivo. Lo siguiente que sabrás es que le pasará algo bueno, algo maravilloso, y luego se volverá a sonreír.”

Entonces comprendí que las cicatrices del alma debemos aceptarlas y aprender a sanarlas. El primer paso es aceptar que están ahí y abrazar esa lección de vida que nos dejó. Y luego tenemos que aprender a sanar porque la vida quiere que ganemos todas las batallas y que venzamos todas las adversidades. Así como buscamos el maquillaje perfecto para ocultar nuestras imperfecciones, busquemos las herramientas necesarias para sanar las heridas del alma. Nada va a cambiar el hecho de un desamor, de una desilusión, de una violación, del maltrato físico y emocional que te pudo haber causado otra persona, pero lo que haya sucedido ya no forma parte de nuestro presente y así como el calendario avanza, nosotros debemos movernos paso a paso.

Cambia de ambiente, sal a caminar, haz ejercicios, cambia tu alimentación, busca ayuda profesional o espiritual, deshazte de fotos y artículos que te traigan recuerdos dolorosos, tiñe o recórtate el pelo como quieras (en estos días me deshice de más de la mitad de mi pelo y la sensación de desprendimiento y libertad es WOW), haz amistades nuevas, lo que sea, pero busca  el ‘concealer’ y el ‘foundation’ que se ajuste a ti.  Y cuando te sientas que la vida te ha pateado más duro que nunca y que tus heridas se han abierto, vístete para matar, y píntate los labios rojos pasión y descubre el poder terapéutico que eso causa en ti.

Los regalos de María

Mami, ¿qué te gusta más, el día o la noche? Mi hijo menor, a menudo me hace esa pregunta. Sin dudarlo, siempre le contesto que me gusta más la noche por su tranquilidad, su silencio y su paz. Está en esa edad en la que no le encuentra sentido a dormir. Hace semanas que no me ha vuelto a preguntar. Si lo hiciera, le contestaria que la noche, excepto la madrugada del 20 de septiembre.
Debo confesar que nunca había sentido tanto miedo. Esa tranquilidad, seguridad y fortaleza que estaba transmitiendo a mi familia no era más que pura fachada. Desde que comenzaron las ráfagas, cada una de ellas helaba mi alma (nunca sentí calor). Uno de los nenes me pregunto cuando se despertó con el ruido del viento: “Mami, ¿tú tienes miedo?” Le conteste: “No, estamos seguros aquí dentro.” Con el corazón a punto de salir por mi boca y dudando si realmente estábamos seguros. El cielo aclaró un poco, por lo que supe que ya era de día, pero los vientos no cesaban. Una taza de café nunca me supo más amarga (aunque haya sido hecho por mi mama que hace el café más dulce que he probado en mi vida). Afuera las palmas se caían, los objetos volaban, puertas de cristal de los edificios vecinos se abrían. Y mientras tanto mis ojos solo veían los sueños de toda mi niñez y el sacrificio de mis padres volar por todas partes a unas millas de mi casa. Experimentar en carne propia la fuerza de ese fenómeno me hizo pensar que una vez todo pasara, ese hogar en el que nací, crecí y donde mis hijos se han criado, estaría reducido a escombros una vez pudiéramos llegar. Llegar hasta donde mis sobrinos y mi hermano seria casi imposible, pues las carreteras rurales estarían intransitables. Estaba sumida en estos pensamientos, los nenes se habían vuelto a dormir, mami se había vuelto a meter en el cuarto, cuando se intensifico aún más toda aquella pesadilla. Ante mis ojos, el viento luchaba por abrir la puerta de la sala y las puertas dentro de la casa vibraban con fuerza. En ese momento di por sentado que las puertas se abrirían y necesitaba moverme al lugar más seguro. Fui al baño, con sabanas improvisé una cama en el piso y con dulzura levanté los nenes de mi cama para meternos ahí dentro. Este se convirtió en nuestro refugio por las próximas horas. A mis papas los deje en el cuarto que menos se escuchaba lo que sucedía afuera, aunque a decir verdad mi mama apenas durmió escuchando noticias en las emisoras de radio y repitiendo una y mil veces “Ay mi casita”. Mi hijo mayor me dijo: “Mami te ayudo a meter las cosas de la sala en el cuarto para que no perdamos tantas cosas si se llegara a abrir la puerta.” Le explique que en ese momento lo importante era estar seguros y que las cosas materiales que perdiéramos las repondríamos poco a poco. Aproveche y bromee con el diciéndole que no íbamos a necesitar nada de las cosas electrónicas puesto que no tendríamos luz por muchísimo tiempo. Mi nene pequeño traía consigo una espada tipo light saver en la que decía que iba a cortar por la mitad las ráfagas. Fueron las horas más largas de mi vida.
En ese momento me sentí tan sola, aun rodeada de mi familia. Necesitaba a alguien que me abrazara y me dijera que todo iba a estar bien. Que no me preocupara. La soledad nunca me había golpeado tanto y se instaló a mi lado para hacerme compañía el día que menos la necesitaba de visita. Quería llorar tan fuerte que todo el terror que sentía saliera de mí. Imaginaba las personas que en ese momento se encontraban en peligro, perdiendo sus hogares por el viento o las inundaciones. Cerré mis ojos lo más fuerte que pude y respiré profundo varias veces mientras sentía el pánico llegando sin ser invitado. Esta vez no lo deje pasar de la puerta del baño y poco a poco comencé a controlar mi respiración, Me arme de valentía, salí del baño y me arrodille en mi cuarto a orar.
Al cabo de unas horas, poco a poco la intensidad de ese monstruo llamado Maria fue perdiendo fuerzas, entonces el agua comenzó a hacer estragos. Estuve un rato sacando agua del pasillo para evitar que entrara a la cocina. Observaba el semblante de frustración e impotencia en mis padres, probablemente imaginando su casa como yo la imaginaba. Aunque mi papa le decía a mi mama que no fuera tan pesimista, sus ojos delataban lo que en realidad estaba pensando. Cuando pudimos abrir la puerta, mi calle, que está llena de árboles y mucho verdor, parecía una zona de desastre Tal parece que, en vez de vientos, el huracán tenía antorchas encendidas en llamas y los arboles parecían quemados. Tantos videos, películas e imágenes y ahora estaba viendo todo eso a través de mis ojos. Todos estábamos en una especie de trance. Probablemente cada uno estaría preguntándose, al igual que yo, si todo aquello formaba parte de una pesadilla y al despertar nada de eso estaría pasando.
Así comenzó lo que sería el día uno de una nueva vida. Con las emociones trastocadas, rodeada de mi familia, pero sin poder llamar o enviar un mensaje al resto de las personas que amo. Comencé a enfrentar una de mis peores pesadillas: no poder comunicarme. Salí a los alrededores de mi casa, encendiendo y apagando el celular, a ver si en uno de esos intentos lograba comunicarme. No recuerdo cuantas veces lo intenté, pero al cabo de bastantes veces, me di por vencida y no lo volví a intentar. Basto dar una mirada a mi alrededor para entender que lo que me rodeaba y la vida tal y como era hace un día atrás había dado un giro inesperado y se acercaban momentos de cambios. La destrucción iba mas allá de árboles y palmas caídos. Fue ver la reserva, parque pasivo, parques de pelota y veredas por las que alguna vez caminé e hice ejercicio para despejar mi mente completamente destrozados. Cada metro que se movía el carro me daba cuenta que estábamos ante una realidad desastrosa. Familias removiendo escombros de lo que un día fue su hogar. Tirando todas las pertenencias a la basura y desprenderse de ellas para siempre. Camino a la casa de mis padres el miedo que tuve durante el huracán, estaba de regreso. Si había visto tantos hogares destruidos, incluyendo edificios comerciales, ¿Qué me hacía pensar que la casa de ellos había corrido mejor suerte? El rostro de impotencia, dolor, frustración y desolación de las personas que veía en la calle van a ser imágenes que jamás voy a poder borrar de mi mente. En mi mente iba tratando de internalizar toda esta situación, ir explicándole a mis hijos lo que estaban viendo y saber que iba a hacer una vez llegara a casa de mis padres. No me puedo imaginar que estarían pensando ellos en su carro mientras se acercaban a su casa. Finalmente llegamos y hubo una sensación agridulce entre ver que las pérdidas, aunque significativas, su hogar existía y había resistido la embestida del fenómeno natural más grande registrado en este país, y por otro lado ver el hogar de algunos vecinos destruidos. No sé si mis padres sintieron alivio o que, pues al ver sus rostros no supe identificar cual era el sentimiento. Puedo describirlo como una especie de shock.
Me invadía un sentimiento de impotencia y de incredulidad ante todo lo que estaba viendo a mi alrededor. Escuchaba noticias cada vez mas tormentosas. Familias en sus techos esperando que los rescataran ya que sus hogares se habían comenzado a inundar en lugares que no esperaban que llegara el agua. Familias que tuvieron que huir de sus hogares porque de repente el agua y el lodo rompieron cristales y ventanas y los hizo salir de su hogar a buscar un refugio en medio del huracán. Puentes y carreteras colapsados dejando inaccesibles muchísimas comunidades con infinidad de necesidades. María nos quitó lo que éramos, las comunicaciones, los adelantos, las carreteras, la electricidad, el agua, los suministros, los alimentos, las comodidades. No podemos decir que estuvimos preparados para una catástrofe como esta porque no lo estábamos, no hacia manera de estar preparados. A medida que fueron pasando los días las necesidades fueron aumentando.
• Filas interminables para echar gasolina, obtener dinero en efectivo de los cajeros automáticos, comprar comida, obtener medicamentos,
• Alimentos escaseando en los pocos supermercados que pudieron abrir las puertas para que las personas obtuvieran lo básico.
• Hospitales y farmacias cerradas.
• Personas dependientes de medicinas o respiradores o equipos médicos luchando minuto a minuto por su vida y probablemente con sus minutos contados,
• Personas que lo habían perdido todo y sin probar bocado en todo el día,
• Personas sin acceso al agua potable
• Miles y miles de personas clamando e implorando ayuda a las autoridades pertinentes o a ciudadanos que los ayudaran porque estaban sumidos en la desesperación.
• Escombros por doquier
• Personas enterrando a sus familiares en fosas comunes porque no tenían comunicaciones ni accesibilidad para llegar o llamar a una funeraria.
• Establecimientos comerciales saqueados
• Miles y miles de personas huyendo del país
• Comunicaciones sin poder restablecerse
• Bancos y cajeros automáticos cerrados para poder obtener dinero en efectivo.
• Empresas anunciando su cierre y despidos masivos.
• Desolación y desesperación porque las ayudas necesarias a las comunidades no llegan
• Familiares y amigos en la diáspora vivían con nosotros, aunque a lo lejos, toda esta encrucijada, deseando hacer algo por nosotros, sin tener noticias nuestras, sin poder contactarnos y sintiéndose impotentes de no poder hacer mucho
Podría seguir mencionando miles de situaciones más y no termino. Si me volvieran a preguntar de nuevo que si estoy preparada para el huracán, mi respuesta sería no. Creía que haber comprado linternas, baterías, estufita de gas (para la que luego se me hacía casi imposible conseguirle el gas), almacene agua potable, tenía dinero en efectivo en casa de necesitarlo, comprar alimentos que no se dañan y suficientes suministros para varios días, era suficiente, pero hoy sé que nada iba a ser suficiente. Lo que si se es que María pudo habernos quitado mucho, pero también nos devolvió demasiado. Esta prueba que nos han dado es extrema, pero hemos sido resilientes.
Maria nos devolvió:
• El sentido de comunidad.
• La confraternización
• La unidad
• La comunicación real y de manera verbal con otros. Los mensajes de texto fueron remplazados por notitas en papel para que alguien supiera que lo fuimos a visitar para saber de ellos o le dejamos algo. Uno de estos días, encontré una en mi apartamento que me hizo llorar por un rato lamentando no haber podido estar. ¡Deseaba tanto poder abrazar a esa persona!
• La infancia a nuestros niños
• Las agallas para ajustarnos los pantalones (o las faldas) y dejarnos de vivir del cuento. O salimos a buscar lo que necesitamos o nos morimos. Nos tocó caminar a pie para ir a comer y de esa manera no hacer mal uso de la gasolina en nuestros carros.
• El valor de las cosas que poseemos y apreciar el sacrificio que nos ha costado tenerlas. Tantos objetos de valor que poseemos y verlos ahora en desuso nos hace comprender cuanto hemos gastado en lujos, en cosas innecesarias o en objetos que nos llenas de satisfacción haberlos adquirido.
• El desprendimiento y nos enseñó que más de la mitad de las cosas que poseemos no son necesarias y que ni aun teniendo dinero en el bolsillo es significado de ventaja para ayudarnos a salir airosos de esta.
• La sencillez para que aprendamos a vivir sin lujos ni comodidades. En la mayoría de los hogares no hay luz ni existe la posibilidad de poseer un generador por lo que no hay blower, ni plancha, ni lavadoras, ni secadoras, ni plancha de ropa, ni aire acondicionado. Hace tanto calor que apenas se utiliza el maquillaje. Ni hablar de la ropa, hay que lavarla a mano, así que no hay mahones que valgan.
• La humildad para aceptar cualquier ayuda que nos brinden (transportación, comida, agua, hielo. Nunca nos había hecho tan feliz que alguien nos dijera: “te traje agua fría.” Cuando regreso del trabajo y una vecina me dice: “Edmarie, ¡te tengo un regalito!, grito de la alegría porque sé que es un poquito de hielo para que al otro día los nenes puedan llevar juguitos y agua fría para su merienda. Y mis amigas cuando se aparecen con hielo o galones de agua congelados para que pueda enfriar otras cosas son los mejores regalos que pudiera recibir en este momento. Nuestros familiares y amigos que viven fuera del país se han desbordado en ayudas y no cesan de preguntar que nos hace falta. Algunos incluso nos han pedido que nos vayamos con ellos un tiempo o que nos tomemos unos días. ¡La vida no me va a alcanzar para agradecerles cada una de las muestras de apoyo de cada persona!
• La paciencia para esperar por lo que queremos y si desesperamos se nos hace mas largo el tiempo. Es drenante la gran cantidad de tiempo que nos toma realizar una actividad que en el pasado nos tomaba minutos e incluso un solo “click”.
• La capacidad de saber apreciar nuestra isla. Nunca habíamos añorado tanto el canto del coquí, el verde de las hojas de los arboles (así sea de un árbol de “meaito” o de un tamarindo que en algún momento querías tumbar con tus propias manos). Basto con que viéramos el daño que hicieron las ráfagas, que tal parece que en vez de viento era fuego. Pero nuestra naturaleza nos ha demostrado como se sobrevive. ¿O es que acaso no han visto que donde todo estaba de colores muertos, el verdor va renaciendo?
• La solidaridad y nos enseñó a compartir lo que tenemos con los demás. Un galón de agua fría o una bolsa de hielo nunca había rendido para tantas personas, como ahora que tenemos la conciencia de que no tenemos donde conservarlo frio y si nos lo quedamos para nosotros solos, eventualmente nos lo tomaremos tibio. Ofrecer tu casa, tu baño, tu lavadora (así sea el modelo nuevo manual) para que la utilice algún familiar o amigo que no tenga.
• La necesidad de los abrazos y el calor que brinda el abrazo en el momento perfecto.
• El valor de un plato de comida caliente a diario. ¡Nunca me había sentido más afortunada de poder cocinar y comerme un plato de arroz y habichuelas!
• El valor y la bendición de contar con un empleo que nos permita llevar el sustento a nuestro hogar. Muchas personas están en la incertidumbre de sus trabajos, e incluso los han perdido. Conservar el empleo es una gran bendición. Debemos ser agradecido, aunque sea difícil, aunque nos hayan sacado de nuestra zona de confort.
• Las tertulias entre vecinos y amigos hasta que el cansancio nos venza. Esto ocurre alrededor de las 8 de la noche y si dan las 9 de la noche, nos sentimos como en esos días cuando nos amanecíamos en algún ‘jangueo’.
• El disfrute de un aguacero y correr bajo la lluvia. Basto estar dos días corridos sin agua para aprovechar y correr a bañarnos y lavarnos el pelo aprovechando el agua que nos brindaba el aguacero. Hemos permitido a nuestros niños correr y disfrutar la mayoría de los aguaceros sin estar impidiéndoselo para que no se enfermen.
• La dicha de ver a los niños soltar y olvidarse de los juegos electrónicos y jugar entre ellos, hacer amistad, y volverse inseparables día y noche buscando aventuras.
• La esperanza, la fe y la fortaleza para levantarnos
• El valor de cada minuto al lado de las personas que amamos

Hoy, varios días después de esa noche tan fatídica, me doy cuenta de que María nos quitó muchísimas cosas y nos devolvió muchísimas más. Algunos días son menos difíciles que otros, hay días en que nos sumimos en la incertidumbre, en la desesperación, en la agonía, en el pesimismo. Eso es normal y está permitido. Está permitido llorar, está permitido gritar, está permitido ‘encojonarse’. ¡Tenemos derecho! Lloremos, gritemos y con esa misma furia saquemos pecho y defendamos lo nuestro. Salgamos adelante y saquemos adelante nuestro país. No juzguemos a los que se están montando en aviones huyendo de la situación, porque se requiere de mucha valentía dejar muchísimas cosas atrás (a los que se van a aventurar, a huir de responsabilidades y a convertirse en una carga para otros, a esos si critiquémoslo, y digámosle que les falto valentía, coraje y agallas para aguantar). En la diáspora miles de puertorriqueños que hace algún tiempo decidieron irse a buscar mejor suerte se han desbordado en ayudas y si somos realistas, si no fuera por ellos, por la clase artística y por las personas que se han unido para ayudarse entre ellos mismos creando fundaciones, el panorama fuera más desolador aún.
Nuestras decisiones van a eliminar nuestras quejas. El quejarnos es una decisión de por si, en la medida en que nos regodeemos en el lamento en vez de buscar soluciones, jamás lograremos sobreponernos a las adversidades. Todos tenemos una historia diferente, abracemos en solidaridad y no hagamos menos la angustia de otros. No es momento de crear protagonismo por creernos que la cruz que llevamos a cuestas es más pesada que la de otro. Hoy todos somos uno, María nos devolvió la simpleza del amor a los pequeños detalles tan sencillos como un “aquí estoy para lo que necesites.”
Pd: Mi familia y yo estamos bien. Mi papa arropa la cisterna todas las noches con toldo plástico desde las noticias de la leptospirosis, no duerme bien velando que no se trepe algún ratón. Por el día la destapa para que el sol le de directo y el agua se caliente (calentador solar). Mi mama por fin pudo ir a Marshalls, esa es su terapia, y aunque la fila de Walmart esta del cara’ ella la hace todas las veces que sea necesarias, total no hay luz en la casa para ver TV. Mis hermanos están bien. El menor hace unos meses se había mudado a la Florida por un contrato de trabajo y hace unos días me toco despedirme de mis sobrinos. Al igual que cuando mi hermano se fue, no me quise despedir, porque no tengo la fortaleza que ellos necesitan que se les transmita, pero yo sé que es para progresar y para estar todos juntitos. Así que somos parte de esas familias que se quedan incompletas por la crisis en el país. Los nenes ya no se pelean por el Xbox, ahora se pelean por quien se baña primero y aprovecha el agua calientita que pueda haber en la tubería. Derek ya puede dormirse sin night lamp y se baña con el agua como salga del grifo, aunque la mayoría de las veces sale seco. Yo estoy bien, me levanto todos los días agradecida porque no tuve pérdidas significativas y muy contenta y motivada a estar en los tapones. Mi intención de hacer algo diferente al menos una vez al mes se está cumpliendo (Papa Dios, un tapón de casi cuatro horas era suficiente, ya está bueno). Aprendí a sustituir el ruido del abanico o el aire acondicionado por los generadores eléctricos de los vecinos. Llevo noches pensando comprar un generador silencioso y alquilar una manguera de agua a presión para desquitarme de los guardias de seguridad de la Urbanización vecina. Cada vez que paso por el lado de una gasolinera sin carros y mi tanque no está lleno, me paro y echo porque vivo con miedo de tener que volver a hacer una fila kilométrica. Y no he vuelto a hacer ejercicios por miedo a que una vez termine, abra la pluma y no salga agua.

El Pillo del Barrio

Si en alguna marquesina, balcón, terraza o patio del barrio en el que me crie faltaba algo, la responsabilidad, siempre, era de una persona en específico. Esa que tenía la mala fama por ser aficionado a coleccionar, tomar prestado o vender objetos que le pertenecían a algún otro vecino. A ese lo llamaban “El Pillo del Barrio” y todos los miembros de la comunidad lo tenían bien identificado. Algunos vecinos lo miran por encima del hombro. Las razones para robar pueden ser muchas, desde hacerlo por necesidad para generar dinero producto de la venta de artículos robados porque no tienen otro modo de empleo, por volverse adictos a esta práctica, por placer, entre muchas otras razones.

Nada justifica el acto de apropiarse o de robar algo que no nos pertenece. Muchas cosas se obtienen con esfuerzo, algunas tienen un valor sentimental y otras se adquieren con muchísimo sacrificio. Pero, si evaluamos nuestra vida, ¿realmente somos quienes para juzgar a estos ladrones? No solo el que roba objetos, dinero o autos es un ladrón.

  • Si con tus comentarios hieres a otros, eres un ladrón de felicidad
  • Si con tus actos molestas o incomodas a otros, eres un ladrón de paz. Por ejemplo, cuando una noche en tu casa decides poner el volumen de tu música tan alto que el vecino no puede descansar, sin importarte que sea de madrugada, si vives en un piso superior y te da por mover muebles o si temprano en la mañana decides cortar la grama con la podadora.
  • Si cuando alguien te cuenta un secreto o te confía una información se la cuentas a otros, eres un ladrón de confianza
  • Si tratas de escuchar o leer conversaciones de ajenas, eres un ladrón de privacidad. Igual si estas pendiente a lo que ocurre en casa de tus vecinos, lo que hacen tus compañeros de trabajo o de clases o pegas tu oreja tras la puerta del cuarto de tus hijos.
  • Si haces preguntas imprudentes como: ¿vas a seguir rebajando?, ¿Cuándo vas a dejar de comer?, ¿vas a seguir sola?, etc., eres un ladrón de tolerancia.
  • Si te interpones u obstaculizas el camino para que otros cumplan sus metas, eres un ladrón de aspiraciones.
  • Si por sobresalir, venderte o quedar bien te adjudicas proyectos de otros, eres un ladrón de ideas.
  • Cuando rompes el corazón de alguien, eres un ladrón de ilusiones.
  • Si buscas enlaces en internet para ver películas o eventos deportivos gratis, eres un ladrón de servicios.
  • Cuando hablas de otros para manchar su imagen, eres un ladrón de reputación
  • Cuando obstaculizas el aprendizaje y no te esfuerzas en llevar un mensaje, eres un ladrón de conocimientos.
  • Si utilizas a las personas como zafacón de frustraciones, quejas y negatividad, eres un ladrón de energía.
  • Cuando retienes algo que no necesitas y puede ser de provecho para otro, eres egoísta y eres ladrón de oportunidades.

Podría seguir mencionando miles de ítems que demuestren que cualquier cosa que afecte negativamente a otro, es un robo. Debemos tener en cuenta que de la misma manera que no en todas las casas hay sistema de vigilancia, rejas o seguridad, así mismo hay algunas personas que no tienen manera de protegerse de nuestros ataques. No tienen la seguridad, no tienen la salud física o emocional para combatir o resistir este tipo de robo. A un adulto, al igual que a un niño se le puede robar su inocencia, sus sueños y sus aspiraciones en un solo segundo. No siempre tendremos oportunidad de evaluar nuestros actos y de enmendar nuestros errores. Hay daños que son irreparables, y eso es lo que debemos evitar. El primer paso es aceptar nuestro error y trabajar para no caer la tentación de privarle a alguien su derecho a vivir tranquilo y en paz. Tengamos bien claro que, de igual manera, nosotros también estamos expuestos a que a diario nos roben. ¿Todavía crees que puedes juzgar a alguien que por necesidad se robó un generador eléctrico en estos días?