Comprende y acepta

Las últimas semanas han sido una montaña rusa de emociones. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación. Me costó mucho trabajo y tiempo aprender a manejar esas emociones que mantenían mi mente fluctuando (dejo aparte los corajes porque esos me surgen espontáneos). Creo que me enfoqué y me cubrí con una coraza para poder trabajar conmigo y me olvidé de otras cosas que son más importantes. Cuando comencé a compartirle mis escritos y mis pensamientos, lo hice siguiendo una corazonada que me decía que compartiera mis palabras con el mundo y a la misma vez era lo que yo necesitaba aplicar en mi vida en ese momento. Confió demasiado en el poder de la escritura y de unas palabras certeras en el momento preciso. Y sé que he servido de ayuda para muchos. Creo que me enfoque en salvar a los demás, en ayudarlos a sentirse bien, en cargar a los demás con sus situaciones y ponerles las palabras correctas en su camino. Y en ese camino me fui olvidando de mí.

Me fui sugestionando con pensamientos, con ideas, con proyectos profesionales y personales, con miles de cosas para mantener mi mente ocupada. Repitiéndome una y mil veces: “confía en los procesos”, como si me tomara una pastilla de fe diaria. Confiando en que todo lo que pida con fe y en oración se me va a conceder, vi pasar los días, semanas, meses, y ni rastros de algunas cosas. Sentándome en el patio a mirar al cielo y a cuestionar el por que y el para que, de muchas cosas, pidiendo señales para mantenerme firme en mis propósitos. Y cada vez recibía el mismo mensaje: “abraza tu oscuridad”. ¡Y cuando carajo va a haber luz! Porque es humano y normal cansarse, y que la mente se agobie.

Así comprendí que a veces nos alejamos de nosotros mismos porque no queremos enfrentar nuestros matices oscuros. No queremos mirar a los ojos a nuestros miedos y a nuestros desaciertos. No queremos ser humildes y dejar el ego a un lado y decirnos: “¿Sabes que? Por más vueltas que le des, y pidas y pidas, lo que vas a tener es lo que Él quiera.” Si hay alguien a quien le huyo y le viro la cara es a enfrentarme a mí misma. Porque cuando escribo que nos perdonemos y que no nos juzguemos y nos tratemos con amabilidad, lo escribo para mí, porque soy mi peor critica. A veces pienso que no necesito ningún enemigo, ¡si con mi juicio falto de ecuanimidad y acusador es más que suficiente!

Así que di cara y me enfrenté. En mi afán y aventura de ayudar, de escuchar, de compartir, olvide que si algo me levantó de muchas situaciones, fue abrazar mi espiritualidad, y de eso me había alejado. Empecé a recordar las veces que Dios ha tocado en mi puerta últimamente y lo he ignorado. Ha empujado la puerta y he medido fuerzas cuando solo quiere ocupar el lugar que le corresponde en mi vida. En su lugar he colocado series de televisión hasta quedarme dormida, audios que me hagan desconectarme del mundo y solo me lleven a ensimismarme, actividades sociales, interacción con otras personas, en fin, hice todo lo posible por ir sacándole de mi vida y darle solo unas buenas noches o unos buenos días. Recordé todas las veces que Él me ha levantado y que he visto su misericordia y su poder. Entonces pude entender que mi alejamiento fue porque me enoje con El porque las cosas me las da a su tiempo y no al que yo quiero, porque me da lo que necesito y lo que es lo mejor y no me da lo que yo anhelo.

Sentí la necesidad de ir a la iglesia y recibí el bofetón que necesitaba:

  • Necesitas humildad y hacer silencio para que el corazón hable en oración.
  • Aprovecha cada mañana que el Señor te brinda para mejorar tu espiritualidad.
  • Ninguna victoria se logra si no es conforme a su voluntad
  • La única fortaleza que necesitas no es contra el mundo si no para mejorar la vida espiritual
  • Si te dejas sostener, enderezar y guiar, El obra para bien.
  • De nada te sirve orar y arrodillarte con lágrimas en los ojos, si eres hipócrita en tu fe y pides solo lo que te conviene.
  • Aprende a aceptar la voluntad ya sea en forma de bendiciones, pero también en forma de cruces.
  • No te dan cruces que no puedas cargar, y todas tienen un propósito de crecimiento de vida
  • Si tu oración no es frecuente, confiada y dentro de ella no hay gratitud, de nada sirve.

Entonces supe que el día que comprenda y acepte que no es lo que yo quiera, ese día encontrare paz…

El Traje Rojo

traje rojo

 

Cuando niña, mi juguete favorito eran las muñecas Barbies. Recuerdo que iba con ellas a casi todos los lugares, incluso al salón de clases. Mi maestra de primer grado no ha olvidado la bolsa de Barbies que llevaba conmigo todos los días. Tenía una con el cabello larguísimo y un día decidí que su cabello necesitaba otro estilo, busque unas tijeras y se lo corte. Había visto a las chicas en los salones de belleza recortar a otras personas y parecía sencillo, pero cuando termine el recorte, me di cuenta de que, al igual que para recortar papel, no tenía talento para recortar pelo (hace unos años intente lo mismo en mi pollina, imaginen el resultado). Aun así, con todo y el pelo horrible, no me deshice de ella porque formaba parte de mi colección de muñecas. ¡Sufría tanto cuando mi primita, a la que de cariño apodo ‘Pelusa’, entraba por la puerta de mi casa con sus rizos alborotados! Mi reacción era la misma que los peces de la película de “Finding Nemo” al ver entrar a “Darla”, ¡pánico! Porque las sacaba de su lugar, las despeinaba, les cambiaba las ropas, etc. Cuando me casé, adivinen que hizo mi mama: regaló mis Barbies (aún no se lo puedo perdonar), solo se salvaron las dos que me había llevado conmigo porque las tenía con su stand como decoración en mi cuarto. Cuando me mudé de la primera casa en la que viví, la nieta del dueño quedó maravillada con las muñecas. Fue ahí cuando, con dolor en el alma, me deshice de las últimas dos que conservaba. La cara de la niña y su ilusión y deseo por tenerlas me dijeron que era momento de soltar.  Me costó mucho trabajo deshacerme de ellas, porque desprendiéndome de ellas me desprendía de los recuerdos y de los momentos mágicos cuando inventaba e imaginaba mundos con ellas en mis manos.

A demás de las Barbies, tenía un traje rojo al que amaba con locura. Era de esos bien hermosos de nuestra época (la de los 80’s), con volantes, la tela picaba, lentejuelas, y voladito (no se de diseño de modas para especificar el estilo, pero la modelo en la foto luce la pieza fiel y exacta de la que les hablo).  En ocasiones mi mama me combinaba ese tipo de trajes con medias ‘pantyhose’ y yo las odiaba, así que no me duraban mucho tiempo. En medio de la misa, me paraba, metía las manos bajo el traje y me las quitaba. Tiempo después le cogía las que ella utilizaba para el trabajo, me las ponía y les hacía rotos (para imitar a Gloria Trevi). ¡Pa’ que aprendiera a no obligarme a usar esas medias!  Yo era muy voluntariosa (la verdad es que aún lo soy) y recuerdo que tenía la necesidad de ponerme ese traje a menudo, para cualquier lugar, incluso cuando apenas me servía. ¡Era mi traje favorito! ¿Por qué tenía que renunciar a el?

Así somos con los recuerdos, con las posesiones, con las personas, con las ideas. Sabemos que ha llegado el momento de desprendernos de ellos pero postergamos y tememos dar ese paso. El desapego y el desprendimiento son procesos complejos en los que nuestra mente siempre va a encontrar excusas razonables para conservar eso de lo que debemos deshacernos. Es una respuesta innata de nuestra mente que desarrollamos desde que estamos en el vientre de muestra madre. Aprendemos a apegarnos a lo que amamos. Es por eso que los bebes lloran al despegarse de su madre y se calman al tenerla cerca o a alguna persona cercana a su entorno.   A veces estamos en una relación, de cualquier tipo, carente de emociones, sentimientos y de compromiso, vacía, por costumbre, por obligación, en la que no hay plenitud, pero hay abundancia de dudas. Permanecemos en ella por miedo a la soledad, por miedo al que dirán, porque queremos evitar el proceso de una separación, porque estamos tan acostumbrados a vivir de una manera que dar ese paso nos causa temor, porque no quieres herir a otros, porque no quieres causar un disgusto a tu familia, por los hijos, por una estabilidad, por miles de razones. Y ahí nos quedamos, sabiendo lo que debemos hacer, pero convenciéndonos de no hacerlo.

Nuestro estilo de vida y las costumbres que tenemos también cuesta trabajo cambiarlas. Aunque sepamos que debemos hacer algunos cambios en nuestro comportamiento, en nuestros hábitos alimenticios, lugares que frecuentamos, personas con las que compartimos. Sabemos que hay muchos factores internos y externos que debemos sacar de nuestra vida pero no tomamos cartas en el asunto. La zona de confort siempre es mejor que correr riesgos y tomar decisiones firmes, difíciles, pero gratificantes luego de algún tiempo.

En ocasiones la vida nos obliga a soltar y dejar ir. El destino nos arranca de repente a un ser querido, a una mascota, a una posesión con un valor sentimental, o hasta un proyecto, y se nos derrumba la vida en un instante. Nos aferramos al recuerdo y nos rehusamos a desprendernos de la presencia física de “eso” que tanto amamos. Cuando el corazón es quien se rehúsa a desprenderse, no hay tregua. Es difícil dejar ir eso que tienes guardado en lo profundo de tu alma. Sufrimos en silencio y nos enterramos en la tristeza. Sabemos que debemos soltar y eso nos consume.

En el transcurso de la vida vamos a desarrollar y cultivar sentimientos hacia diversas personas o hacia cosas. Vamos a establecer vínculos muy cercanos y las llegaremos a hacer parte fundamental en nuestros días. El placer, la alegría, la plenitud, la comodidad, la seguridad, la energía, la paz, o la sensación que “eso” nos proporciona la idealizamos como algo eterno. El paso de las personas, de las cosas y de todo lo que sucede en nuestra vida es efímero. Me encanta esa frase de Frida Kahlo: “A veces hay que seguir como si nada, como si nadie, como si nunca.” Porque lo único a lo que debemos aferrarnos es a atesorar y vivir a plenitud cada momento presente. ¡Cojámosle apego al presente, y que eso que ya no tenemos sea una motivación que nos llene de determinación para cumplir nuestros deseos de una manera más profunda!

A Destiempo

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Estando en el trabajo, recibo un mensaje de texto ‘random’ con una invitación para vernos. Al ver el mensaje, dudé. Sabía que reencontrarnos significaba recordar y revivir muchas cosas que había guardado  en el cajón del olvido ‘Anyway’, me armé de valor y acepté la invitación. No tenía nada que perder, era aceptar o tirarme en el mueble de mi casa a cambiar de canal en canal el televisor. En varias ocasiones pensé en cancelarle, pero no encontraba la excusa perfecta. En el camino me relajé y me mentalicé para llegar al lugar, pedir un trago y relajarme durante la espera, porque sabía que la impuntualidad era su mejor cualidad. Varios minutos antes de lo acordado suena el teléfono: “Ya estoy en el lugar. Voy pidiendo una mesa. ¿Qué vas a tomar?” Contesto: “Lo mismo de siempre.” Llegué al lugar, me retoqué el maquillaje y me puse ‘lipstick color afterwork’. Entré, identifiqué la mesa y allí estaba. Después de un corto, pero emotivo abrazo, nos sentamos. Sus primeras palabras fueron: “¡Estás hermosa, como siempre.” Le contesto: íGracias, sí, muchas cosas han cambiado, otras nunca cambian.” Y sonreí porque sé muy bien que mi sonrisa es una de mis mejores armas de escape cuando necesito ocultar lo que en realidad siento y  me moría de ansiedad por el reencuentro.

Lo próximo fue preguntarme que había estado haciendo todo este tiempo. A lo que conteste: “no me quejo, pero cuéntame, ¿cómo te va a ti?”. Sus ojos me decían que muchas cosas habían cambiado y eso me alegraba inmensamente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, incluso traté de recordar cuando fue esa última vez. La mesera se acercó con los tragos y nos dijo: “Hacía tiempo que no venían por aquí, que bueno atenderles.” Nuevamente, sonreí. Finalmente comenzó a contarme que había sido de su vida. “Para hablarte con sinceridad y honestidad, como sé que te gusta que te hablen, debo empezar por decirte que la razón por la cual me aleje de ti fue otra persona, una de la que nunca te hablé. Cruzamos miradas hace varios años atrás y desde ese momento esa mirada se grabó en mí. En ese entonces, estaba recuperándome de una mala experiencia y lo menos que quería era complicar las cosas aún más. Varios días en la semana nos cruzábamos y muchas veces estuvimos tan cerca el uno del otro que entablar conversación hubiese sido facilísimo. Mil veces imaginé ese momento, ya sabes que la timidez no es una de mis cualidades, pero algo no me permitía tan siquiera mirarle cuando estábamos cerca. El tiempo siguió pasando, y me conforme con verle a lo lejos y nada más, aunque por dentro el corazón me decía que buscara la manera de acercarme, sin embargo, nunca lo hice. De repente la vida me colocó más cerca que nunca de esta persona. Tan solo verle y saludarle me llenaba de felicidad y de emoción. Poco a poco nos volvimos más cercanos. Finalmente lo supe: me había enamorado, como jamás lo había hecho en mi vida, como le llamas tú en tus escritos, con toda la simpleza del amor. Día tras día, olvidé las reglas, olvidé los frenos, olvidé los miedos y me entregué sin medidas. Basto solo un primer beso para confirmar que desde esa primera vez que me vi en sus ojos, ‘he was the one’. Nunca imagine llegar a sentir todo eso por nadie, jamás, pero lo sentí y ha sido lo más hermoso que me ha sucedido en la vida. Con el paso del tiempo, las cosas se complicaron, en un instante todo se volvió distinto y las risas fueron desplazadas por lágrimas. Mil veces intente que todo volviera a ser como había sido, más nunca lo logre. Comprendí que para querer hacen falta dos y que mi error fue idealizar lo que es un amor real. Me costó trabajo y aun me sigue costando trabajo soltar, porque eso significa dejar ir todo lo que quiero retener. Cuando sentí que mi alma se había hecho pedazos te aleje de mi vida para darle paso a la soledad y a las lágrimas. En ocasiones tuve la necesidad de acercarme a ti, porque sabía que tú ibas a estar ahí, porque quizá tu podías ayudarme a recoger los pedazos. A fin de cuentas, nadie me conoce más que tú. Un día, alguien me pregunto por ti, que donde estabas, que a donde te había dejado, fue ahí que supe que debía buscarte, que mi  corazón estaba roto, pero aún seguía con vida, que en el suelo no me iba a remendar las heridas, así que me levanté, te busqué, te invité a salir y me llené de esperanza de que aceptaras.”

Mientras decía todo esto, no articule una sola palabra, utilice todas las servilletas de la mesa y las que siempre cargo en la cartera, pues no pude contener las lágrimas. Sabía que encontrarme con ella tocaría muchas fibras dentro de mí, y no me equivoque. Luego de un breve silencio fue mi turno para hablar. “No sabes cuánto me alegra que hayas decidido volver a buscarme. Tuve dudas en aceptar la invitación, porque no sabía si en este momento de mi vida en el que intento buscar mi paz por todos los medios habidos y por haber, estaba preparada para reencontrarme contigo y todas las emociones que esto implicaría, pero ya era tiempo de un reencuentro. Ustedes, a veces, me hacen perder la paciencia con sus cosas, aun así las quiero. Luego de todo lo que me dijiste no sabes cuánto te comprendo. Prefiero creer que todas las historias de amor pueden tener un final feliz, que el amor siempre vence, pero no siempre pasa así. Ahora sabes que eres capaz de amar intensamente. Lo amaste y sé que aún lo amas. Lo sé porque sonríes cuando le nombras, muy a pesar de que haya sido la causa de tu tristeza.  Quizá el también sienta lo mismo por ti, pero no era su momento. Así que ese será tu gran amor. El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Los corazones rotos se curan, pero los protegidos terminan hecho piedra. Ahora te toca empezar a soltar. La vida los unió una vez, quizá los vuelva a unir de nuevo, o quizás no. No culpes al tiempo, culpa al destiempo. Culpa al miedo y culpa a tu  mente que te impidieron que siguieras a tu corazón. A fin de cuentas, en la vida tendremos muchísimas malditas despedidas y así sabemos que los ‘para siempre’ a veces no duran tanto. Y mientras nos quede cerveza, podremos olvidar las penas, ahogarlas o compartirlas”

“Gracias por tus palabras, era lo que necesitaba escuchar después de tanto tiempo.” Comenzamos a recordar anécdotas. Como la vida nos fue cambiando y que destinos fuimos tomando. Y apareció la pregunta que temía: “¿Y tú? Cuéntame de ti” A lo que respondí con la picardía que me caracteriza. “¿Yo? ¡Enamorada de la vida! Luego de hoy, mirare bien a mi alrededor no vaya a ser que se me cruce el amor de mi vida y lo deje pasar y entonces tu historia se repita. Así que me llevare como lema: si el corazón te impulsa a hacerlo, lánzate. No hay nada que perder, perdemos más por miedo a perder. La vida no se puede seguir llenado de preguntas que comiencen con what if?  ¿Qué sentido tiene? Vivimos esperando a que reaccione primero el otro y nos quedamos con mil cosas por decir, por hacer, por sentir y por disfrutar. Estas historias siempre me dan tela para cortar. Entonces me siento a escribir, de ustedes, de mí y de mi mundo ideal. Aún sigo en la busca de mi razón existencial en la vida.” Y le sonreí. “No has cambiado, en nada, solo has madurado y eso te hace aún más encantadora, por eso esa mirada diferente,” me dijo.

Nos despedimos con un largo abrazo, no sin antes prometernos que no íbamos a alejarnos nuevamente. En el camino de regreso a casa repase las veces que he ignorado lo que dicta mi corazón. ¡MUCHAS! Vivimos la vida, censurándonos, reprimiéndonos y evitando decir o sentir. Tenemos miedo a ser juzgados mal, a que las cosas no salgan como las esperamos, pero el único miedo que debemos tener es a no vivir.  Así que procura escuchar lo que dice tu corazón y lo que dice tu conciencia y aunque sea una vez en la vida:

  • Da el primer paso y envía un mensaje, háblale, sonríele o acércate a alguien
  • Hazle un halago a alguien a quien desees hacerlo
  • Háblale a un extraño, si te llama la atención
  • Si ti gusta alguien, díselo, no sabes si el otro siente igual
  • Invita a alguien a salir
  • Envía esa dichosa solicitud de amistad

¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que piensen que estás loca o loco? Pero y si de ahí surge algo distinto, algo que te cambie la vida, algo que llene tus días de alegrías, algo que te lleve a vivir lo que nunca has vivido. Que traiga una magia que no sabías que existía. Mientras respiremos y nos queden segundos de vida, debemos vivir. No quiero tener que volver a escribir una historia de amor triste. Quiero escribir muchas historias que comiencen con: “l@ vi y supe que tenía que acercarme, Aunque lo dude, me lance porque el resultado no me importaba.” O algo así, ¡qué sé yo! Creo firmemente que aunque no podemos controlar lo que está escrito para nuestra vida, si podemos ser capaces de crear oportunidades y atraer lo que queremos. Aprendamos de los niños, llegan a un parque y no dudan ni un instante en acercarse al niño que más le llame la atención, y cuantas historias no crean en tan poco tiempo, historias que imaginan o que desean. Ellos se lanzan sin importar el resultado, porque lo que importa es el momento, para ellos un minuto perdido, es un minuto que no vuelve.  Viven por unos minutos un mundo de fantasía, porque la mentira siempre dice más que la verdad. Cada día es una nueva oportunidad de construir nuevos recuerdos y desde hace un tiempo solo quiero guardar los mejores. Luego de esta conversación, si el corazón lo dice, hay que hacerle caso al que manda, después de todo, cuando el deja de latir, acaba nuestra vida.

“Solo aquellos que intenten desafiar los límites de lo imposible, descubrirán que los limites una vez vencidos siempre entregan sueños ilimitados.” (Nahuel Furrer).

 

Hija Fuiste…

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¡Alerta! El verano está a la vuelta de la esquina, las clases están por terminar y, las que somos madres, sabemos que eso significa que los niños están haciendo la misma pregunta todos los días: ¿qué vamos a hacer en verano? Las que trabajamos, nos vemos inclinadas a buscarles opciones, pues ellos necesitan divertirse las 24 horas del día, porque incluso el descanso (dormir las horas necesarias) les parece aburrido. Soy del tipo de mamá que decide que es lo que se va  hacer esos días, sólo muy pocas veces consulto con ellos las actividades a realizar. Así las cosas, cuando mi hijo mayor protesta por lo que harán en sus días libres, le doy la opción de comprarle una caja de botellas de agua y que salga a venderlas para que trabaje, y se gane el dinero para hacer lo que desee, si es que eso le parece más divertido. En esta semana un compañero de trabajo me sugirió decirles que los voy a llevar a una granja a limpiar y trabajar con esos animalitos tan limpios llamados cerdos (ya estoy haciendo ‘search’ de granjas cercas a mi casa por si comienzan las protestas, hay unas que están de lo más chéveres y tienen vacantes. Si les interesa, me escriben y les paso la información).

Soy una mama “peculiar”, pues no encajo en el modelo tradicional de mamá perfecta, ni mamá abnegada. Tampoco lo aspiro. ¡Olvídense de eso!  Admiro enormemente a esas mujeres que han decidido ser madres a tiempo completo, son mis heroínas y si yo fuera San Pedro, las esperaría con pulsera VIP en las puertas del cielo. A mí, un día completo con mis hijos me deja exhausta y necesitando al menos dos semanas de vacaciones urgentes.

Antes de que sigan leyendo quiero darle un mensaje para ciertos tipos de madres:

  • Madres perfectas: Al leer esto no se me escandalicen, me encantan sus imágenes y sus historias hermosas, pero NO ME LAS CREO (y yo sé que dentro de ustedes, tampoco se lo creen). Sé que muchas piensan exactamente igual que yo, pero ante los demás fingen una falsa imagen de madre perfecta porque temen ser juzgadas o mal vistas por la sociedad.
  • Madres que ya criaron: Hagan memoria de aquellos días en donde tus hijos tenían la misma actitud de los encapuchados del Paro Nacional (desobedecer). ¿Lograste tener bonitos recuerdos?
  • Madres de niños modelos: Si tus hijos fueron o son niños modelos, da gracias infinitas y si deseas puedes dejar de leer en estos momentos. ¡A ustedes las envidio y no saben cuánto!

De los mensajes anteriores, ¿sentiste que alguno fue para ti? Si no es así, te voy a ayudar a que encuentres tu clasificación. A continuación te voy a mencionar varios escenarios típicos de cualquier madre:

  • Despiertas un fin de semana y consideras una bendición que aun estén durmiendo
  • Mientras ellos duermen te tomas una taza de café con extrema devoción agradeciéndole a la Vida poder tomarte ese café en armonía
  • Viste la imagen que corría en las redes sociales de unos niños pegados en la pared con tape, y te preguntaste donde se consigue ese tape tan resistente y si resistirá un tiempo razonable como para que te dé tiempo a mapear el piso y esperar a que se seque.
  • Tus hijos practican deportes y al pasar varias semanas corridas de juegos y prácticas  deseas con todas tus fuerzas que su equipo pierda para descansar de los deportes.
  • Te encierras en el baño con audífonos a escuchar música, para ignorar lo que ocurre en la casa.
  • En ocasiones la adrenalina es tanta que los mandas a dormir a las 7:00pm
  • La entrada a tu cuarto está prohibida por ley
  • El baño de tu cuarto es para tu uso exclusivo (y de tu pareja si es que la tienes). Ese es tu escondite. Aunque sabes bien que ni ahí te escapas de esas criaturas, pues cuando estas encerrada, hasta papelitos te pasan bajo de la puerta si no les contestas. Se de algunas que leen mis ‘posts’ de La Simpleza del Amor en esos momentos (no sé si eso me deba hacer sentir halagada)
  • Amas el sonido del silencio que se produce en el día que el momento en que se duermen y sientes que no hay momento más hermoso en el día que ese.
  • Cuando se acercan tus vacaciones, te preparas mentalmente para esos días. A veces consideras tomar vacaciones mientras están en la escuela.
  • En un viaje largo en auto (más de 30 minutos), subes el volumen de la radio porque uno de tus hijos te salió muy platicador. O si la historia te la ha contado más de veinte veces, le interrumpes para completarle su historia. O propones una competencia: el que mayor tiempo dure en silencio, ES EL CAMPEON.
  • Para llevarlos a divertirse, tus lugares favoritos son los que los agotan tanto que llegan a la casa a darse una ducha y dormir (playa, un bosque en el que estén todo el día caminando, un parque de trampolines)
  • Decides apuntarlos en tutorías con la excusa de que no tienes tiempo para estudiar con ellos (dentro de ti sabes que lo que pasa es que hay déficit de paciencia aguda)
  • Cuando te reúnes con tus confidentes pasas una hora quejándote de lo caóticamente hermoso que es ser madre y en ocasiones te desahogas llamándolas o enviándoles algún mensaje.
  • Deseas, aunque sea una vez, tomarte unas vacaciones de al menos una semana, SOLA
  • Escondes dulces, bebidas o cualquier cosa solo para ti (o les haces fiero por desquitarte)
  • Al pedir en algún lugar de comer, preguntas que desean y dicen que nada, pero cuando te traen tu orden te piden que les des un pedazo y no compartes. (Nadie los mandó a decir que no querían nada)
  • En algún lugar público ves a una madre a la que su hijo le da órdenes y ella obedece, y tu reacción es de indignación (Por ejemplo, estas en una tienda y escuchas a un nene a gritos diciendo ME LO TIENES QUE COMPRAR PORQUE SI NO GRITO, y la mama le contesta: (“Nombre de novela que le puso al pobre muchacho), te lo voy a comprar, pero por favor, te pido con mucho amor que te pongas de pie para poder continuar las compras”)
  • Cada vez que barres tu casa o pasas la aspiradora, son muchas las piezas de lego y juguetes que desaparecen.
  • Cuando te preguntan que le pueden regalar a tus hijos les dices que ropa porque ya la que tienen se le está quedando, y sabes que es mentira, la verdad es que no quieres más regueros en tu casa.

 

Si te identificaste con al menos uno de estos puntos, permíteme infórmate, querida amiga, que eres igual que yo. Eso no significa que no amemos con toda nuestra alma a nuestros hijos. Significa que somos madres y somos mujeres. Si eres madre, ¿significa que debes abandonarte? ¿Significa que debes colocarte en último plano? Amo a mis hijos con locura, pero también tengo una vida. Mis hijos son mi responsabilidad y son mi prioridad. Sin embargo, no soy menos importante que ellos. Los hijos son un preciado regalo que la vida nos ha dado. Les dimos la vida, o luchamos por tenerlos en nuestra vida aun cuando no los lleváramos en nuestro vientre y somos capaces de hacer lo que sea por ellos. Los defendemos y luchamos día a día por cubrir sus necesidades. Cuando se enferman, el corazón se nos hace un pasita y deseamos que seamos nosotras las que estemos enfermas. Los que practican deportes, cuando sufren una lesión u otro jugador les hace una lesión, queremos correr a preguntarles si todo está bien. Las que al igual que yo, compartimos fines de semana alternos con sus padres, extrañamos a nuestros hijos inmensamente y a veces entramos a sus cuartos solo para sentir su olor. Celebramos con orgullo cada uno de sus triunfos y sufrimos más que ellos sus fracasos. Hay madres que sufren ese nido vacío todos los días de su vida porque ya sus hijos no viven en el hogar. Hay madres que soportan y permanecen en un matrimonio sólo por sus hijos, hay madres que asumen la crianza de sus hijos solas, hay madres que se prostituyen por sus hijos, hay madres que se dedican en cuerpo y alma a sus hijos, así que no hay una modelo específico de madre. Siéntete orgullosa del papel que juegas. La sociedad tiene una percepción errónea de la maternidad. A fin de cuentas no hay palabras o mirada más hermosa que una que diga “Mami te amo”. Que aunque te lo digan en momentos en que quieres salir corriendo, te derriten de amor y te recuerdan aquel dicho que de niña escuchaste infinidad de veces: “Hija fuiste, madre serás. Según lo hiciste, así te harán”. Mami: ¡Carajo, cuánta razón tenías!

Huimos de Tí

Dicen por ahí, que en la viña del Señor hay de todo. En cuestiones del corazón y de atracciones físicas, las cosas tienden a complicarse. Cabe destacar que, en ocasiones, el destino está escrito. Hay una queja global relacionada a que las mujeres somos unas criaturas complejas y difíciles de entender. Yo creo que eso proviene de hombres que no han conocido a una mujer realmente y crean una imagen irreal de quien que es ella y, basándose en esa imagen, intentan interaccionar con ella. Otros, no se han evaluado en sus áreas de oportunidad y fracasan en sus miles de intentos de acercamiento. Antes de pasar juicio sobre los demás, es importantísimo, evaluarnos nosotros mismos y reconocer las áreas de oportunidad que tenemos para trabajar con ellas y mejorarlas. De eso se trata la vida, de un mejoramiento continuo de nuestro ser y de la manera en cómo nos desenvolvemos con los demás.

Esa falta de interés de algunos hombres por mejorar los convierte en unos NO rotundo. Por eso, me di a la tarea de preguntar a otras chicas, qué cosas que detestan en un hombre. Las opiniones vertidas a continuación no necesariamente expresan mi sentir… (Escribo este ‘disclaimer’ aunque muchos sepan que estoy mintiendo) Y estas fueron algunas de las respuestas:

1. Harrisito – Las chicas los reconocemos porque el tema principal de cada conversación con este tipo de hombre es sobre el dinero que gasta o invierte en sus cosas o lo que invirtió en relaciones pasadas. Tiene una necesidad constante de alardear de cosas materiales. ¡Sabemos lo tuyo! No tienes más ningún encanto que no sea ese, mientras no incluyas otro tema de conversación, aspira a mujeres que solo se interesen en ti por el beneficio monetario que puedan obtener, mejor conocidas como ‘chapiadoras’ o ‘gold diggers’. Las mujeres preparadas, inteligentes y con aspiraciones reales en la vida, no los queremos de pretendientes. ¡Trabaje por lo suyo, siéntase orgulloso, pero no alardee! ¡No sea come eme!

2. Joito – Se acerca a ti con la seguridad que le dan las 12 mujeres que están babeadas por él. Y sí, la realidad es que puedes estar de lo más lindo y todo, pero cuando entablas conversación, ¡Puf! esa lindura se te esfuma. ¡No, nene, no! No le creas al espejo, ni a tu mamá, ni a tus tías, ni a tu abuela, ni a tus primas que eres irresistible. No nos interesa que en todas tus fotos estés sin camisa ni cuantas horas le metes al ‘gym’. Ser lindo no te hace buen partido, aunque es un ‘plus’ no es un ‘must’. ¿Sabías que nos incomoda que nos mires con hambre? No necesitamos saber que tan fuerte estas, ni que tanto ‘cardio’ haces. No seas tan evidente en tus intenciones. Piensa que, a veces, el que más nos gusta y el que nos enamora, no tiene sus abdominales cortados ni se cree el papito chulo del momento, sino que es alguien con quien se puede tener una conversación inteligente. ¡Lleva tu media neurona al ‘gym’!

3. Javito – A primera vista, suele ser todo un caballero, galante, atento, encantador. La realidad es que impresiona y nos deslumbra. Llega un momento en el que esos “pero que bella tu eres”, “Ave María nena pero que linda tu eres”, “muahh” (de la nada, conversando y no es un beso que te dan, sino un beso que te dicen) nos agobian y nos espantan. Y no es que a las mujeres no nos guste que nos digan cosas lindas, PERO NO CADA DOS MINUTOS, eso es  ‘too much’. ¡No sea empalagoso!

4. Junito – Este caballerito es una joya. Puede ser un ‘ex’, o simplemente alguien con quien tuviste ‘alguito’ en el pasado. Terminaron de manera cordial, sin ninguna complicación, todo ‘peace and love’, y luego de un tiempo reaparece. Empieza a buscarte la vuelta con la certeza de que como ya en el pasado tuvieron algo, pues tú te quedaste con ganas de algo más. Tu sabes, por ese dicho que dice: “donde hubo fuego, cenizas quedan”. ¡Mire señor, ya eso pasó, supérelo! Le rechazan un acercamiento, no siga intentándolo. Nunca más lo buscaron, ¿qué le hace pensar que uno lo extraña? Si una mujer está interesada en usted, se dará cuenta cuando se le acerque. No creas que porque te saluden por cortesía significa algo más, no te confundas. ¡Bendito sea Dios, está molestando más que un mosquito en la oscuridad! 

5. Manolito– Este ser abunda en las redes sociales. Te escribe por ‘inbox’, ‘DM’ o ‘Messenger’: “Hey, todo bien?”. Lo dejamos en visto. Al rato: “¿Te acuerdas de mí?”. Lo dejamos en visto. Al otro día: “Que tengas un lindo día.” Y lo volvemos a dejar en visto. ¡Mire ser viviente! Si no le contestan a la primera, ¿qué le hace pensar que le van a contestar a la segunda o a la tercera? La que quiere hablarle o a la que le agrada que le escriban, le contesta a la primera. ¡No sea hostiguín!

6. Joselito – Ok, aquí incluiremos a manganzones que tienen más de 25 años y aún viven con sus padres. Señorito, si sabemos que vives con tus padres, nos entra una intranquilidad preguntándonos si usted pidió permiso o no para llegar temprano. Y mire, no sea charlatán, no quiera tener “nada” con nadie, si no tiene ni para donde llevarla. ¿O acaso va a llevarse a una jeva para su camita ‘twin’ en el cuarto del lado de sus padres? Independícese, demuestre que ya es un adulto con responsabilidades, y luego aspire a que alguien lo tome en cuenta. ¡No sea charlatán!

7. Juanito– A este lo conocemos, nos cae bien, y al cabo de un tiempo, nos damos cuenta de que todo ‘cool’, pero hasta ahí. Tenemos bien claro que jamás en la vida tendríamos algo contigo, es más hasta preferiríamos una vida en castidad antes de estar con usted. Las mujeres somos directas, y las cosas se las decimos en su cara, para que no haya malos entendidos y así evitarnos el malhumor que nos provoca fingir emoción hacia algún gesto de interés de su parte. Si ya le dijimos: “Encantada, mucho gusto, pero gracias, no, gracias”, dése la vuelta y siga caminando. No insista, con eso solo logra disgustarnos. ¿Sabe qué? Cuando usted sigue insistiendo, aunque le digan que no varias veces, las mujeres compartimos los ‘screenshots’ del ridículo que usted hace. ¿No me cree? Pregúntele a alguna amiga si en sus chat no corren ‘screenshots’ de conversaciones, se sorprenderá y se abochornará. Algunos son más extremos, hasta se convertirse en ‘psychos”, y mientras no corramos peligro, ni causen otros problemas, ¡que mucho nos burlamos de ustedes! ¡Retírese con dignidad!

8. Miguelito– Estamos en otra época, a las mujeres nos gusta invitar la cuenta al igual que a usted. ¿Cuál es el problema con eso? Pero nos topamos con este ser, que se niega a aceptar que una mujer pague la cuenta. Revisa ese recibo por largos minutos y al par de minutos expresa varios comentarios sobre lo caro que estaba esto o aquello. Sabemos que el país está en un mal momento, y que debemos siempre revisar nuestras finanzas, pero si usted quiso hacerse el machista, aguántese y no diga nada. Es de mal gusto. Y si va a tener algún detalle, por favor, no compre una rosa con peluche del semáforo más cercano, por si no lo sabía, no huelen ricas, y aunque les decimos: “¡Aww, gracias que detalle tan lindo! Por dentro estamos esperando que dé la vuelta, para tirarlas en el zafacón de fuera de la casa, no vaya a ser que luego la casa apeste a camión estacionado con el motor encendido. ¡Deje de caminar con los codos!

9. Cheito – La mayoría de las mujeres tenemos un instinto maternal oculto. Eso no significa que todas quieran ser madres, pero tendemos a cuidar a nuestros amigos. Nos preocupamos mucho por ellos y cada vez que nos piden ayuda ahí estamos incondicionales. Esto lo hacemos porque es lo que sentimos hacer. Pero viene este hijo de su buena madre, y utiliza esa debilidad tuya, para acercarse y buscarte solo cuando necesita de ti. A pedirte un favor, un consejo, dinero, o hasta otras ‘cositas’. El problema no es el favor, porque la amistad es para ayudarse en buenas y malas, pero no es para aparecer sólo cuando necesitan. Mire no sea charlatán e interesado, diga las cosas de frente y no ande con rodeo. Si lo que busca es algo específico, dígalo. Agradezca que le tenemos cariño y que no lo tiramos al medio para que se abochorne. ¡Carifresco!

Podría mencionar muchos más, como los que alardean de buen sexo, los que no saben dar ni un beso, los que huelen mal, los que en ciertos actos respiran mas profundo que en las películas, los que dicen que leen y lo mas culto que han leído es una columna de Jay Fonseca, los cafres que te dicen piropos que dan ganas de vomitar y miles más; pero estos son los tipos de hombres más comunes que detestamos las mujeres. Bastante tenemos con lidiar en un mundo tan superficial como lo es la moda, el maquillaje, las revistas, las modelos, para encima tener que bregar con hombres superficiales. Tómese el tiempo de conocernos, de dialogar (si es que tiene algo en el 

cerebro). La realidad es que cuando nos enamoramos, a veces, es de alguien como cualquiera de los que mencioné, o tiene algo de cada uno de ellos, pero así lo queremos. Le dedicamos el coro de una canción de Raquel Sofía que dice: “Yo te amo Idiota, te amo aunque no debería. Yo te amo idiota, te amo todavía.” Porque a fin de cuentas, cuando escogemos a alguno de ustedes, lo hacemos convencidas de que usted es el indicado aunque sea un idiota, pero la simpleza del amor que hay dentro de nuestro corazón nos hizo escogerlo. 

PD. Chicos, no se pongan changuitos y cooperen. La bola está en su cancha, aún tienen break de cautivarnos (menos los que escuchan ‘trap’, esos no tienen break).

La Imagen en el Espejo

El año pasado fue como estar montado en una montaña rusa. A fin de cuentas, de eso se trata la vida, de constantes  cambio entre alegrías, tristezas y molestias. Cada uno de los cambios que iba experimentando, los tomé como retos a los que debía enfrentarme, como en muchas otras ocasiones. Una vez acepté enfrentarlos, de frente y sin miedo, el resto ha sido luchar para vencerlos.

Como te proyectas, será como te consideren los demás, para mal o para bien. Si te proyectas seguro, confiado, invencible, capaz, te tratan de manera implacable. Así me he proyectado al mundo, porque así aprendí a ser, pero siempre hay un “talón de Aquiles”. El cúmulo de emociones, que por demasiado tiempo intenté ignorar y manejarlas como tenía acostumbrado, me reventó en la cara. Internalizar y asimilar que las situaciones ya se habían salido de mis manos me hizo creer que iba en “free fall” hacia un abismo. 

Mi terquedad ante la vida me pasó factura sobre mi salud física y emocional. El descuido en la alimentación, en el descanso, en manejar las emociones y trabajar todos los aspectos que eran necesarios, desencadenaron en daños significativos sobre mi cuerpo y sobre mi salud en general.  Me sentía atacada por los demás. Algunos se daban cuenta porque ya eran muchos cambios en mi apariencia y en mi  manera de ser, pero les negaba que algo estuviera sucediéndome. Aceptar que uno no está bien, te lastima el ego, el orgullo y la autoestima. Finalmente, tomé la decisión de hacer algo por mí y comencé la búsqueda de alternativas.

Descubrí la razón de mi pérdida de peso y entendí que estaba sucediendo en mi estado anímico y en mi mente. ¡Ya tenía un paso adelantado! El proceso de trabajar y motivarte cuando no te sientes bien, es complicado, pero una vez tocas fondo, tu única opción es levantarte. Se vive un día a la vez, segundo a segundo. Sin lugar a dudas, la parte más difícil de todo el proceso ha sido lidiar con  las personas a mi alrededor. Tolerar e intentar ignorar los comentarios imprudentes como: “Nena, pero tú vas a seguir rebajando, ya estás seca”, “estas bien ‘jalá’”, etc; se volvía cada vez mas difícil. Sentía cada palabra como se siente el alcohol sobre una herida. ¿Qué se creen, que no tengo espejos en mi casa? En mi cuarto tengo unos espejos bien grandes que día y noche me lo decían, al igual que la  “pelea de perros” dentro de los pantalones y las camisas vacías. ¡Si supieran cuántas lágrimas derramé al no encontrar nada que me sirviera y sentirme horrible cada vez que me miraba al espejo! Mi autoestima bajaba directamente proporcional a mi peso. Y encima de eso que alguien te dijera: “pero que horrible te queda esa ropa, ¿no tenías otra?” Palabras que terminan hundiéndote un poco más.

De la noche a la mañana me convertí de ser una mujer orgullosa y segura de sí misma, a vivir acomplejada de la imagen en el espejo. Poco a poco fui dejando de reconocer a quien veía frente a mí. Hasta que un día decidí que era el momento de caer al fondo definitivamente o hacer algo y acabar con la lástima que me tenía. Decidí entonces escuchar a esas personas que sí me decían cosas positivas, que sí me daban ánimos y que siempre tuvieron una palabra de aliento. Me fui de compras de ropa para mi nueva talla, tomé más en serio la vida y le dí la oportunidad a nuevas experiencias a las que antes era escéptica. Poco a poco volví a ser YO. En el proceso he aprendido tantas cosas, que solo puedo dar GRACIAS por haber caído y estar levantándome día a día. Gracias al Universo por las herramientas y por los seres de luz que ha puesto en mi camino para darme cuenta que:

1. No soy la imágen en el espejo, esa es la imágen de mis miedos y complejos; soy lo que llevo dentro.

2. El daño que ocasionan las palabras y comentarios inapropiados en los demás puede tener efectos enormes dentro de la mente. ¡Respetemos los procesos ajenos!

3. No puedo controlarlo todo, solo ocuparme de lo que puedo hacer 

4. No puedo forzar las cosas para que sucedan y a veces es necesario soltar.

5. La vida se vive plenamente

6. No valgo por lo que hago, sino por lo q soy

7. Al cuerpo hay que venerarlo, escucharlo y consentirlo.¡Hay que amarlo tal y como es!

8. La risa, el amor, Dios y la naturaleza son terapias gratuitas. Liberarnos de creencias obsoletas nos da grandes beneficios.

9. No soy omnipotente y pedir ayuda no me resta, sino que me suma. Hay que dejar ser a los seres a nuestro alrededor.

10. Debo tener paciencia y compasión por quienes me traten de pisotear y humillar, porque su vida ha de ser infeliz y vacía. No debo juzgarlos.

11. Nunca entenderemos algo hasta que nos pase.

12. La mejor manera de llenar la vida de cosas buenas, es buscándolas. 

Hoy me miré en el espejo y reconocí a quien ví. Soy yo, la que estaba perdida dentro de una autoimagen. 

De Mi , Para Mi

​A veces la soledad nos da las mejores lecciones que podemos aprender. Esta fecha ( a menos de 24 horas de celebrar el día de San Valentín)  en la que a donde quiera que vas tus ojos solo ven los colores rojo y rosa,  te golpeas la frente con un globo gigante en forma de corazón, o te das en la espinilla con el rack de chocolates con la caja en forma de corazón, ocasiona que muchos personas sin pareja o que estén  viviendo una relación tormentosa se depriman. Comienzan a preguntarse si les regalarán ese día (ajá porque la mayoría repiten como el papagayo que es un día comercial y toda esa letanía, pero bien que esperan que alguien les regale aunque sea una paletita de las que tienen forma de labios). Los más faltos de autoestima comienzan el bombardeo de post en las redes sociales anunciando que están disponibles para invitaciones o para regalos, diciendo a los cuatro vientos que se sienten solos y necesitan a alguien en su vida, hacen reflexiones sobre qué bonito seria ver la novela acurrucado con alguien, en vez de con un gato pasándole el rabo por las piernas o abrazando el cojín decorativo del sillón. 

La gran mayoría ha tenido relaciones anteriores y han fracasado, algunos más de una vez. Lo que nos debería hacer entrar en razón, y analizarnos. El camino de la  obsesión por no estar solos nos conduce a aceptar el primer “pela gato o pela gata” que llegue con palabras bonitas o detalles bonitos, quizá no sientas muchas compatibilidad, quizás tengas muchas señales de alerta que te indican que aún no estás listo o lista, pero aun así, como peor es na’ continuas, envolviéndote y dejando que algo que no es real crezca más de lo que nunca debió crecer. La intuición no falla, y nos lo dice, algunos prefieren ignorarla, porque aunque no lo tengan claro (o lo tienen claro y prefieren ignorarlo) y dicen no temerle a nada, tienen autofobia. Tienen terror a estar solos y por eso viven en una constante búsqueda de alguien que ocupe el lugar que tiene la soledad.

 Esta obsesión deja claro que hay muchos espacios en la vida que necesitan ser cubiertos y que el desamor que sentimos hacia nosotros mismos es enorme. Estos espacios podemos cubrirlos, si el mismo tiempo y energías que invertimos en encontrar pareja, las invirtiéramos en nosotros mismos, en recuperar nuestra autoestima, nuestra seguridad, nuestra esencia. La soledad te da ese espacio único donde te puedes encontrar y conocerte. Nuestro cuerpo y nuestra mente esconde talentos, habilidades y fortalezas de las que no estamos conscientes, porque no nos hemos tomado el tiempo de conocer. Basta con buscar las herramientas necesarias que nos ayuden a conectar con ese ser, que tenemos dentro de nosotros, pero al que no conocemos.  Las herramientas y los recursos están, sólo hay que buscarlas. Si pasamos mucho tiempo en las redes sociales, saquémosle provecho, estas nos permiten conocer diversas maneras para trabajar con uno mismo, desde clases, talleres y retiros hasta artículos, videos e imágenes de reflexiones que trabajan nuestro subconsciente de manera extraordinaria si nos enfocamos en las cosas positivas. Y siempre es de inmensa ayuda y esencial, buscar un guía espiritual o un ‘life coach’, no tiene que ser un psicólogo ni  un religioso, aunque es preferible, pero si no te sientes preparado para hablar de ti con un completo desconocido,  a veces en nuestra comunidad, en nuestra familia o en nuestro círculo de amistades hay una persona que te puede ayudar y guiar en tu búsqueda de herramientas. Ahora bien, teniendo claro que no cualquier persona está capacitada para ayudarte de la manera correcta. La clave está en tener claro nuestro objetivo: llegar a amarnos inmensamente y comenzar una relación con nosotros mismos.

La relación con uno mismo tiene que comenzar de la misma manera que comenzamos una relación con otra persona, conociéndose. Tan fácil como, varias veces en semana sacar unos minutos para hacer una lista de las cosas que nos gustan, de las cosas que queremos hacer o lograr, de lo que no nos gusta, de nuestras cualidades que nos hacen únicos, de las cosas nuevas que quisiéramos intentar, de lo que sea, lo importante es saber eso que hay dentro de ti. Si no se nos hace fácil hacer esto por nosotros mismos, pregunta a alguien que sepas que te tiene muchísima estima y pídele que te ayude. Luego aprendamos a enamorarnos, como mismo enamoramos a alguien, con palabras lindas, vistiéndonos y arreglándonos lindos, perfumándonos, para nosotros mismos. También tenemos que sorprendernos. De repente fuiste a comprar papel de baño y “bam” te diste en la espinilla con el rack de chocolates, pues ahí tienes una señal, regálate un detalle, cómprate ese corazón de chocolates para ti. Si imaginas como se vería un arreglo de flores encima de tu mesa o tu escritorio de trabajo, regálatelas, ten un bendito detalle contigo sin esperarlo de alguien más. Y, ¿cómo no? , tener una cita con nosotros mismos, sea en nuestra casa o en un restaurant, preparar un desayuno, brunch o cena, con el mismo amor que se la prepararíamos a alguien. Buscar mensajes y frases para llenarnos el espíritu, tal y como buscamos el mensaje perfecto para esa persona especial.

A fin de cuentas, la relación más larga que podamos tener es con uno mismo. Si llegamos a sentirnos bien y cómodos en nuestra soledad, entonces estamos preparados para tener una relación con  alguien más. Estar rodeado de personas (familia, amigos, vecinos, compañeros)  que nos quieren y nos apoyan te va a llenar aún más y son personas que a diario nos dan muestras de cariño y quizá las ignoramos. Una vez sintamos un profundo amor por nosotros mismos y nuestra vida esté rodeada de amor, positivismo, autoestima y energía, no se va a tratar de encontrar a alguien que nos acompañe y nos rescate de la soledad, si no de alguien que tiene que demostrarnos que tiene mucho que aportar en nuestra vida, tanto como para que queramos compartir  tiempo, espacio y energías en alguien más. ¡Amate para que puedan amarte! 

Arena y Humo

 “Condujo miles de kilómetros, 5 para ser exactos;

El camino a veces era empinado, otras veces llano;

No buscaba, ni quería encontrar nada;

Al fondo de una nube creyó ver algo;

22 veces se dijo a si misma: no es nada, tienes que seguirlo;

El cansancio la venció, la nube la cegó, se detuvo y se bajó.

Al cabo de 15 minutos abrió los ojos…

Él le sacudió la arena, le sacudió el alma y lo demás se volvió humo”…
Ah! El amor… ¿Qué haríamos sin él? Podemos amar a nuestra familia, nuestra madre, padre, Dios o alguna otra deidad o divinidad, hijos, sobrinos, ahijados, amigos, mascotas, dinero, cosas materiales, nosotros mismos, a lo que nos plazca amar. Hoy quiero escribir sobre el amor hacia alguien que nos complementa, una pareja o ex pareja, o un amor secreto (cada corazón tiene su propia historia).Por ahí leí algo que decía que el primer amor no necesariamente llega en ese mismo orden. Esa frase fue una de esas que se te quedan grabadas y te hacen reflexionar al respecto, porque es probable que para algunos tenga todo el sentido del mundo. Para mí lo tiene.

Nos complicamos en cómo definir el amor (como sentimiento). Tendemos a idealizar el sentimiento o contaminar su evolución  natural. Teorizamos que es lo que sentimos hacia ese primer novio de juventud, o hacia la persona a quien le entregamos nuestro cuerpo, o a quien unimos nuestra vida a través del matrimonio por primera vez para formar un hogar y tener una familia. Eso no es el amor, sólo es un estereotipo, una enseñanza o lo que creemos es correcto ante la sociedad o ante algunas religiones. 

El verdadero amor es mucho más y cuando llega, viene a desordenar tu vida poco a poco. No planificas que llegue, pero llega en el momento, el lugar y hacia la persona inesperada (a menos que alguien tenga un cruise control para eso…). Puede ser alguien a quien ves a menudo, quizás a diario, y buscas cualquier pretexto para entablar alguna conversación y el tiempo pasa volando. Cuentas los segundos para volver a verse. El amor es un secreto que los ojos no saben guardar y ni la persona más discreta puede ocultar el brillo en los ojos cuando escucha su nombre o ve a la persona que ocasiona un caos en su mente. Te hace sonreír por tonterías que, viniendo de otra persona, no te harían ni chispa de gracia, pero sabes que tu risa siempre le va a pertenecer. Juntos cometen locuras que sólo ustedes o unos pocos saben (algunos hasta haan dormido en una celda por una locura). Un día te percatas de que despiertas y te duermes pensando en el. Las manos y piernas tiemblan de emoción al recibir un mensaje o una llamada. De sólo encontrarse, te quedas sin aliento (sientes maripositas en la barriga sin que tengas hambre). Si sus manos se rozan, por casualidad o intencionalmente, sientes una corriente eléctrica por todo tu cuerpo. Un día te preguntas: ¿qué está pasándome? ¿Será esto real o las hormonas están revueltas? Te arriesgas y decides tentar al destino, porque el universo conspiró para que suceda, porque sabes que estaba escrito y que es el indicado. Es la persona que despierta tu ternura y tus demonios al mismo tiempo. Durante ese primer beso, que jamás olvidaras y lo recuerdas cada día de tu vida aunque haya sido robado usando una excusa barata, lo que ocurre dentro de ti es indescriptible. Luego de ese beso te pierdes por completo y tus sueños, pensamientos, suspiros, todo, todo gira en torno a esa persona. Sus brazos son el lugar indicado, el lugar perfecto en el que el calor cubre cada poro y cada milímetro de tu piel y los días en los que te sientes triste o agobiado las tristezas se van del cuerpo con un solo abrazo. Un día, sin más, tu boca no puede aguantar lo que hace mucho llevas sintiendo y evitando decir: ¡Te Amo! Y en ese momento te liberas.

Todo lo anterior, puede tratarse de un simple enamoramiento pasajero que algunos llaman “enchule” o pasión, pero cada uno conoce lo que hay en su corazón. El amor es mucho más que todo eso. Si lo incluyes en tus oraciones y de rodillas le pides a Dios que la vida les alcance para un día más juntos, amándose, es real. Si las cosas que jamás creíste o deseaste hacer o soñar, las quieres con esa persona sin tener la certeza de que se puedan crear (incluso quieres hacer de la rutina algo extraordinario), es real. Si aunque el tiempo haya pasado aun así cada beso, cada roce, cada mirada, te hace vibrar y te roba el aliento, es real. Si cuando miras al cielo le pides al universo que conspire a favor de ustedes, es real. Si en los malos momentos ya no importa tener la razón porque es mas importante que haya espacio para el perdón, es real. Si jamás pierdes las ganas de perderte en un abrazo o un beso y sientes que el momento es eterno, es real. Si cada día se convierte una decisión que sobre pasa muchísimas adversidades, no por costumbre, comodidad o interés sino porque sabes que aunque pueden estar el uno sin el otro, prefieres estar juntos eternamente, es real. Si aún con su carácter, defectos y viendo lo peor que te puede dar, ese sentimiento no desfallece y aceptas su pasado y su presente y el futuro lo quieres contigo, es real

Si tienes a esa persona a tu lado, vívelo y cultívalo cada día. Son muchas las personas que no se arriesgan a vivir intensamente cada sentimiento, cada llamado del corazón. Hazle sentir a esa persona lo que tú sientes, con la misma intensidad con que tu sientes. ¿O acaso necesitamos esperar a que esa persona ya no esté para lamentarnos por haber sido tan cobardes y no haber dicho lo que teníamos que decir o dar en el momento indicado? Lo tienes, consérvalo, no lo pierdas. Otros anhelan tener eso que tienes y tú solo te ocupas de vivir una vida superficial.  ¿A que le damos más importancia? Al final, el mayor arrepentimiento que se puede sentir es por lo que no nos atrevimos a hacer por ser felices.

Si ya no está a tu lado, eternamente le vas a cuestionar al tiempo por qué no los unió o al destino por qué no fuiste correspondido. Porque amar intensamente y realmente no es garantía de que te amarán igual. Dentro de ti sabes que lo que sientes es eterno y que será una de las cosas que morirán contigo el día que decidas partir de este mundo, porque los amores imposibles o inconclusos se  llevan encerrados en tu corazón y nadie puede terminar con ellos. No hay edad, ni momento especifico, a veces ni siquiera es el momento correcto para que esto ocurra. Da igual si se conocen hace una vida, hace un mes, hace un año, el amor es o no es. Que te baste con saber que jamás habías sentido, ni sentirás algo similar. En el libro de tu vida, esta será, sin lugar a dudas, la historia mas hermosa que tendrás escrita y la que inesperadamente te sacará las lágrimas al recordar ese último adiós, ese último beso, ese último abrazo, a donde dejaste tu alma para siempre. 

Para ese único y gran amor de nuestra existencia,  guardemos siempre un te amo…

“Un amor eterno es eso, un amor que no concluye, no inicia y no termina. Un amor que simplemente es.”- Eamon Sean Kneeland

Al Sonar la Alarma

¿Qué es lo primero que haces al despertar? Muchos revisan el móvil en busca de algún mensaje que le arranque una sonrisa. Otros se ‘loguean’ en las redes sociales para revisar el ‘timeline’ a ver qué hay de nuevo entre sus amistades o en la vida de los demás. Otros miran hacia el otro lado de la cama y besan y abrazan a la persona a su lado (mientras que otros lloran por no poder hacerlo).  Otros dan gracias por otro día más de vida, mientras que otros desearían no haber despertado. Y están los que solo despiertan. Luego de varias o pocas horas de sueño reparador, cada persona tiene su rutina para despertar. No importa la manera en que despiertes, lo importante es que la vida te regaló un día más de vida. La realidad es que cada nuevo día, es una nueva oportunidad para cada persona. 

Ningún día es igual al anterior, quien piense eso está equivocado. No vemos las mismas personas, no escuchamos los mismos sonidos, ningún amanecer o atardecer es igual al anterior. Tenemos oportunidades distintas cada nuevo día. Si analizamos bien hay muchas cosas que hacemos distintas. Por ejemplo, lo que comemos, las personas con las que nos topamos en la calle, la ropa que nos ponemos (aunque hay quien repite incluso la ropa interior, pero el tema de la simpleza del amor a la higiene personal es en otro artículo, no en este), es más, hasta el pelo amanece distinto todos los días. 

Cuando éramos pequeñitos y abríamos los ojos porque ya había salido el sol (no era mi caso, porque amo dormir), significaba el comienzo duna nueva aventura. ¿Conoceré a alguien nuevo hoy? ¿A qué jugaremos hoy? ¿Qué mami o papi harán de desayuno? (yo rogaba porque no fuera avena)  Y despertábamos con la energía suficiente como para repartirle a  las miles de personas que viven en el mundo sin ganas de hacer nada y esperando que los demás hagan por ellos. Siempre buscando la oportunidad de conocer, de crecer, de descubrir. ¿A dónde quedó ese espíritu? ¿Lo perdiste?

En cada amanecer vemos dibujada la esperanza de una nueva oportunidad para:

Mejorar esos aspectos de tu vida que no te permiten ser una mejor persona contigo y con los demás.

Enmendar los errores que pudiste haber cometido, o al menos intentar enmendarlos con tus acciones y no simplemente pidiendo disculpas. Ese intento debe estar lleno de sinceridad y de un deseo real por lograr ese perdón tan anhelado, pero tambien hay que tener en mente que no hay manera de borrar los errores cometidos.

Enfrentar tus miedos, tus fracasos, tus desaciertos y mirarlos a la cara y decirles ya tú no me detienes, ya te gané la pelea.

Intentar algo nuevo, algo que siempre has querido hacer, pero has buscado miles de excusas y has saboteado desde tu mente cada motivación que has tenido. ¿Por qué no te animas a tomar esas clases de dibujo, de cocina, ese negocio, ese hobby, decirle a alguien lo que significa para ti, darle una sorpresa a alguien, eso que hace mucho quieres hacer y no te has armado de valor? Hacía mucho que tenía la inquietud y la necesidad de escribir, y finalmente me decidí a hacerlo. No solo me lancé si no que en el proceso he logrado exteriorizar muchisimas cosas que con palabras habladas no se me da hacerlo. Ha sido una gran terapia y una enorme satisfacción. A demás, intentar algo que uno desea te llena de motivación a desarrollar otros aspectos en la vida.

Darle la oportunidad a personas que pueden ser diferentes a ti, o pueden ser iguales a ti, pero no les permites que se te acerquen. Cada persona que llega a nuestra vida tiene un propósito y debemos incluir más personas en vez de excluir (solo a las personas tóxicas y que nos drenan debemos excluirlas)

Salir de tu zona de confort  y dejar de esperar que todo lo que suceda en tu vida venga de afuera, venga porque alguien te lo dio. Lánzate a hacer cosas por ti mismo, aunque no sepas cómo, tampoco naciste sabiendo caminar, ni hablar. Una vez intente cambiar algo del inodoro, el sapo creo que se llama, y terminé con la casa inundada y con umaa fuente en el baño, pero al menos lo intenté. También tengo unos cuadros virados en la casa, pero lo hice yo, y para mí eso es lo que importa, al que no le guste como estan que vaya y me los arregle.

Dejar que te sorprendan y disfrutar el momento. A veces, estamos tan acostumbrado a lograr las cosas por nuestros propios méritos que huimos de momentos que pudiéramos disfrutar tanto, si tan solo derrumbáramos esa actitud inaccesible que impide que otros intenten hacernos feliz por un instante.

Aceptar que hay situaciones en la vida que no podemos controlar y que hay que aprender a fluir. Que no podemos obligarnos a hacer o sentir lo que no queremos. Para sentirnos satisfechos y plenos con algo que hagamos, debemos realmente desearlo con todas nuestras fuerzas

Dejarnos ayudar en cosas o situaciones por más insignificantes que sean. Esta es una oportunidad que requiere mucho para que ocurra, requiere dejar ego, orgullo, el creerse capaz de todo, y muchísimas cosas más a un lado y simplemente dejarnos ayudar. Siempre será más fácil ayudar a los demás que aceptar que necesitamos ayuda. Significaría dejar de complicarnos la vida, tener menos stress y la satisfacción de saber que tienes personas con quienes contar (así sea para algún trabajo investigativo).

Aprender a amarnos tal y como somos. Nuestro peso, nuestro cuerpo (plano o voluptuoso), nuestro pelo, nuestra nariz, todo nuestro ser. Empezar a darle amor a nuestro cuerpo que es el que paga las consecuencias de todos nuestros actos, es el que guarda la memoria de nuestros errores y de nuestros aciertos, y se merece al un poco de comprensión y mimos al menos unos minutos a la semana. Esto no nos cuesta casi nada, tan solo una caminata, un baño, un masaje, ejercicios, amarnos, solo amarnos.

Ayudar a otros siempre nos hará sentir útiles, necesarios y que satisfacción tan grande te deja al final. Un gtacias por poder contar contigo, gracias por ser, gracias por estar, gracias porque siempre me entiendes, jamás sustituirá ningún gracias por lo que me compraste ni nada referente  lo material. Lo que damos desde la simpleza del amor que nace en lo mas profundo de nuestro corazón se nos recompensa en múltiples bendiciones, debemos aprender a contarlas.

Podríamos ver tantos cambios en nosotros y en los que nos rodean si empezáramos a darnos estas oportunidades. Y también compensarnos de vez en cuando con lo que nos gusta (5 pedazos de pizza, un pote de Nutella, una alcapurria, una botella de vino, bueno no, mejor una copa de vino). Nos merecemos vivir la vida y en el proceso de la vida crecer y madurar. Madurar como queremos madurar y de la manera que queremos, no como otros quieran que maduremos. Es nuestra vida, son nuestras oportunidades y somos nosotros quienes decidimos cuales tomamos y cuáles no. Al sonar la alarma propongamonos crear oportunidades, propongamonos ser y hacer felices a los demás. 

Recuerdos de Nostalgia y celebración

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Es la época más bonita del año. Es la época de dar y recibir. La época de unirnos, de reencuentros, de fiestas, de comer más de lo que cabe en nuestro estómago, de beber más de lo que el hígado aguanta y de celebrar que sobrevivimos un año más. Estamos viviendo tiempos difíciles y de mucha incertidumbre y estos días nos sirven para olvidamos un poco de todo esto. La tristeza de todo un país la decoramos con luces y adornos que embellecen y maquillan lo que estamos pasando, al menos hasta pasadas las octavitas. Bien lo dijo Amaury Nolasco en el último especial del Banco Popular de Puerto Rico: “Los boricuas somos las personas más felices del mundo, con los problemas que tenemos… somos los más felices del mundo.”

Personalmente, más allá de la alegría de las fiestas, el sentimiento que predomina en mí es uno de melancolía. Recuerdo con nostalgia como esperábamos estos días cuando éramos niños. Con que esperanzas hacíamos nuestras cartitas, recogíamos esa yerbita fresca para los camellos y con cuanta ilusión despertábamos el 25 de diciembre y el 6 de enero para recibir nuestros regalos, no importaba si estaba lo que pedimos o no(por ejemplo nunca encontre debajo del árbol un Easy Bake, y de ahí mis problemas con la cocina), era un momento inexplicable. Momentos mágicos y únicos que terminaron en el momento en que uno hace ciertos descubrimientos que rompen la magia. Luego, de mala fe, les rompíamos la magia a otros. Recuerdo decirle a mi prima: “la bicicleta que pediste, está en el baúl de tití, vete pa’ que veas.” Sí, porque si a uno se le daño la ilusión, ¡que se le dañe a los demás también coño! Sin embargo, ahora me estoy volviendo loca en cómo mantener viva la ilusión en mis hijos para qu eno muera la tradición. Desde inventarme a “Pipo El Duende” que me visita y discute conmigo como ha ido la semana en el hogar y el colegio, las típicas llamadas de Santa, hasta llenando la casa de pasto y bache. No hay nada más hermoso que ver las caritas de emoción al encontrar las cosas que estaban en esas cartitas, aunque se les dijo mil veces: “con esa conducta, no esperes regalos” (eso nunca ha funcionado, los niños saben q no importa cómo les haya ido en el año, bajo el árbol o bajo la cama siempre habrá algo).

La celebración más esperada, por mí, era y sigue siendo el 31 de diciembre. Durante la semana se iba preparando todo para ese día. Aún recuerdo el olor a canela y especias en casa de mi tía, quien usualmente preparaba el tembleque, arroz con dulce y majarete, ahora que lo pienso debí haber observado más y comer menos para que aprendiera a hacerlos y hoy día, cuando intente preparar tembleque, no terminaría con ‘tembloque’ como resultado. Llegado el 31, vestíamos las mejores galas (en mi caso la vestimenta iba acompañada de peinado de bucle con una súper ola en la pollina, y, por supuesto, unas botas) para reunirse con toda la familia. Las despedidas de año se hacían en casa de los abuelos y  la casa se llenaba, creo que por más de 100 personas (y no exagero). Los familiares que habían decidido dejar la islita para buscar mejores oportunidades fuera del país, viajaban para pasar esos días acá con los suyos. Se sentía una alegría inmensa en cada rincón de la casa, el olor a comida, a dulces, a pitorro aún lo puedo sentir. Los petardos y fuegos artificiales toda la noche y la algarabía de coritos y bombas (en su mayoría ‘monguitas’, pero igual todos se reían). Los más pequeños corríamos cuesta arriba y cuesta abajo, recibiendo una que otra raspada de rodilla antes de que se acabe el año, pero éramos felices. Las tías repasaban sus resoluciones sin cumplir, rebajar siempre encabezaba la lista. Se rezaba el rosario poco antes de las doce (confieso que de eso me escapaba, que Diosito me perdone). Y los rituales, ¡ayyy los rituales!… Mi abuela aun lidiando con su condición de Parkinson se paraba a celebrar con los demás y antes de las doce, desde el último cuarto de la casa, venia con un pañito blanco sacando todo lo malo y las tías comiéndose las 12 uvas para la prosperidad. La primera vez que lo intenté, curiosa al fin, no logré echarme las 12 uvas a la boca de una vez, luego me explicaron que era una a una, así que me salve de haber tenido una ahogada próspera en despedida de año. Ese es el día que más añoro, tanto que si me dieran la oportunidad de volver a vivir 5 días en mi vida, ese definitivamente sería uno de ellos. Al dar las doce, se repartía besos casi hasta la una de la mañana de tanta gente que había, sin contar que los vecinos más cercanos cruzaban la calle a saludar y desear lo mejor en el nuevo año (y aquí llegaba el momento en que nuestros padres usualmente nos obligaban a darle beso al que estaba ‘sudao’, al de la cara aceitosa, al que ya a esa hora se le había expirado el desodorante y el perfume, y al que sencillamente no querías saludar.

Con el paso del tiempo, y las circunstancias de la vida, se va perdiendo un poco de lo que se vivía en aquellos días. Crecemos y nos enfocamos en otras cosas. Cuando se acerca esta época nos ponemos a quejarnos porque no han dado el bono, el reintegro de las planillas de años anteriores no lo han enviado, que en el supermercado las cosas están caras, que tenemos que pintar, que tenemos que poner los adornos y así se nos pasan los días. Nos da stress por los regalos, porque necesitamos encontrar el mejor regalo como si las cosas materiales al final del día fueran las que recordamos, por la ropa, porque queremos estrenar, por la comida, por la bebida, etc. Sufrimos por los que ya se fueron, por los que no estarán, por los que desearíamos con toda el alma que estuvieran con nosotros para darle ese primer beso del año (malditas películas como las del tipo de Love Actually) y nos olvidamos de disfrutar a los que si tenemos a nuestro lado. Para nuestros padres estos días son difíciles pues es cuando más vacío sienten su nido, porque ya sus hijos no los despiertan dando gritos de alegría porque encontraron sus regalos. Quienes han perdido sus seres queridos sienten un enorme vacío porque ya esa persona no está. Los que como yo tenemos que compartir estos días nos cuenta trabajo asimilar ese proceso y entender que es lo que nos toca hacer, compartir ese tiempo. Nos ponemos a repasar las resoluciones sin cumplí y a hacer nuevas, teniendo bien claro que la mayoría de ellas no se van a cumplir. Hace mucho que deje de hacer resoluciones y ahora solo pido al universo ese día la oportunidad de ser mejor persona, mejor madre, mejor ciudadana. Siempre me propongo mejoras que cambian con el paso de los años y con las circunstancias. Por ejemplo el año anterior me propuse, entre otras, por ejemplo:

  • alimentación más saludable para todos en la casa – logrado
  • hábitos de hacer ejercicio – logrado
  • moderar el vocabulario – fracaso total
  • desarrollar tolerancia hacia las personas – medianamente logrado

Para el próximo año pido no solo para mí, sino para mi islita. Quiero una isla donde seamos más empáticos, que no veamos solo nuestras situaciones, si no que si miramos hacia el lado hay personas que necesitan mucho más que nosotros. Que una sonrisa no nos cuesta nada y unas palabras de aliento pueden arreglar el día de cualquier persona. Que entendamos que las personas que más fuertes se proyectan a veces son tan débiles que tan solo un gesto les da aliento. Que esta isla es de todos y no del gobierno y somos nosotros los que debemos enfocarnos y establecer un plan para trabajar juntos, porque aquí es donde vivimos y queremos seguir viviendo y que los que se atreven a protestar y luchar por derechos e injusticias merecen apoyo y todas las buenas vibras en vez de críticas, porque sepan que están haciendo lo que como cobardes no hacemos y solo nos sentamos a quejarnos (muy seguramente si dijeran que hay ley seca el 31 de diciembre, la marcha que haría frente al capitolio será la más grande de la historia). Cada uno de nosotros tiene peticiones que salen de lo más profundo de nuestro corazón, unas las llevamos esperando hace tiempo y sabemos que tal vez nunca lleguen, pero albergamos la esperanza de que quizá algún día eso llegará, otras son tan sencillas como poner de nuestra parte y enfocarnos en lo que queremos para que todo el universo conspire para hacer realidad. Los cambios y resoluciones solo ocurren si de verdad lo deseamos con todo nuestro ser con toda la simpleza del amor hacia nosotros mismos, de lo demás se encarga el destino, y si no lo dejamos para el próximo año… ¡Felicidades y gracias a todos por sus mensajes, emails y llamadas!