Un Ticinco mágico

Han pasado 35 años desde esa noche en la que abri mis ojitos por primera vez a este mundo y a esta vida.  Ese 5 de febrero de 1985, a las 9:49 de la noche, en el pueblo de Manatí se definió como seria la forma de proyectarme y como me iban a percibir.  La noche en la que nací la luna estaba llena en acuario y el sol en el signo de acuario. La voluntad del nacido bajo Luna llena tiene una fuerte tendencia a estar en desacuerdo con su grupo social, con su gente, con su familia, con su madre, con los de su pueblo.  Los nacidos durante la Luna Llena son personas muy emocionales e intuitivas. Les gusta llevar sus planes a término y que los esfuerzos que realicen no sean en balde. Mientras que nacer bajo un signo de aire no significa otra cosa que LIBERTAD. Joder, que sería una niña con pensamiento propio, que mantendría su postura, de mucha intuición y que odiaría perder el tiempo, o que se lo hagan perder y libre y soberana por sobre todas las cosas.

De mi infancia guardo los mejores recuerdos, extrovertida, aplicada y explosiva. En el camino hacia la adultez, me desvié de la ruta. Eso se lo adjudico a que pienso que nací sin sentido de orientación y es por eso que cuando hablo de un lugar, señalo para el sentido contrario cuando me preguntan a dónde está. La llegada de mis hijos, aunque inesperada, fue el elemento que me puso la vida para adquirir muchas destrezas que no tenía. Aún así, como mujer, en muchas ocasiones me sentía desenfocada, incompleta y caminando sin rumbo. Afortunadamente encontré un GPS que me trajo de vuelta. Quien me conoce sabe que digo que comencé a vivir nuevamente a mis 30 años, así que hoy se cumple 5 años de haber vuelto a la vida, de haber encontrado mi norte y mi voz.

Es necesario cumplir años, para seguir adquiriendo herramientas que nos ayuden a transitar en este camino llamado vida. Fue doloroso volver a la vida, no todo ha sido color de rosa. Me ha costado lágrimas, personas, dinero (porque como dicen por ahí, los errores se pagan con dinero), noches de insomnio, pero a cambio he encontrado paz, felicidad, seguridad, valentía, o sea que el ROI (return of investment) ha sido positivo.

Ha sido un proceso de muchas enseñanzas y la principal de todas, aprendí sobre la ley del espejo: lo que odio en otros, es lo que odio en mí. Debo señalar que aquí no aplica la falta de sentido común, la irresponsabilidad, ni el victimismo. Así las cosas, aprendí a escuchar y estoy en el proceso de “aceptar un mundo diverso”. Ese mantra lo aprendí el día que me explicaron muchas cosas que se determinan con el día, hora y lugar de nacimiento, como por ejemplo que nací para cambiar el mundo, o al menos mi mundo cercano. Entendí el porque de esa llamado que he sentido a querer ayudar de la manera que lo he deseado. Pero también he aprendido a decir que NO final y firme, cuando no quiero hacer algo o no estoy de acuerdo. Cuando eliminamos lo innecesario, lo necesario nos habla y hacemos espacio para nuevas cosas que nos aporten experiencias. De manera tal que conociendo nuestros no, tengamos claros nuestros sí.
 

Queda camino por recorrer y lo único que deseo es que el tiempo este a mi favor para seguir apasionándome, trabajando en mis inseguridades a ver si elimino esas tormentas de pensamientos que en ocasiones interrumpen mis sueños con la misma intensidad que un terremoto de 6.4, continuar haciendo ese trabajo interno de conciencia, intención y organización. Me queda mucho trabajo por hacer para declararme en paz y aceptación con la maternidad, porque ese es mi mayor reto (ta muy duro bloquear las intenciones de querer y poner expectativas en dos personas a quienes le diste la vida).Que en mi camino me siga encontrando con esas personas mágicas que compartan mi filosofía de vida. La felicidad es un trayecto, no un destino, así que quiero más de esas cosas que me llenan. La vida es muy corta para brillar a medias, o brillar bajo la definición de brillo de otros.


“wat die wêreld wedervaringe”