La Persona del Año

Cuando cursaba el tercer o cuarto grado de escuela elemental ocurrió un suceso que nunca olvido. Mientras todos jugábamos en el patio, un compañero metió su mano bajo mi falda y me agarró las nalgas. La rabia que sentí en ese momento me hizo reaccionar violentamente y tuvieron que quitarme al nene de las manos. Terminamos en la oficina con el Trabajador Social de la escuela. Recuerdo como si fuera ahora, que aun sentada en la oficina, al lado del nene, mantenía mis puños cerrados del coraje y respiraba de manera agitada. El Trabajador Social insistía en que debíamos arreglar y hacer las paces, pedirnos perdón mutuamente por lo ocurrido, que éramos niños y debíamos ser amigos. Me mantuve firme en que no tenía que pedir disculpas, no tenia que se su amiga y que si tenía que “darle como pandereta” de nuevo, lo volvía a hacer. El Trabajador Social utilizó la estrategia de amedrentar con llamar a los padres, lo que no me intimidó en lo absoluto y me mantuve firme. Tenía bien claro que me defendí de un acto de acoso y una falta de respeto. Desde muy pequeña en mi casa me enseñaron a que debía respetar mi cuerpo y que no debía permitir que nadie me hiciera daño. A mi corta edad, ese día, comprendí que a eso se referían mis padres. A medida que fui creciendo, y viviendo en una sociedad como la que vivimos, donde las mujeres somos objetos ante los ojos de los hombres e incluso de otras mujeres también he sabido trazar la línea, levantar la voz y defender mis límites.

Tuve la bendición de tener los padres que tuve, y que ellos entendieran que desde niña ya mi carácter y personalidad estaban formados. Que había cosas que podían moldear y que había otras que no. Para mí siempre fue bien claro distinguir los ‘red flags’ en el approach de las personas. Cuando recibí el primer papelito de un nene pidiéndome el sí y que marcara con una x, le pregunte a mi mama que significaba eso. Luego de explicarme le dije: “ya le dije que sí, y ahora no sé qué hacer”. ¡Es que el nene era lindo y por poner una x en un papel no me estaba poniendo en peligro!

Hoy sentí una emoción tan grande luego de que acabara la controversia por las posibles figuras políticas que eran candidatos a ser la portada de la revista Time. Ellos decidieron que la persona del año son las que se han atrevido a levantar su voz, a las que se cansaron, a las que se ajustaron los pantalones ante el machismo el abuso, la opresión y la represión y alzaron su voz. Porque ya basta de que se justifique el acoso o la violencia. La decisión sobre quien cruza tus límites y quien no la tenemos nosotras mismas. Nadie debe tener el poder de cruzarlos y aun accediendo a que nuestros límites sean cruzados, el día que digamos no, es NO. Porque el caminar sola en la calle, usar escotes, reírse, beber alcohol, el tipo de música, los lugares que frecuentes o la personalidad que tengas no son invitaciones a dejar aflorar las mas bajas pasiones que puedan tener.

Y hoy sentí emoción por la niña que fue violada, por la mujer que fue violada, por la niña que fue manoseada, por la mujer que fue manoseada, por la mujer que recibió un comentario ofensivo, por la mujer que tuvo una propuesta indecente, por todas ellas, por mi sobrina, por las hijas de mis amigas y mis primas, por todas y cada una de las niñas que pueden ser víctimas potenciales del acoso y de la violencia. Porque hoy sé que si ellas tienen acceso a esas historias y si las empoderamos a agarrar al toro por las bolas, las historias que cuenten serán poderosas.

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