Comprende y acepta

Las últimas semanas han sido una montaña rusa de emociones. Hacía mucho tiempo que no tenía esa sensación. Me costó mucho trabajo y tiempo aprender a manejar esas emociones que mantenían mi mente fluctuando (dejo aparte los corajes porque esos me surgen espontáneos). Creo que me enfoqué y me cubrí con una coraza para poder trabajar conmigo y me olvidé de otras cosas que son más importantes. Cuando comencé a compartirle mis escritos y mis pensamientos, lo hice siguiendo una corazonada que me decía que compartiera mis palabras con el mundo y a la misma vez era lo que yo necesitaba aplicar en mi vida en ese momento. Confió demasiado en el poder de la escritura y de unas palabras certeras en el momento preciso. Y sé que he servido de ayuda para muchos. Creo que me enfoque en salvar a los demás, en ayudarlos a sentirse bien, en cargar a los demás con sus situaciones y ponerles las palabras correctas en su camino. Y en ese camino me fui olvidando de mí.

Me fui sugestionando con pensamientos, con ideas, con proyectos profesionales y personales, con miles de cosas para mantener mi mente ocupada. Repitiéndome una y mil veces: “confía en los procesos”, como si me tomara una pastilla de fe diaria. Confiando en que todo lo que pida con fe y en oración se me va a conceder, vi pasar los días, semanas, meses, y ni rastros de algunas cosas. Sentándome en el patio a mirar al cielo y a cuestionar el por que y el para que, de muchas cosas, pidiendo señales para mantenerme firme en mis propósitos. Y cada vez recibía el mismo mensaje: “abraza tu oscuridad”. ¡Y cuando carajo va a haber luz! Porque es humano y normal cansarse, y que la mente se agobie.

Así comprendí que a veces nos alejamos de nosotros mismos porque no queremos enfrentar nuestros matices oscuros. No queremos mirar a los ojos a nuestros miedos y a nuestros desaciertos. No queremos ser humildes y dejar el ego a un lado y decirnos: “¿Sabes que? Por más vueltas que le des, y pidas y pidas, lo que vas a tener es lo que Él quiera.” Si hay alguien a quien le huyo y le viro la cara es a enfrentarme a mí misma. Porque cuando escribo que nos perdonemos y que no nos juzguemos y nos tratemos con amabilidad, lo escribo para mí, porque soy mi peor critica. A veces pienso que no necesito ningún enemigo, ¡si con mi juicio falto de ecuanimidad y acusador es más que suficiente!

Así que di cara y me enfrenté. En mi afán y aventura de ayudar, de escuchar, de compartir, olvide que si algo me levantó de muchas situaciones, fue abrazar mi espiritualidad, y de eso me había alejado. Empecé a recordar las veces que Dios ha tocado en mi puerta últimamente y lo he ignorado. Ha empujado la puerta y he medido fuerzas cuando solo quiere ocupar el lugar que le corresponde en mi vida. En su lugar he colocado series de televisión hasta quedarme dormida, audios que me hagan desconectarme del mundo y solo me lleven a ensimismarme, actividades sociales, interacción con otras personas, en fin, hice todo lo posible por ir sacándole de mi vida y darle solo unas buenas noches o unos buenos días. Recordé todas las veces que Él me ha levantado y que he visto su misericordia y su poder. Entonces pude entender que mi alejamiento fue porque me enoje con El porque las cosas me las da a su tiempo y no al que yo quiero, porque me da lo que necesito y lo que es lo mejor y no me da lo que yo anhelo.

Sentí la necesidad de ir a la iglesia y recibí el bofetón que necesitaba:

  • Necesitas humildad y hacer silencio para que el corazón hable en oración.
  • Aprovecha cada mañana que el Señor te brinda para mejorar tu espiritualidad.
  • Ninguna victoria se logra si no es conforme a su voluntad
  • La única fortaleza que necesitas no es contra el mundo si no para mejorar la vida espiritual
  • Si te dejas sostener, enderezar y guiar, El obra para bien.
  • De nada te sirve orar y arrodillarte con lágrimas en los ojos, si eres hipócrita en tu fe y pides solo lo que te conviene.
  • Aprende a aceptar la voluntad ya sea en forma de bendiciones, pero también en forma de cruces.
  • No te dan cruces que no puedas cargar, y todas tienen un propósito de crecimiento de vida
  • Si tu oración no es frecuente, confiada y dentro de ella no hay gratitud, de nada sirve.

Entonces supe que el día que comprenda y acepte que no es lo que yo quiera, ese día encontrare paz…

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