A Destiempo

amelie

Estando en el trabajo, recibo un mensaje de texto ‘random’ con una invitación para vernos. Al ver el mensaje, dudé. Sabía que reencontrarnos significaba recordar y revivir muchas cosas que había guardado  en el cajón del olvido ‘Anyway’, me armé de valor y acepté la invitación. No tenía nada que perder, era aceptar o tirarme en el mueble de mi casa a cambiar de canal en canal el televisor. En varias ocasiones pensé en cancelarle, pero no encontraba la excusa perfecta. En el camino me relajé y me mentalicé para llegar al lugar, pedir un trago y relajarme durante la espera, porque sabía que la impuntualidad era su mejor cualidad. Varios minutos antes de lo acordado suena el teléfono: “Ya estoy en el lugar. Voy pidiendo una mesa. ¿Qué vas a tomar?” Contesto: “Lo mismo de siempre.” Llegué al lugar, me retoqué el maquillaje y me puse ‘lipstick color afterwork’. Entré, identifiqué la mesa y allí estaba. Después de un corto, pero emotivo abrazo, nos sentamos. Sus primeras palabras fueron: “¡Estás hermosa, como siempre.” Le contesto: íGracias, sí, muchas cosas han cambiado, otras nunca cambian.” Y sonreí porque sé muy bien que mi sonrisa es una de mis mejores armas de escape cuando necesito ocultar lo que en realidad siento y  me moría de ansiedad por el reencuentro.

Lo próximo fue preguntarme que había estado haciendo todo este tiempo. A lo que conteste: “no me quejo, pero cuéntame, ¿cómo te va a ti?”. Sus ojos me decían que muchas cosas habían cambiado y eso me alegraba inmensamente. Había pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos, incluso traté de recordar cuando fue esa última vez. La mesera se acercó con los tragos y nos dijo: “Hacía tiempo que no venían por aquí, que bueno atenderles.” Nuevamente, sonreí. Finalmente comenzó a contarme que había sido de su vida. “Para hablarte con sinceridad y honestidad, como sé que te gusta que te hablen, debo empezar por decirte que la razón por la cual me aleje de ti fue otra persona, una de la que nunca te hablé. Cruzamos miradas hace varios años atrás y desde ese momento esa mirada se grabó en mí. En ese entonces, estaba recuperándome de una mala experiencia y lo menos que quería era complicar las cosas aún más. Varios días en la semana nos cruzábamos y muchas veces estuvimos tan cerca el uno del otro que entablar conversación hubiese sido facilísimo. Mil veces imaginé ese momento, ya sabes que la timidez no es una de mis cualidades, pero algo no me permitía tan siquiera mirarle cuando estábamos cerca. El tiempo siguió pasando, y me conforme con verle a lo lejos y nada más, aunque por dentro el corazón me decía que buscara la manera de acercarme, sin embargo, nunca lo hice. De repente la vida me colocó más cerca que nunca de esta persona. Tan solo verle y saludarle me llenaba de felicidad y de emoción. Poco a poco nos volvimos más cercanos. Finalmente lo supe: me había enamorado, como jamás lo había hecho en mi vida, como le llamas tú en tus escritos, con toda la simpleza del amor. Día tras día, olvidé las reglas, olvidé los frenos, olvidé los miedos y me entregué sin medidas. Basto solo un primer beso para confirmar que desde esa primera vez que me vi en sus ojos, ‘he was the one’. Nunca imagine llegar a sentir todo eso por nadie, jamás, pero lo sentí y ha sido lo más hermoso que me ha sucedido en la vida. Con el paso del tiempo, las cosas se complicaron, en un instante todo se volvió distinto y las risas fueron desplazadas por lágrimas. Mil veces intente que todo volviera a ser como había sido, más nunca lo logre. Comprendí que para querer hacen falta dos y que mi error fue idealizar lo que es un amor real. Me costó trabajo y aun me sigue costando trabajo soltar, porque eso significa dejar ir todo lo que quiero retener. Cuando sentí que mi alma se había hecho pedazos te aleje de mi vida para darle paso a la soledad y a las lágrimas. En ocasiones tuve la necesidad de acercarme a ti, porque sabía que tú ibas a estar ahí, porque quizá tu podías ayudarme a recoger los pedazos. A fin de cuentas, nadie me conoce más que tú. Un día, alguien me pregunto por ti, que donde estabas, que a donde te había dejado, fue ahí que supe que debía buscarte, que mi  corazón estaba roto, pero aún seguía con vida, que en el suelo no me iba a remendar las heridas, así que me levanté, te busqué, te invité a salir y me llené de esperanza de que aceptaras.”

Mientras decía todo esto, no articule una sola palabra, utilice todas las servilletas de la mesa y las que siempre cargo en la cartera, pues no pude contener las lágrimas. Sabía que encontrarme con ella tocaría muchas fibras dentro de mí, y no me equivoque. Luego de un breve silencio fue mi turno para hablar. “No sabes cuánto me alegra que hayas decidido volver a buscarme. Tuve dudas en aceptar la invitación, porque no sabía si en este momento de mi vida en el que intento buscar mi paz por todos los medios habidos y por haber, estaba preparada para reencontrarme contigo y todas las emociones que esto implicaría, pero ya era tiempo de un reencuentro. Ustedes, a veces, me hacen perder la paciencia con sus cosas, aun así las quiero. Luego de todo lo que me dijiste no sabes cuánto te comprendo. Prefiero creer que todas las historias de amor pueden tener un final feliz, que el amor siempre vence, pero no siempre pasa así. Ahora sabes que eres capaz de amar intensamente. Lo amaste y sé que aún lo amas. Lo sé porque sonríes cuando le nombras, muy a pesar de que haya sido la causa de tu tristeza.  Quizá el también sienta lo mismo por ti, pero no era su momento. Así que ese será tu gran amor. El amor nunca se malgasta, aunque no te lo devuelvan en la misma medida que mereces o deseas. Los corazones rotos se curan, pero los protegidos terminan hecho piedra. Ahora te toca empezar a soltar. La vida los unió una vez, quizá los vuelva a unir de nuevo, o quizás no. No culpes al tiempo, culpa al destiempo. Culpa al miedo y culpa a tu  mente que te impidieron que siguieras a tu corazón. A fin de cuentas, en la vida tendremos muchísimas malditas despedidas y así sabemos que los ‘para siempre’ a veces no duran tanto. Y mientras nos quede cerveza, podremos olvidar las penas, ahogarlas o compartirlas”

“Gracias por tus palabras, era lo que necesitaba escuchar después de tanto tiempo.” Comenzamos a recordar anécdotas. Como la vida nos fue cambiando y que destinos fuimos tomando. Y apareció la pregunta que temía: “¿Y tú? Cuéntame de ti” A lo que respondí con la picardía que me caracteriza. “¿Yo? ¡Enamorada de la vida! Luego de hoy, mirare bien a mi alrededor no vaya a ser que se me cruce el amor de mi vida y lo deje pasar y entonces tu historia se repita. Así que me llevare como lema: si el corazón te impulsa a hacerlo, lánzate. No hay nada que perder, perdemos más por miedo a perder. La vida no se puede seguir llenado de preguntas que comiencen con what if?  ¿Qué sentido tiene? Vivimos esperando a que reaccione primero el otro y nos quedamos con mil cosas por decir, por hacer, por sentir y por disfrutar. Estas historias siempre me dan tela para cortar. Entonces me siento a escribir, de ustedes, de mí y de mi mundo ideal. Aún sigo en la busca de mi razón existencial en la vida.” Y le sonreí. “No has cambiado, en nada, solo has madurado y eso te hace aún más encantadora, por eso esa mirada diferente,” me dijo.

Nos despedimos con un largo abrazo, no sin antes prometernos que no íbamos a alejarnos nuevamente. En el camino de regreso a casa repase las veces que he ignorado lo que dicta mi corazón. ¡MUCHAS! Vivimos la vida, censurándonos, reprimiéndonos y evitando decir o sentir. Tenemos miedo a ser juzgados mal, a que las cosas no salgan como las esperamos, pero el único miedo que debemos tener es a no vivir.  Así que procura escuchar lo que dice tu corazón y lo que dice tu conciencia y aunque sea una vez en la vida:

  • Da el primer paso y envía un mensaje, háblale, sonríele o acércate a alguien
  • Hazle un halago a alguien a quien desees hacerlo
  • Háblale a un extraño, si te llama la atención
  • Si ti gusta alguien, díselo, no sabes si el otro siente igual
  • Invita a alguien a salir
  • Envía esa dichosa solicitud de amistad

¿Qué es lo peor que te puede pasar? ¿Que piensen que estás loca o loco? Pero y si de ahí surge algo distinto, algo que te cambie la vida, algo que llene tus días de alegrías, algo que te lleve a vivir lo que nunca has vivido. Que traiga una magia que no sabías que existía. Mientras respiremos y nos queden segundos de vida, debemos vivir. No quiero tener que volver a escribir una historia de amor triste. Quiero escribir muchas historias que comiencen con: “l@ vi y supe que tenía que acercarme, Aunque lo dude, me lance porque el resultado no me importaba.” O algo así, ¡qué sé yo! Creo firmemente que aunque no podemos controlar lo que está escrito para nuestra vida, si podemos ser capaces de crear oportunidades y atraer lo que queremos. Aprendamos de los niños, llegan a un parque y no dudan ni un instante en acercarse al niño que más le llame la atención, y cuantas historias no crean en tan poco tiempo, historias que imaginan o que desean. Ellos se lanzan sin importar el resultado, porque lo que importa es el momento, para ellos un minuto perdido, es un minuto que no vuelve.  Viven por unos minutos un mundo de fantasía, porque la mentira siempre dice más que la verdad. Cada día es una nueva oportunidad de construir nuevos recuerdos y desde hace un tiempo solo quiero guardar los mejores. Luego de esta conversación, si el corazón lo dice, hay que hacerle caso al que manda, después de todo, cuando el deja de latir, acaba nuestra vida.

“Solo aquellos que intenten desafiar los límites de lo imposible, descubrirán que los limites una vez vencidos siempre entregan sueños ilimitados.” (Nahuel Furrer).

 

Hija Fuiste…

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¡Alerta! El verano está a la vuelta de la esquina, las clases están por terminar y, las que somos madres, sabemos que eso significa que los niños están haciendo la misma pregunta todos los días: ¿qué vamos a hacer en verano? Las que trabajamos, nos vemos inclinadas a buscarles opciones, pues ellos necesitan divertirse las 24 horas del día, porque incluso el descanso (dormir las horas necesarias) les parece aburrido. Soy del tipo de mamá que decide que es lo que se va  hacer esos días, sólo muy pocas veces consulto con ellos las actividades a realizar. Así las cosas, cuando mi hijo mayor protesta por lo que harán en sus días libres, le doy la opción de comprarle una caja de botellas de agua y que salga a venderlas para que trabaje, y se gane el dinero para hacer lo que desee, si es que eso le parece más divertido. En esta semana un compañero de trabajo me sugirió decirles que los voy a llevar a una granja a limpiar y trabajar con esos animalitos tan limpios llamados cerdos (ya estoy haciendo ‘search’ de granjas cercas a mi casa por si comienzan las protestas, hay unas que están de lo más chéveres y tienen vacantes. Si les interesa, me escriben y les paso la información).

Soy una mama “peculiar”, pues no encajo en el modelo tradicional de mamá perfecta, ni mamá abnegada. Tampoco lo aspiro. ¡Olvídense de eso!  Admiro enormemente a esas mujeres que han decidido ser madres a tiempo completo, son mis heroínas y si yo fuera San Pedro, las esperaría con pulsera VIP en las puertas del cielo. A mí, un día completo con mis hijos me deja exhausta y necesitando al menos dos semanas de vacaciones urgentes.

Antes de que sigan leyendo quiero darle un mensaje para ciertos tipos de madres:

  • Madres perfectas: Al leer esto no se me escandalicen, me encantan sus imágenes y sus historias hermosas, pero NO ME LAS CREO (y yo sé que dentro de ustedes, tampoco se lo creen). Sé que muchas piensan exactamente igual que yo, pero ante los demás fingen una falsa imagen de madre perfecta porque temen ser juzgadas o mal vistas por la sociedad.
  • Madres que ya criaron: Hagan memoria de aquellos días en donde tus hijos tenían la misma actitud de los encapuchados del Paro Nacional (desobedecer). ¿Lograste tener bonitos recuerdos?
  • Madres de niños modelos: Si tus hijos fueron o son niños modelos, da gracias infinitas y si deseas puedes dejar de leer en estos momentos. ¡A ustedes las envidio y no saben cuánto!

De los mensajes anteriores, ¿sentiste que alguno fue para ti? Si no es así, te voy a ayudar a que encuentres tu clasificación. A continuación te voy a mencionar varios escenarios típicos de cualquier madre:

  • Despiertas un fin de semana y consideras una bendición que aun estén durmiendo
  • Mientras ellos duermen te tomas una taza de café con extrema devoción agradeciéndole a la Vida poder tomarte ese café en armonía
  • Viste la imagen que corría en las redes sociales de unos niños pegados en la pared con tape, y te preguntaste donde se consigue ese tape tan resistente y si resistirá un tiempo razonable como para que te dé tiempo a mapear el piso y esperar a que se seque.
  • Tus hijos practican deportes y al pasar varias semanas corridas de juegos y prácticas  deseas con todas tus fuerzas que su equipo pierda para descansar de los deportes.
  • Te encierras en el baño con audífonos a escuchar música, para ignorar lo que ocurre en la casa.
  • En ocasiones la adrenalina es tanta que los mandas a dormir a las 7:00pm
  • La entrada a tu cuarto está prohibida por ley
  • El baño de tu cuarto es para tu uso exclusivo (y de tu pareja si es que la tienes). Ese es tu escondite. Aunque sabes bien que ni ahí te escapas de esas criaturas, pues cuando estas encerrada, hasta papelitos te pasan bajo de la puerta si no les contestas. Se de algunas que leen mis ‘posts’ de La Simpleza del Amor en esos momentos (no sé si eso me deba hacer sentir halagada)
  • Amas el sonido del silencio que se produce en el día que el momento en que se duermen y sientes que no hay momento más hermoso en el día que ese.
  • Cuando se acercan tus vacaciones, te preparas mentalmente para esos días. A veces consideras tomar vacaciones mientras están en la escuela.
  • En un viaje largo en auto (más de 30 minutos), subes el volumen de la radio porque uno de tus hijos te salió muy platicador. O si la historia te la ha contado más de veinte veces, le interrumpes para completarle su historia. O propones una competencia: el que mayor tiempo dure en silencio, ES EL CAMPEON.
  • Para llevarlos a divertirse, tus lugares favoritos son los que los agotan tanto que llegan a la casa a darse una ducha y dormir (playa, un bosque en el que estén todo el día caminando, un parque de trampolines)
  • Decides apuntarlos en tutorías con la excusa de que no tienes tiempo para estudiar con ellos (dentro de ti sabes que lo que pasa es que hay déficit de paciencia aguda)
  • Cuando te reúnes con tus confidentes pasas una hora quejándote de lo caóticamente hermoso que es ser madre y en ocasiones te desahogas llamándolas o enviándoles algún mensaje.
  • Deseas, aunque sea una vez, tomarte unas vacaciones de al menos una semana, SOLA
  • Escondes dulces, bebidas o cualquier cosa solo para ti (o les haces fiero por desquitarte)
  • Al pedir en algún lugar de comer, preguntas que desean y dicen que nada, pero cuando te traen tu orden te piden que les des un pedazo y no compartes. (Nadie los mandó a decir que no querían nada)
  • En algún lugar público ves a una madre a la que su hijo le da órdenes y ella obedece, y tu reacción es de indignación (Por ejemplo, estas en una tienda y escuchas a un nene a gritos diciendo ME LO TIENES QUE COMPRAR PORQUE SI NO GRITO, y la mama le contesta: (“Nombre de novela que le puso al pobre muchacho), te lo voy a comprar, pero por favor, te pido con mucho amor que te pongas de pie para poder continuar las compras”)
  • Cada vez que barres tu casa o pasas la aspiradora, son muchas las piezas de lego y juguetes que desaparecen.
  • Cuando te preguntan que le pueden regalar a tus hijos les dices que ropa porque ya la que tienen se le está quedando, y sabes que es mentira, la verdad es que no quieres más regueros en tu casa.

 

Si te identificaste con al menos uno de estos puntos, permíteme infórmate, querida amiga, que eres igual que yo. Eso no significa que no amemos con toda nuestra alma a nuestros hijos. Significa que somos madres y somos mujeres. Si eres madre, ¿significa que debes abandonarte? ¿Significa que debes colocarte en último plano? Amo a mis hijos con locura, pero también tengo una vida. Mis hijos son mi responsabilidad y son mi prioridad. Sin embargo, no soy menos importante que ellos. Los hijos son un preciado regalo que la vida nos ha dado. Les dimos la vida, o luchamos por tenerlos en nuestra vida aun cuando no los lleváramos en nuestro vientre y somos capaces de hacer lo que sea por ellos. Los defendemos y luchamos día a día por cubrir sus necesidades. Cuando se enferman, el corazón se nos hace un pasita y deseamos que seamos nosotras las que estemos enfermas. Los que practican deportes, cuando sufren una lesión u otro jugador les hace una lesión, queremos correr a preguntarles si todo está bien. Las que al igual que yo, compartimos fines de semana alternos con sus padres, extrañamos a nuestros hijos inmensamente y a veces entramos a sus cuartos solo para sentir su olor. Celebramos con orgullo cada uno de sus triunfos y sufrimos más que ellos sus fracasos. Hay madres que sufren ese nido vacío todos los días de su vida porque ya sus hijos no viven en el hogar. Hay madres que soportan y permanecen en un matrimonio sólo por sus hijos, hay madres que asumen la crianza de sus hijos solas, hay madres que se prostituyen por sus hijos, hay madres que se dedican en cuerpo y alma a sus hijos, así que no hay una modelo específico de madre. Siéntete orgullosa del papel que juegas. La sociedad tiene una percepción errónea de la maternidad. A fin de cuentas no hay palabras o mirada más hermosa que una que diga “Mami te amo”. Que aunque te lo digan en momentos en que quieres salir corriendo, te derriten de amor y te recuerdan aquel dicho que de niña escuchaste infinidad de veces: “Hija fuiste, madre serás. Según lo hiciste, así te harán”. Mami: ¡Carajo, cuánta razón tenías!