Al Sonar la Alarma

¿Qué es lo primero que haces al despertar? Muchos revisan el móvil en busca de algún mensaje que le arranque una sonrisa. Otros se ‘loguean’ en las redes sociales para revisar el ‘timeline’ a ver qué hay de nuevo entre sus amistades o en la vida de los demás. Otros miran hacia el otro lado de la cama y besan y abrazan a la persona a su lado (mientras que otros lloran por no poder hacerlo).  Otros dan gracias por otro día más de vida, mientras que otros desearían no haber despertado. Y están los que solo despiertan. Luego de varias o pocas horas de sueño reparador, cada persona tiene su rutina para despertar. No importa la manera en que despiertes, lo importante es que la vida te regaló un día más de vida. La realidad es que cada nuevo día, es una nueva oportunidad para cada persona. 

Ningún día es igual al anterior, quien piense eso está equivocado. No vemos las mismas personas, no escuchamos los mismos sonidos, ningún amanecer o atardecer es igual al anterior. Tenemos oportunidades distintas cada nuevo día. Si analizamos bien hay muchas cosas que hacemos distintas. Por ejemplo, lo que comemos, las personas con las que nos topamos en la calle, la ropa que nos ponemos (aunque hay quien repite incluso la ropa interior, pero el tema de la simpleza del amor a la higiene personal es en otro artículo, no en este), es más, hasta el pelo amanece distinto todos los días. 

Cuando éramos pequeñitos y abríamos los ojos porque ya había salido el sol (no era mi caso, porque amo dormir), significaba el comienzo duna nueva aventura. ¿Conoceré a alguien nuevo hoy? ¿A qué jugaremos hoy? ¿Qué mami o papi harán de desayuno? (yo rogaba porque no fuera avena)  Y despertábamos con la energía suficiente como para repartirle a  las miles de personas que viven en el mundo sin ganas de hacer nada y esperando que los demás hagan por ellos. Siempre buscando la oportunidad de conocer, de crecer, de descubrir. ¿A dónde quedó ese espíritu? ¿Lo perdiste?

En cada amanecer vemos dibujada la esperanza de una nueva oportunidad para:

Mejorar esos aspectos de tu vida que no te permiten ser una mejor persona contigo y con los demás.

Enmendar los errores que pudiste haber cometido, o al menos intentar enmendarlos con tus acciones y no simplemente pidiendo disculpas. Ese intento debe estar lleno de sinceridad y de un deseo real por lograr ese perdón tan anhelado, pero tambien hay que tener en mente que no hay manera de borrar los errores cometidos.

Enfrentar tus miedos, tus fracasos, tus desaciertos y mirarlos a la cara y decirles ya tú no me detienes, ya te gané la pelea.

Intentar algo nuevo, algo que siempre has querido hacer, pero has buscado miles de excusas y has saboteado desde tu mente cada motivación que has tenido. ¿Por qué no te animas a tomar esas clases de dibujo, de cocina, ese negocio, ese hobby, decirle a alguien lo que significa para ti, darle una sorpresa a alguien, eso que hace mucho quieres hacer y no te has armado de valor? Hacía mucho que tenía la inquietud y la necesidad de escribir, y finalmente me decidí a hacerlo. No solo me lancé si no que en el proceso he logrado exteriorizar muchisimas cosas que con palabras habladas no se me da hacerlo. Ha sido una gran terapia y una enorme satisfacción. A demás, intentar algo que uno desea te llena de motivación a desarrollar otros aspectos en la vida.

Darle la oportunidad a personas que pueden ser diferentes a ti, o pueden ser iguales a ti, pero no les permites que se te acerquen. Cada persona que llega a nuestra vida tiene un propósito y debemos incluir más personas en vez de excluir (solo a las personas tóxicas y que nos drenan debemos excluirlas)

Salir de tu zona de confort  y dejar de esperar que todo lo que suceda en tu vida venga de afuera, venga porque alguien te lo dio. Lánzate a hacer cosas por ti mismo, aunque no sepas cómo, tampoco naciste sabiendo caminar, ni hablar. Una vez intente cambiar algo del inodoro, el sapo creo que se llama, y terminé con la casa inundada y con umaa fuente en el baño, pero al menos lo intenté. También tengo unos cuadros virados en la casa, pero lo hice yo, y para mí eso es lo que importa, al que no le guste como estan que vaya y me los arregle.

Dejar que te sorprendan y disfrutar el momento. A veces, estamos tan acostumbrado a lograr las cosas por nuestros propios méritos que huimos de momentos que pudiéramos disfrutar tanto, si tan solo derrumbáramos esa actitud inaccesible que impide que otros intenten hacernos feliz por un instante.

Aceptar que hay situaciones en la vida que no podemos controlar y que hay que aprender a fluir. Que no podemos obligarnos a hacer o sentir lo que no queremos. Para sentirnos satisfechos y plenos con algo que hagamos, debemos realmente desearlo con todas nuestras fuerzas

Dejarnos ayudar en cosas o situaciones por más insignificantes que sean. Esta es una oportunidad que requiere mucho para que ocurra, requiere dejar ego, orgullo, el creerse capaz de todo, y muchísimas cosas más a un lado y simplemente dejarnos ayudar. Siempre será más fácil ayudar a los demás que aceptar que necesitamos ayuda. Significaría dejar de complicarnos la vida, tener menos stress y la satisfacción de saber que tienes personas con quienes contar (así sea para algún trabajo investigativo).

Aprender a amarnos tal y como somos. Nuestro peso, nuestro cuerpo (plano o voluptuoso), nuestro pelo, nuestra nariz, todo nuestro ser. Empezar a darle amor a nuestro cuerpo que es el que paga las consecuencias de todos nuestros actos, es el que guarda la memoria de nuestros errores y de nuestros aciertos, y se merece al un poco de comprensión y mimos al menos unos minutos a la semana. Esto no nos cuesta casi nada, tan solo una caminata, un baño, un masaje, ejercicios, amarnos, solo amarnos.

Ayudar a otros siempre nos hará sentir útiles, necesarios y que satisfacción tan grande te deja al final. Un gtacias por poder contar contigo, gracias por ser, gracias por estar, gracias porque siempre me entiendes, jamás sustituirá ningún gracias por lo que me compraste ni nada referente  lo material. Lo que damos desde la simpleza del amor que nace en lo mas profundo de nuestro corazón se nos recompensa en múltiples bendiciones, debemos aprender a contarlas.

Podríamos ver tantos cambios en nosotros y en los que nos rodean si empezáramos a darnos estas oportunidades. Y también compensarnos de vez en cuando con lo que nos gusta (5 pedazos de pizza, un pote de Nutella, una alcapurria, una botella de vino, bueno no, mejor una copa de vino). Nos merecemos vivir la vida y en el proceso de la vida crecer y madurar. Madurar como queremos madurar y de la manera que queremos, no como otros quieran que maduremos. Es nuestra vida, son nuestras oportunidades y somos nosotros quienes decidimos cuales tomamos y cuáles no. Al sonar la alarma propongamonos crear oportunidades, propongamonos ser y hacer felices a los demás.