De visita en casa de los abuelos

abuelos

Conversando con una amiga, de esas con las que el 95% de las conversaciones están muy lejos de la seriedad, salió a relucir que la única abuelita que le queda viva cumplió recientemente 80 años. Me decía: “Mientras más nos adelantamos en la vida, a ellos les queda menos… es como si yo le quitara un año de vida a mi mama y a mi abuela.” Esto me llevo a recordar el poco tiempo que pude tener a mis abuelos. ¡Cómo desearía tenerlos vivos aunque sea un día más! Añoro esos fines de semana donde se reunía casi toda la familia. Una familia inmensa, porque tuve la bendición de contar con una familia paterna y materna numerosa. El saber que algunos (como esa amiga y una de mis primas, que su abuela paterna tiene 95 años) tienen a sus abuelos aún vivos, me provoca envidia, pero envidia de la buena. Esa ternura y esos recuerdos que atesoramos quedarán siempre guardados en las memorias más hermosas de nuestras vidas. Ese sentimiento de  ternura y nostalgia es un puro reflejo de la simpleza del amor, esa faceta inocente e inquebrantable del amor, el amor familiar,  que nada ni nadie puede dañar.

De visita en casa de mis abuelos aprendí  lo que es la vida en el campo. Sé lo que es ordeñar una vaca (a Mariposa, porque esa vaca tenia nombre) para luego hacer queso de hoja o dulce de leche, sé lo que es correr descalza por las piedras o encima de los “moriviví”, sé lo que picaban las “pringamozas (jamás logré identificar cual hoja era, nunca supe si ese era su verdadero nombre, lo único que supe es que picaba DEMASIADO), sé lo que es bajar por una ‘jalda’ hasta llegar a una quebrada para solo llenar un vaso de agua con renacuajos, se lo que es jugar baloncesto con un canasto hecho de una canasta de galones de leche, entre muchas cosas más. A demás conocí que tan mal me podía ir por “accidentalmente” mover la antena del televisor cuando tu abuelo veía la ‘lucha libre’. Todavía retumba en mis oídos un “puñeta mundo” o un “me cago en los diez demonios” de mi abuelo mientras yo, escondida, no podía parar de reírme al verlo y escucharlo pelear hasta que Carlitos Colon volviera a aparecer en la pantalla del televisor. Arruinar (y que descubrieran que lo hiciste a propósito) esos combates tan sangrientos, que eran como una religión para nuestros abuelos, era motivo de un ‘cocotazo’ seguro.  También conocí que los fanáticos más fieles que podía tener un  político eran los abuelos y que hablarles mal de Luis Muñoz Marín o de Luis A. Ferré, era poner tu vida en riesgo. Pedí perdón mil veces a mi abuelo en el cielo cuando me mude a su casa y quite la foto de Muñoz Marín de la entrada del balcón, espero que me haya perdonado .Ni hablar de que te pusieras a jugar en voz alta mientras por radio transmitían el programa de Ojeda.

En esas visitas también realizábamos trabajo cooperativo y desarrollábamos cierto grado de delincuencia infantil “robando” de las neveras. Solíamos tener una “Casa Club”o “El Bosquecito” donde las primas nos sentábamos en el pasto a comer dulces hasta empalagarnos y también celebrábamos los cumpleaños de nuestras muñecas  “Cabbage Patch” con los bizcochos robados de la nevera de una de mis tías. Eso hacíamos las nenas, mientras que los nenes, por otro lado, desarrollaban sus destrezas para la lucha libre, peleando unos con otros. Eran combates amistosos donde, contrario a la televisión, no habían patadas voladoras, ni frentes sangrientas, ni sillazos. Era crucial mantener esa ley de ‘los nenes con los nenes y las nenas con las nenas”, porque a decir verdad y aunque a veces me aburría de jugar a las muñecas, pasar cerca de mis primos me hacía arrepentirme una y mil veces de no estar jugando a las muñecas.  Ahí conocí lo que es el “bullying” a un peinado. Recuerdo como ahora una Despedida de Año donde llegué con un espectacular peinado, hecho por ‘Karen’( una de las encargadas de mi arreglo personal para mantener mi coquetería intacta), de un bombacho en la parte de atrás, con dos busca novios en el área de las patillas y dos en la nuca y la pollina en una monumental ola. Mis primos toda la noche la pasaron tratando de tumbarme la ola (la cual no había huracán que tumbara de tanto spray Final Net que tenía), pero luego de ese día, jamás use una ola en la pollina…

Vivo eternamente agradecida por todo lo que mis padres me dieron, pero sobre todo por enseñarme el sentido de la humildad ante todo. Gracias a Dios puedo decir, con muchísimo orgullo, que sé lo que es usar ropa y zapatos  que ya no les servían a mis primas y otras  también utilizar la que ya no me servía. Y es que uno de los valores más importantes que aprendí de visita en casa de mis abuelos, fue a ser humilde de corazón, a compartir y a aprender que dentro de una familia todos son dueños de las cosas, que no hay nada de nadie y que las cosas son de quien las necesite.  Esto aplicaba a ropa, zapatos y a cualquier objeto que no quisieras prestar, se aprendía a que tenías que compartir, así no quisieras, hasta las mascotas se compartían. Y fue por esos días, que unas primas tenían un monito muy hermoso de mascota, pero lo más hermoso que recuerdo es lo DURO que halaba el pelo, creo q solo jugué una vez con él y fue suficiente…

Las mejores anécdotas y travesuras las viví de visita en casa de mis abuelos. Cada fin de semana era una aventura distinta rodeada de risas interminables e innumerables historias para contar. Aunque a veces también la risa se pasmaba cuando te amenazaban con que iban a llamar a un vecino viejito del barrio que si bien luego supe que el ‘cuco’ no existe, al menos el primo del ‘cuco’ si existía. El recordar estas historias trae cierta nostalgia, ya que una vez nuestros abuelos van faltando, cada uno se va alejando hasta el punto que los encuentros y reuniones son cada vez más esporádicas. Pero esos valores que nos enseñaron quedan intactos a pesar de la distancia, ellos fueron el ejemplo más claro de que el  amor familiar traspasa cualquier problema. Cada vez que escucho la canción “Amor y Control” de Ruben Blades, a pesar de que no soy fan de la salsa, se me forma ‘un taco’ en la garganta, porque a mi memoria llegan esos recuerdos del sacrificio con el que mis abuelos lucharon por cuidar y proteger a su familia, porque esa familia se mantuviera unida, ayudándose unos a otros.

Sé que en el cielo ellos deben sentirse orgullosos de que sus enseñanzas no fueron en vano, que aunque no nos veamos a menudo, en los momentos difíciles, desde la distancia estamos mano a mano (aunque sea a través de un teléfono o una computadora) apoyándonos. Esto es algo que también le quiero dejar a mis hijos, enseñarles que aunque hoy día las familias son cada vez más pequeñas, y los niños crecen en diferentes modelos de familia, lo más importante es enseñarles que una familia se debe forjar con muchísimo amor. No importa cuán diferentes seamos, no importan los ideales, las costumbres, las preferencias, solo importa que somos una  familia y eso es un lazo sanguíneo que nada ni nadie puede romper. Y eso se lo dejamos ver  llevándolos de visita en casa de los abuelos…

2 comments

  1. Lizmarie · March 23, 2016

    Ok. ¡Siento q te mato!
    Realmente pienso y añoro constantemente todos los momentos q mencionas y más. Saber q papi sigue viendo la lucha libre, obviamente me hace recordar a abuelo. Pero más aún saber que a Shadniel (su nieto) tambièn la ve, me da melancolía pq recuerdo q era casi compulsorio ver la lucha libre con abuelo. Cada despedida de año, recuerdo felizmente q en la casa de abuelo pasé las mejores despedidas de toda mi vida. Que todos bailaramos la canción que es de un montón de nacionalidades con sus respectivos bailes, me acongoja el corazón 😢. Siento q se nos fueron muy rápido y que si algún día tengo hijos, no van a vivir la misma experiencia q nosostras pudimos vivir. Te adoro y quiero millones aún en la distancia. Besos a toditos! 😘

    Like

  2. Lilly · March 26, 2016

    Me encanto ,me hiciste volver a mis hermosos años de infancia donde ir para la casa de los abuelos era el mejor fin de semana las mejores vacaciones que pudiera soñar o y estar en los rosarios que hacia mami tepe y papi elviro todas las noches donde se tenia que sentar desde el mas grande hasta el mas chiquito y mami tepe mandaba un padre nuestros a cada muerto del barrio y a cada vivo eran rosario de 2 horas incluñendo la tapa de la olla que se caia pk mami tepe se dormia . El amor a la familia es el mejor legado que podemos enseñarles a nuestros niños . Te felicito mi amor porque tu belleza interior es igual o mas hermosa de lo que eres fisicamente.

    Like

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s