Esos Amores de la Infancia

Este fin de semana en todos los rincones de La Isla del Encanto (porque amo mi islita y para mi es ENCANTADORA) pudimos ver como un país en crisis económica se desbordaba comprando sendos detalles para obsequiar a alguna persona importante (o no tan importante) en su vida. Globos, chocolates, peluches, arreglos florales (o rosas de semáforo), bolsitas de Pandora, perfumes, etc, se paseaban por las calles de los pueblos, centros comerciales y en las miles de mesitas en las carreteras. Personalmente prefiero buenos momentos, esos que siempre quedarán grabados en la memoria, esos que te hacen suspirar y sonreír aunque hayan pasado los años, los meses, los días o las horas. Pero esa soy yo, hay quien le encanta toda esa chulería (aunque por dentro le dé bochornito andar con un enorme arreglo con flores, peluche y globo gigante) y hay quienes hacen su agosto con esta fecha.  Entonces, observando todo eso, a mi mente llegaron esos recuerdos de la infancia, esos días de escuela elemental donde se descubren los primeros amigos y los primeros amores, esos amores de la infancia que quedan en tu mente como los recuerdos más puros y simples de la vida, esos años en los que descubres la simpleza del amor.

Estaría en kínder (sí en kínder. Todos tuvimos un novio o novia en kinder…, o no?) Y fue ahí donde conocí a mi primer amor: Gordito Pecas (nombre ficticio para proteger su identidad… siempre había querido escribir este “statement). La emoción cada mañana de ver su carita pecosa entrando por la puerta del salón (eso cuando yo llegaba temprano, porque desde que tengo uso de razón mi mamá nos llevaba ‘como puerco robao’ todos los días a la escuela y casi, por no decir todos, los días llegaba tarde). Con ese primer amor también vino la primera decepción, cuando en el desfile de graduación él no sería mi pareja (ese estado de ánimo quedó plasmado en la trompa de mal humor con la que posé en cada una de las fotos del desfile, no solo porque no desfilaba con mi pecosito, si no por las veces que mi mamá me espetó las hebillas en la cabeza para aguantar la pamela que tenía en la cabeza). Pero no todo fue tragedia ese día, tuve un premio de consolación, cuando en el espectáculo artístico de la graduación Gordito Pecas fue mi parejo de baile y no fue cualquier baile si no ese memorable “Tiempo de Vals” de Chayanne. ¡Que momento tan inolvidable!

Este primer amor se convertiría en el rival de amores de mi novio de Primer Grado: El Príncipe. Y fue en este grado y el próximo donde el día de San Valentín era un día muy esperado por mí (imagínense: dos nenes me iban a regalar, bueno en realidad su mamás que eran unas alcahuetas) y yo de los más contenta (enseñando con orgullo mi melleta con una sonrisa de lado a lado por todo el pueblo de Morovis) con mis regalitos y las espectaculares tarjetitas plásticas de las que pedías por numeritos en las farmacias del pueblo. Era épico llegar al trabajo de mi mamá en el Departamento de la Familia (mejor conocido como ‘Los Cupones”) y recibir los ‘Wiiiiiiiiiii’ de los compañeros de trabajo (ahora eso sería bullying y maltrato de menores, etc). Era la nena más feliz del salón y lo bueno de esos días es que todos esos regalitos no te costaban más que solo decir: “ya tengo mi novio, yo le di el sí”. Y es que estas eran las proposiciones más románticas (ningún video de los que diariamente vemos en las redes sociales supera esas proposiciones) cuando de repente te llegaba un papelito a tu pupitre que leía (no necesariamente con la ortografía correcta, que ya para entonces para mí era importante  gracias a las dos excelentes maestras que tuve hasta ese momento, miss Martínez y miss de Jesús) ¿Me das el Sí? Si___ o No__ (marca con una X). Y ahí uno se enfrentaba a unas decisiones sumamente importantes (ese sería tu novio… al que nunca ibas a hablarle, porque te daba bochornito, pero a los demás nenes si, a ese no porque ese era tu novio) que marcaría el destino de tu vida (exagerado, pero cada uno de estos momentos era crucial y no lo nieguen).

Y volviendo a mi amor de primer grado, este se convirtió en mi príncipe azul y yo en su Blanca Nieves (aunque ni él era rubio de ojos claros ni yo jincha de pelo negro), pero fuimos los seleccionados para ser Blanca Nieves y el Príncipe en nuestra graduación de Primer Grado (porque pertenezco a la agraciada generación donde la escuela pública hacía graduaciones de Pre-kinder, kinder, primero… ahora valoro tanto el sacrificio de mis padres con tantos gastos en una hija que siempre quería el papel protagónico en cada actividad). Este novio de primero creo q me duró unos añitos, y la rivalidad con mi novio de kinder duró también varios años, hasta que tuvieron que cambiar a uno de los dos del salón. Y yo, mientras tanto, recibiendo regalitos de los dos.

¡Qué bueno era de repente recibir una tarjetita, o un marcador para mis libros (porque desde que aprendí  a leer descubrí que la lectura iba a ser una de mis mayores pasiones), o un dulcecito! Y es aquí, en estos primeros años, en los que se ha probado científicamente que se desarrolla la personalidad e identidad de las personas, donde conocí la simpleza del amor y ahora comprendo que desde ese entonces sería una mujer que viviría eternamente enamorada de la vida…